<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526</id><updated>2012-01-10T05:42:13.161-03:00</updated><title type='text'>Otoño perdido</title><subtitle type='html'>estás por dejarte, por olvidarte de vos, por meter la cabeza en otro mundo. Vení, pasá y cerrá la puerta cuando entres, te estába esperando...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>14</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-116301530799417211</id><published>2006-11-08T16:48:00.000-03:00</published><updated>2006-11-08T16:48:28.166-03:00</updated><title type='text'>Leé esto antes</title><content type='html'>Tranquilidad antes que nada, estás por leer la primera novela de Franco Giraldes, sí, la primer novela... bueno, vos, lector, ya sabrás cómo leer una novela y todo, así que seguro no necesitarás mayores consejos y qué cosa menos escuchada que un consejo, nadie les hace caso nunca, uno siempre hace lo que de todas formas iba a hacer... así que no, no hay consejos... pero si órdenes... Sí, uno sabe como hacer caso a una orden y las necesita, uno se da ordenes a sí mismo y también hace caso, a veces, a las órdenes que le dan. Acá van:&lt;br /&gt;Primero, no dejes un capítulo por la mitad, terminalo y seguí tu vida y después arrancá por el que le sigue.&lt;br /&gt;segundo: no esperes nada de nada, solamente leé y dejá flotar la imaginación&lt;br /&gt;tercero: no te adelantes, no leas los capítulos avanzados sin leer los que estaban antes según el orden...&lt;br /&gt; Bien, esas son mis simples órdenes, espero que no te pesen, oh lector incansable!, y que tu pasada por este blog sea beata igual que los comentarios que por ninguna razón vas a dejar de escribir debajo de cada capítulo que vayas leyendo,  sí, debajo de cada uno que leas,   eso.&lt;br /&gt;Sin más, bienvenido a este mundo propuesto...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-116301530799417211?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/116301530799417211/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=116301530799417211' title='22 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/116301530799417211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/116301530799417211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/11/le-esto-antes.html' title='Leé esto antes'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115334009887061778</id><published>2006-07-19T17:14:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:35:01.100-03:00</updated><title type='text'>Diciembre</title><content type='html'>Miles de pensamientos se peleaban en mi cabeza, unos contra otros, no querían ceder, inquietudes se batían a duelo contra inseguridades usando recuerdos de escudo y fundiéndose en nuevas conclusiones. La última del momento, mi vida, lo que había sido, lo que era: un simple desperdicio, nada, algo de poco valor, no tenía nada que me identificara. Todo lo bueno se me había escapado de los dedos como un puñado de arena, y ahora estaba vacío. Antes era profesor particular, sí, antes, cuando me parecía a cualquiera de esas personas que caminan por la calle sabiendo lo que tienen que hacer pero no por qué lo tienen que hacer, o si realmente lo quieren hacer. Sí, como un zombi me manejaba antes, y al menos podía agarrarme de eso. “Qué, ¿si trabajo?... sí, doy clases en un instituto y estudio en la facultad” Sí, antes… era tan seguro a la hora de comunicarme con otros y responder preguntas… No estaba mejor parado, pero al menos podía llegar a creer que sí, que estaba bien, que más o menos estaba como todos.&lt;br /&gt;Y esas conclusiones seguían cayendo, por qué, cómo fue que me pasó, quién me dio la idea, lo habré hecho a propósito. Qué raro, si yo estaba bien, estaba para la mierda, pero al menos podía decir que estaba bien… y ahora… nada, en pelotas.&lt;br /&gt;Y por casualidad me despabilaba y resulta que me había quedado parado como media hora en una esquina y no me acordaba a dónde era que iba. Qué raro, empezaba de nuevo… a dónde mierda iba, por qué me pasan estas cosas… y seguía. ¡Basta!... Pensaba haciendo fuerza, no me salía, no me importaba a dónde iba, lo importante era lo otro, lo que me preocupaba de verdad, pero no, había que dejarlo ir, ya estaba bien, punto final.&lt;br /&gt;Seguí caminando y descubrí que iba a lo de Rama, mi gran amigo. Pero lo que me movía no era el deseo de verlo, había salido para pensar y era lo que estaba haciendo. Cuantas cosas de más me habían pasado, no lo podía soltar, era un pensador reflexionando miles de cosas a la vez, no podía parar, no me importaba, quería entender, entender cómo fue que había sido capaz de soltarme tanto de todo como para quedar así. No me acordaba del momento de decir: “bueno, hasta acá llegué, se van todos al carajo”. No me acordaba porque seguro no lo había dicho, era bastante grave el asunto.&lt;br /&gt;Pero no era todo, no vivía así, esos eran momentos de la tarde en los que me ponía demasiado reflexivo y no me duraba poco, pero después de un rato se me pasaba. El problema era que se juntaban pensamientos de huida a todos los que ya desde antes me acosaban.&lt;br /&gt;La nueva respuesta a todos los problemas que aparecían en mi cabeza era irme a la mierda y no volver más. Sí, hacía mucho ya que estaba mejor y ya hasta tenía plata bien guardada, techo seguro y una salud que al menos físicamente no me daba problemas. La huida. Me quería rajar a la mierda sin importar a dónde, un micro y al carajo. Ya estábamos en diciembre y era el momento justo… como las vacaciones pero… ¿iba a volver? Eso era lo que me pinchaba.&lt;br /&gt;Toqué timbre y me atendió Rama, subí los cuatro pisos y me reencontré con el departamento de Rama en diciembre, no era poco. En ese departamentito debía haber unas dieciocho personas de las cuales unas nueve sabían tocar algún instrumento y las demás estaban como locas, charlando, fumando, disfrutando, olvidando. Cuatro amplificadores sonando y los vecinos que explotaban de la rabia no le importaban a nadie.&lt;br /&gt;A las cinco habré llegado y ya eran las nueve y la cosa seguía exactamente igual, seguían tomando sin parar, saliendo a comprar más cerveza, los músicos seguían tocando al mango, el jazz y el rock mandaban y todos a la orden chupando y fumando todo tipo de cosas en el suelo, sobre almohadones y en la mesa, unos llegaban y se integraban en un segundo a conversaciones que no tenían ningún sentido y el viernes se iba, o llegaba… Ya estaba algo aturdido por el alcohol y la noche ni se había presentado y el grupo todavía no se movía, pero ya se iban a levantar.&lt;br /&gt;A Rama y a los músicos entre los que estaba Paenza, otro de mis grandes amigos, les pagaban noventa pesos la noche a cada uno por tocar en dos bares distintos. En uno tocaban Jazz y en el otro Tango, así que el grupo, por lo general, iba a esos dos bares que eran bastante amigables con la gente de nuestras características y así se pasaban los viernes a la noche. Bastante envidiable era lo de Rama, Paenza y los demás de la banda.&lt;br /&gt;Otro de mis grandes amigos era Maro, un gran comedor de morcipanes, temor de bondiolas y asados y sin dudas un viajero recibido con años de experiencia que se había ido a Europa por cuatro meses y todavía no volvía. Yo le había prometido una fiesta de despedida, ya fuera por su partida o por la mía. La fiesta no se había hecho, pero no faltaban las personas que insistieran. El problema era mi casa. Me daba miedo volver a mi casa, molestar a los vecinos y que viniera la policía, lo mejor era alejarme lo más posible de la policía y lograr que todo se olvidara.&lt;br /&gt;El viernes se fue como se iba siempre, dejando en la orilla a un grupo bastante grande de naufragados, coleteando como peces fuera del mar, tratando de arrimarse a alguna cama para volver a respirar. Yo llegué tranquilo con el Fraga a su casa y me quedé dormido después de que él se comiera una salchicha cruda y se tomara un vaso de leche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que si todos los días fuera navidad los que no se vuelven locos se suicidan. Día raro, cargado de miles de expectativas creadas por carteles y propagandas de amor y hermandad, de duendecitos felices mezclando el espíritu navideño con el día de pascuas y el uso de drogas pesadas… y la sorpresa de una noche que ya se sabe no va a ser nada del otro mundo.&lt;br /&gt;Estaba solo, Rama también, decidimos pasarla entre amigos, él y yo. Charlas navideñas, tango, picadas y algún fasito. Preparamos una gran picada y resulta que a la hora de comerla ya habíamos estado picando tanto que ninguno tenía hambre, clásico, así que nos limitamos a hablar y a tomar birra. Ya habíamos fumado y a mí, por lo menos, me cierra la panza, claro que después me agarra un hambre voraz.&lt;br /&gt;La cuestión que entre petardos y cañitas voladoras me puse a pensar como loco en el balcón y llegué a la conclusión de que me tenía que ir a la mierda. Si volvía o no ya no importaba, después se vería, pero tenía que rajar. El sur no era mala idea, pero demasiado caro y demasiado careta, mejor era arrancar para el norte o para Misiones. La otra era Brasil, pero me dejaba muchas dudas el idioma. Ahora, si llegaba a aprenderlo antes de morirme de hambre iba a ser una experiencia muy gruesa.&lt;br /&gt;-Seguís pensando en el otoño Sancho.&lt;br /&gt;-No, pensaba en mi destino. A dónde voy a ir ahora cuando todos se vayan de vacaciones.&lt;br /&gt;-¿Y Perú?&lt;br /&gt;-La de Perú es muy buena, pero hay que llegar antes de gastarse una fortuna, primero tendría que pasar por Bolivia.&lt;br /&gt;-Y, sería bueno, un viaje de otro mundo.&lt;br /&gt;-Sí, pero no sé. Me gustaría estar un largo tiempo.&lt;br /&gt;-Y guita tenés?&lt;br /&gt;-No para estar un largo tiempo.&lt;br /&gt;-Y bue, ya verás que hacer. Che… hoy a la noche qué hacemos. Yo estoy medio fisurado pero podríamos arrancar, ¿no? A vos qué te parece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Navidad. Se fue en un bar mugriento de San Telmo, lleno de gente borracha, sola, angustiada, un montón de personajes de la noche abrumados por el incontenible sentimiento de frustración navideña, la melancolía de fin de año, la época justa para poder pensar en paz y darse cuenta de que se pasa volando la vida y lo peor… que uno ni se da cuenta. Y en las caras del fin de la noche me di cuenta que se había ido otro año, o que se estaba por ir.&lt;br /&gt;La cuestión que de San Telmo había que llegar hasta Barrio Norte sin un mango y caminando despacio. Se tardó, pero cuando vimos la llegada fue tan emocionante que valió la pena tanta caminata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El veintiséis lo pasamos en Villurca o Villa Urquiza, con la muchachada. Cuando llegamos a ese pub “La Casona” nos recibió la gente del gran Paenza con un auténtico quilombo de borrachos. Pegándole a las mesas, gritando. La gente del lugar ya no quería saber más nada, estaban bastante cansados y lo mostraban poniendo lindas caras de orto. Y el problema no tardó en llegar…&lt;br /&gt;Ya estábamos todos bastante entonados, ubicados cada uno cerca de alguna que otra muchachita, lindas, feas, era de poca importancia porque era obvio que de ahí no íbamos a salir caminando como si nada, más bien como arrastrándonos, así que era puro glamur el estar coqueteando con alguna que otra muchachita. La cuestión es que cuando vuelve Paenza del baño se sienta blanco en la silla y no dice nada.&lt;br /&gt;-Qué te pasa que estás tan calladito, che.&lt;br /&gt;-Para Sancho, no me jodas que el patovica, ese hijo de puta que está ahí, me quiere rajar y no sé si se va a animar o no. Espero que no.&lt;br /&gt;-¿Pero qué hiciste?&lt;br /&gt;-Nada.&lt;br /&gt;-Dale contá.-Las chicas insistían y yo ya había sacado el tema.&lt;br /&gt;-Bueno, resulta que en el baño de hombres hay dos inodoros y un lavabo en el medio. Y los dos inodoros estaban ocupados. Así me puse a mear en el lavabo y justo se metió el patova y me quiso sacar a la mierda. Yo le dije que agarraba todo y me iba, pero no se qué mierda hacer.&lt;br /&gt;-Meando en el lavabo, ¡qué asco nene!&lt;br /&gt;-Qué te pasa pendeja, si es lo mismo, abrís la canilla y se va todo.&lt;br /&gt;-Sí, eso si no measte toda la canilla como un meón de lavabos que sos.&lt;br /&gt;-Dale, Sancho de mierda, haceme quedar mal con las chicas que acabamos de conocer. ¡Dale así piensan que soy un groncho!&lt;br /&gt;-¿Un groncho? ¿Qué es esa palabra?&lt;br /&gt;-Groncho, papá. No la escuchaste nunca: Groncho, esto es una gronchada, qué groncho que sos. Qué te pasa GRONCHO.&lt;br /&gt;-Sí, está bien, hace mucho no se la escuchaba decir a nadie, es que me parece que la usan los gronchos.&lt;br /&gt;-Qué te pasa groncho.&lt;br /&gt;-Hay chicos paren, no sean gronchos.&lt;br /&gt;Bueno, la cosa es que en medio del disparate de gronchos y gronchada se arrimó el gordo vestido de cuero para sacarlo al Paenza y ahí nomás les avisamos a todos que lo querían rajar al pibe. Se pararon todos y empezaron a agitar las aguas, decían que si se iba uno se iban todos y que si querían echar a todos “que se vengan todos los putos”. Eso era justo lo que les gritaba el más grandote y feo de los de Villa Urquiza: El gordo Keto. “Dale loco, nos quieren rajar, dale, que se vengan todos los putos que los cagamos a piñas.”&lt;br /&gt;El hombre era bastante agresivo y los de cuero se estaban calentando, pasa que nosotros éramos muchos como para ser echados. Cuando se empezaron a acercar, dos de los más quilomeros empezaron a revolearles sillas por la cabeza y empezó el baile. Se apuraron, se tiraron trompazos y de repente cayó la policía y éramos todos culpables. Con el Paenza revoleamos una silla y una botella de cerveza en un ataque de violencia y esa fue la segunda vez que le rompía la cabeza a alguien sin medir lo que estaba haciendo. Paenza también, revoleó una silla de madera que se la puso a un patovica y se fue corriendo.&lt;br /&gt;Antes de salir nos señalaron y unos canas nos trataron de agarrar desesperadamente. Pero cuando estuvimos afuera corrimos como diablos y paramos en una plaza a descansar.&lt;br /&gt;-Por tu culpa meón de mierda.&lt;br /&gt;Soltó una carcajada y entre el cansancio de un fumador que tuvo que correr me dijo: “Qué hijo de puta, mirá el quilombo que armé”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de sacar los pasajes sentí que algo en el aire había cambiado, que el curso de mi vida se había modificado y que no había reflexionado demasiado en eso como para tomar una decisión tan impulsiva. Lo hecho, hecho estaba, pero tenía unas mariposas en la panza porque el pasaje era para el día siguiente a la mañana, tenía que ir a hacer el bolso, pensar en los posibles climas, comprar cosas. Sí, tendría que haber hecho todo eso, pero la verdad puse toda la ropa que tenía a mano, guardé unos cacharros, una bolsa de dormir y seguí como sino hubiera pasado nada. El ambiente de esas fechas es como muy emotivo como para poder concentrarse en algo.&lt;br /&gt;Tarde del treinta y uno, como la calma que genera una gran tormenta, todos en sus casas a punto de tomar, volverse locos, salir, reventar la noche… ¡Puta!... estaba solo de nuevo y el conchudo de Rama se iba por su cuenta a no sé qué casa de qué músico loco que yo ni conocía. Fraga no estaba disponible, Maro se había ido y las demás personas o estaban con su familia o no eran de tanta confianza como para estar solos conmigo en año nuevo. Una mierda, me compré un paquete de salchichas, un paquete de pan de panchos, una mostaza y papas pai, mayonesa tenía, si hay algo que tuve siempre es mayonesa. Así que me comí unos panchitos con papitas y cerveza y a la mierda con todo. Pensé en comprarme algo rico, una parte de mí dijo: “no, es año nuevo, che, hay que comerse algo, cocinar algo rico”. Lo pensé dos segundos y a la mierda. Cenando panchos con birra, nada más deprimente que estar solo en año nuevo cenando panchos en un patio gigante, pero sin gente. No me puse a llorar porque no se me ocurrió. Ni una puta tele con cable tenía, hubiera sido algo, con la tele no se está solo del todo. En fin, la hora de cenar pasó y nos encontramos todos en una plaza del barrio y salimos a divertirnos. Teníamos tres opciones de fiestas y nos quedamos en la primera. Bailamos como diablos emborrachados, gritando cosas incomprensibles, sonidos guturales y casi llorando. La borrachera había dejado de serlo, un escalón más arriba, como cuando ya se pierde de vista todo conocimiento de la legalidad y de la ética y moral y uno se desnuda mientras otro revolea una botella de vidrio vacía por el aire en un lugar repleto de gente. Algo fuera de serie.&lt;br /&gt;Estaba amaneciendo cuando pensé que faltaban horas para irme, tenía como un miedito, no me iba con un grupo de amigos, me iba solo, no sabía qué me iba a pasar, con qué me iba a encontrar, empecé a dudar de haber elegido bien, pero solo dudaba de la elección porque era seguro que me iba a ir en una horas.&lt;br /&gt;Así fue que salí de ahí, me introduje en un bondi, me levanté en la puta Terminal. Me tomé otro bondi, me desperté cerca de mi casa, agarré la mochila, me tomé otro colectivo y me bajé en retiro, el lugar tan horrible de donde salen los colectivos de larga distancia. Sí, larga distancia era lo que iba a recorrer, el ómnibus de dos pisos me iba a llevar a los inicios del viaje, San Miguel de Tucumán… donde iba a empezar a subir y subir hasta quién hubiera sabido dónde.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115334009887061778?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115334009887061778/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115334009887061778' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115334009887061778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115334009887061778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/diciembre.html' title='Diciembre'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115334000144018042</id><published>2006-07-19T17:11:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:49:52.160-03:00</updated><title type='text'>Tafi</title><content type='html'>Son las ocho de de la noche, ya pasaron cinco horas de micro. El aire empieza a volverse oscuro, pasan los choferes con alfajores y sanguchitos de miga en bandejas cerradas, personales, de tergopol. Tenía bastante hambre.&lt;br /&gt;Estábamos en el piso de arriba del bus. Seis chicas, alegres hablando y hablando, riendo como ríen seis chicas excitaditas por su viaje al norte.&lt;br /&gt;Yo miraba fijo a una de las seis, una que me parecía particularmente linda, sexy, con la espaldita dorada, asomando el elástico del corpiño por su hombro. En musculosa. Reía, reía y de pronto miraba fijo  mis dos ojos, y seguía riendo.&lt;br /&gt;Con el libro en la mano las horas pasaban rápido. Tenía la vista directa a las luces que se comían la ruta. El camino, yo miraba fijo, solo el camino, creía que en cualquier momento un fantasma se cruzaría por la ruta y sería atropellado por el micro.&lt;br /&gt;Pensaba en que la rubia que tenía al lado mío, era la única de las seis que no se había podido sentar en su grupo, qué suerte la de ella.&lt;br /&gt;Pensaba en mis amigos, en Rama, en qué estaría haciendo Maro, en Ámsterdam, seguro estaría teniendo las alucinaciones mas soberbias de su vida. Temía que se volviera loco, ya lo había hablado con el Rama.&lt;br /&gt;“¿Y si se nos vuelve loco el Maro qué hacemos?&lt;br /&gt;“No sé.-le digo.- Pero, si no se vuelve loco en esta, no se vuelve loco más”&lt;br /&gt;“Al contrario.-sube el tono más preocupado.- Si no se vuelve loco en esta, se vuelve loco en la que viene, no te parece mas razonable”&lt;br /&gt;Qué charla había tenido con Rama antes de irme, horas y horas con cerveza y más cerveza.&lt;br /&gt;Cuanto más tarde se hacía, más silencioso se ponía todo, el ruido de engranes, las ruedas, el motor, era lo único que se escuchaba… De pronto, la gatita se mueve, se está parando, ¡se me acerca! Es muy felina, muy flaca pero con buena forma, con carne. ¡Cómo se acerca!... ¡Pero está por sentarse entre nosotros dos!... ¡Pero si se tiene toda la confianza!.. ¡Ahora se lleva el índice a la boca y me pide silencio!... ¡Para no despertar a la amiga!.. ¡Está entre nosotros dos!... ¡Nunca me había pasado una cosa así!&lt;br /&gt;“¿No te morís de aburrimiento en los viajes de micro?”&lt;br /&gt;¡Me susurra al oído!... ¡Sus labios tocan mis orejas!... ¡Ahora sus manos me recorren el cuello!&lt;br /&gt;Comienzo a serenarme, a acariciarla, no digo una palabra, pero nos miramos fijo a los ojos, en lo blanco de la oscuridad. Sus ojos son verdes o azules, su piel es muy suave. No me canso de recorrerla, bajo a sus muslos, firmes, atléticos, sus pezones están duros, su cuello, sus cachetes, su pelo huele a limpio, sus pantorrillas, lo recorro todo, no quiero perderme de nada.&lt;br /&gt;Estaba incómoda en el medio de los dos, ahora hace maniobras para subírseme encima. Lo logra, su amiga se mueve, ella me pide silencio, es excitante la situación, creo que  a ella también le resulta excitante.&lt;br /&gt;Empieza a moverse, a respirar hondo, me pasa las manos, sus largos dedos por la mandíbula hasta la nuca. Nuestras manos recorren nuestros cuerpos por debajo de la ropa, estamos ardiendo, que cosa tan rara, el silencio, miro a mi alrededor, la miro a ella, está que explota, no lo puede disimular, cambia de pose, ahora me da la espalda, sentada sobre mí, se mueve más y más, su mano se apoya en mi pelvis, luego baja y ella se sigue moviendo. Yo le empiezo a hacer caricias circulares alrededor de sus pezones, gime suavemente, y otra vez, cómo lo hace, es un felino, increíble.&lt;br /&gt;Seguimos así por mucho tiempo, no logro acabar, estábamos en un micro después de todo.&lt;br /&gt;Se durmió encima mío mientras yo le hacía caricias en el hombro, su piel dorada, la miraba como se mira el oro, fijo, sin poder creerlo, brillaba, ese corpiño que se asomaba de la musculosa. Lo tenía a mi antojo.&lt;br /&gt;Toda la noche, hasta que se hizo de día la pasé mirando sus brazos y su hombro. También la pasé cerrando los cachetes para que no se me escapara el clásico pedo acosador de los micros. Esos sánguches de miga y ese alfajor me habían hecho un cortocircuito en el sistema de pedos. Y para colmo tenía una persona arriba mío. Lo soporté, lo soporté más y más, leyendo, distrayéndome, pero no demasiado, había que apretar con fuerza, era contra las leyes de la física lo que estaba haciendo.&lt;br /&gt;A eso de las ocho de la mañana ella se despertó y se fue a dormir a su asiento. Yo  me fui al baño y qué paso… ¡Ahora el sucio pedo no quería salir!... “¡Maldito seas podrido hijo de puta!”  Bueno, me fui a sentar y comenzó de nuevo a hostigarme, qué malvado, con el baño ocupado, una cosa terrible.&lt;br /&gt;Me deshice de él al medio día, cuando la actividad del micro ya había vuelto.&lt;br /&gt;Qué intriga, ella seguía dormida, cómo reaccionaría a la luz del día. ¿Se haría la distraída?&lt;br /&gt;Del viaje ya había pasado lo peor, que es la noche, y que casualmente había sido inolvidable. Lo que quedaban eran algunas horas hasta llegar a San Miguel de Tucumán.&lt;br /&gt;De tanto esperar y leer al buen Kerouac caí en el sueño, dormí, tranquilo, mirando el horizonte con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;Despierto, está la rubia al lado mío hablando con mi rubia, la de la piel dorada. Ve que la estoy mirando, me saluda, me presenta con sus amigas, charlamos. El micro está llegando, se detiene. Fin del viaje, a bajarse y buscar los bolsos.&lt;br /&gt;Me uno al grupo, hago un chiste, se ríen, son muy inocentes. Muy risueñas todas, están excitadas, me excito yo también.&lt;br /&gt;Ya tenemos los bolsos, el grupo es muy unido, la rubia se llama Camila, es indiferente, parece que fuera su amigo ahora.&lt;br /&gt;Estoy en la terminal de San Miguel, una cosa horrible, como todas las terminales. Nos vamos para Tafí del Valle.&lt;br /&gt;Hace un calor insoportable, transpiro, estoy sucio, las chicas también lo están, sacan pasajes para Tafí, esperamos una hora tomando un helado y charlando.&lt;br /&gt;Un mar de gente quiere entrar en los micros que salen para ese lugar, se amontonan, empujan no lo soporto. Tengo una mochila en la espalda, una guitarra en la mano y un morral en el cuello, colgando, todo mi equipaje.&lt;br /&gt;No veo la hora de estar en los pueblos del norte, de Jujuy, esos pueblos olvidados, viejos, cansados del calor del día y del frío de la noche.&lt;br /&gt;Ya estamos cruzando las montañas para llegar a Tafí, el micro da vueltas y más vueltas, es peligroso, aterrador, la gente se marea, no lo soporta. Hay un precipicio… ¡el micro dobla dejando una rueda afuera!... ¡La gente se asusta! …¡Grita, transpira, no quiere ver!&lt;br /&gt;Llegamos al lugar, es hermoso, en medio de un valle, frío, nada que ver con la capital de Tucumán.&lt;br /&gt;“Estamos en la tierra de Palito Ortega”&lt;br /&gt;“¡viva Palito, viva su música!”&lt;br /&gt; Las chicas me miran como si estuviera loco y se ríen a carcajadas.&lt;br /&gt;“¿Viva Palito?”&lt;br /&gt;“¡Viva Palito, por siempre que viva es un héroe, un monumento con vida, es de piedra, el dueño de todo, es el hombre!” La excitación de estar en el medio de un valle, al atardecer, rodeado de mujeres, con una pura y exclusivamente mía, con la más linda… todo ese buen humor me hacía gritar el nombre del puto de Palito.&lt;br /&gt;Armamos la carpa, qué momento, la primera noche. Hace  mucho, mucho frío. Las chicas ríen en las carpas de al lado.&lt;br /&gt;Salimos todos, qué increíble, como me junté con estas chicas, qué sorpresa. Y yo que pensaba que iba a estar solo.&lt;br /&gt;La primer tarea de hombre, hacer fuego. Ellas me lo piden, no saben cómo hacerlo, tenían polenta, para todos, pero el fuego, había que ganársela, no era gratis.&lt;br /&gt;“Miren, para el fuego se necesitan ramas, y para que hiervan las cacerolas vamos a necesitar muchas, pero muchas ramas. Hay que ponerse a buscar ramas, porque sino no se come”.&lt;br /&gt;¡Eso es capitán, hágase respetar!... estas conchuditas se querían pintar las uñas mientras hacía un fuego sobre mojado.&lt;br /&gt;Tenía miedo, miedo de no ser el hombre adecuado, de no poder hacerles un fuego. Era toda una metáfora, sin fuego no se calentarían. Y ellas se querían calentar, me lo decían con los ojos, me miraban diciéndome: “mas vale que hagas el fueguito que si no…”&lt;br /&gt;Estaba todo dicho, ya no buscarían más ramas, estaban cansadas, exhaustas, ya no lo harían.&lt;br /&gt;¡Pero si no son suficientes! ¿Creen que voy a poder prender algo con esto? Están locas…  ¡locas! Reviso las ramas, la mayoría están mojadas, pero qué clase de estúpida trae ramas mojadas, vamos a estar horas acá. Ellas piensan que van a ser minutos, pero no, horas y con suerte.&lt;br /&gt;Con toda la furia del mundo prendí un fueguito que alcanzó para cocinar una polenta con grumos y salsa tibia. Podría haber sido peor. Las chicas la comen por respeto a mi esfuerzo, pero está horrible. Yo, todavía no entiendo qué manía les agarró a estas chicas de clase media por comer polenta fría, en vez de unas empanadas. Ni siquiera se la prepararon ellas, lo tuve que hacer todo yo.&lt;br /&gt;Al terminar la cena las chicas quisieron ir a buscar compañía, un fogón tal vez, una linda guitarreada. Les dije que las alcanzaría después. Quería fumar un poco, pero no quería hacerlo delante de ellas. Tampoco quería un fogón lleno de hippies adolescentes cantando canciones estúpidas. Me quedé leyendo bajo la luz de un farol lleno de bichos que se lanzaban contra mí. Se volvió insoportable. Hacía demasiado frío. Temblaba, realmente había bajado la temperatura.&lt;br /&gt;En la bolsa de dormir de verano, con toda la ropa puesta, todavía tiemblo. Entro en calor, ya no tiemblo, pero la cara, ¡la cara se me congela!&lt;br /&gt;No, hace demasiado frío, no lo aguanto más. Salgo de la carpa, avivo un poco ese fuego que estaba casi muerto y me caliento un poco, fumando un pucho con las manos tiritando.&lt;br /&gt;Veo volver a las chicas después de dos horas. Las ramas húmedas se secaban con el fueguito, todo marchaba bien, el silencio era perfecto, hasta que llegaron.&lt;br /&gt;“Qué haces solo acá”&lt;br /&gt;“Miro el fuego”. Le contesto. Me mira con cara rara. Estas chicas me parecen muy ingenuas, demasiada tele, muchos mimos de niñas, no sé realmente la causa, pero son bastante boluditas. La otra también, pero al menos es atractiva.&lt;br /&gt;Al segundo se acercan dos chicos con una botella de gaseosa y una filmadora. Este es el infierno, dónde me metí, parece un campamento de verano de una película yanqui barata. Me ofrecen, es gaseosa con vino tinto de cartón. Los odio al saberlo, les deseo la muerte.&lt;br /&gt;“No les quedó vino sólo, ¿no?” Les pregunto.&lt;br /&gt;“No, así es más rico, se toma más fácil”&lt;br /&gt;Como los odio, ni se lo imaginan, ponerle gaseosa al vino, que pendejos asquerosos. Encima merodeando con una filmadora. Espero que no se atrevan a filmarme.&lt;br /&gt;“Dale.-le dice uno al otro.-Filmá un poco a las chicas, che”.&lt;br /&gt;Armo un escándalo.&lt;br /&gt;“No, no me digan que van a filmar, pero ustedes son atrevidos eh, bastante atrevidos. ¡Bueno con esa cámara filmadora, yo me vengo al campo y resulta que se acercan justo dos pibes con cámara filmadora!... ¡Pero qué suerte la mía!”&lt;br /&gt;“Bueno, si querés no filmamos, no era para que te pongas así”&lt;br /&gt;Se alejan hablando de mi humor, qué suerte. Un alivio. Esto se está convirtiendo en algo contraproducente. Vine acá quién sabe porqué y resulta que está lleno de estos zoquetes.&lt;br /&gt;El frío no para, como los grillos, qué fuerza, qué chillidos, alaridos casi, todos a coro. Una cosa de no creer, no descansan, no se detienen. Ni las chicas, que ríen por todo, ahora me llaman testarudo. ¡Malditas!&lt;br /&gt;Me voy a dormir. El lugar que tengo en la carpa es mínimo, entro, pero en diagonal.&lt;br /&gt; Se fue el primer día del viaje, estoy agotado y duermo al instante.&lt;br /&gt;Me levanta el calor mojado que hace en la carpa. No lo aguanto, es terrible, insoportable, todavía estoy crudo, tengo que salir de este horno. Saco la bolsa de dormir afuera y me tiro en la sombra del árbol. El sueño sigue, pero con ruidos.&lt;br /&gt;Me levanto y veo casi una comunidad hippie, con guitarras, mate y gente cantando. ¡Cantan a toda hora estos hijos de puta! Preparo un mate para mí, las chicas ya se lavaron los dientes, algunas se bañaron y se preparan para ir a una caminata. El aire fresco es encantador, eso es lo único seguro acá. Me cambio, las zapatillas están llenas de bichos, las hago a un lado, me pongo las hojotas, salgo con ellas.&lt;br /&gt;“¿A donde vamos?”&lt;br /&gt;“A una cascada”, me dice la rubiecita que se me había escapado la noche anterior.&lt;br /&gt;Las mujeres nos ponen bobos a todos los hombres, o casi. Nos tienen atados de una correa. Vemos cómo nos la ajustan al cuello, pero no hacemos más que sacar la lengua hacia fuera y mirarlas amaestrados para que nos saquen a pasear. Lo peor que nos puede pasar es encontrar a una que nos saque poco a pasear y que encima lo disfrute.&lt;br /&gt;Las sigo hasta la cascada, una caminata realmente larga por el medio del campo. Seguimos el arroyo hasta un descanso. Las montañas de fondo con las nubes tocando sus picos. Se ve la sombra de las nubes en aquella cordillera. Sí señores, sea lo que sea me alejé de toda la mierda otra vez, mucha parece haberme seguido, pero una minoría, una simple minoría que voy a dejar atrás.&lt;br /&gt;Tengo que sacarme el pito de la cabeza y empezar a buscar gente que esté un poco más loca. Estas chicas son normales, se matan por ser normales, se indignan por ser normales, se angustian, discuten qué cosas haría un ser normal. Creo que en el fondo son algo nazis, lo peor es que lo ignoran. Ya no las soporto, pero necesito terminar lo que empecé, esa chica, no pude lograrlo, estaba en el micro, quiero sexo y una grata despedida. Lo único, esta noche tiene que ser, luego, despertarme antes, irme a la mierda y dejarles un cartelito: “gracias por todo”. ¡Ja!, hasta nunca. Muy horrible su polenta, ojalá que naufraguen en su fantasía de supervivencia, donde mamá y papá no les hacen la comida, dónde sus bombachas se ensucian más rápido y no se lavan solas. Que sus espaldas se quiebres con el peso de sus mochilas gigantes, llanas de objetos inútiles, como lápices de baño, cremas para la piel, esmalte de uñas; que los bichos les entren en la carpa y las llenen de alaridos, que su propia histeria las vuelva locas, en fin. Pero primero lo primero, la chica, su sexo dorado. Lo quiero todo. Esta noche será.&lt;br /&gt;Pienso en lo que debería hacer. Desaparezco de pronto, vuelvo a la carpa, me retiro.&lt;br /&gt;Camino solo por la hierba, cómo nos alejamos. Necesito encontrar gente de mis características, poco común, pero hay. Tiene que haber.&lt;br /&gt;Prendo un cigarro, miro las vacas pastar. Que vida aburrida deben tener esas putas. Toda la vida esperando un jodido toro que se las monte, y ni siquiera les tira un segundo polvo. Uno cortito y se va para siempre. Mientras, para cortar la terrible desesperación, se la pasan comiendo pasto, más pasto, con la cabeza gacha.&lt;br /&gt;Sigo caminando, no había prestado atención al camino que habíamos seguido para llegar a ese descanso. El arroyo se bifurca varias veces y ni lo había notado. Creo que estoy perdido. En el medio del campo, sin nadie a quien preguntarle nada y el arroyito se seca, terminado, fin. No era este el camino de vuelta, eso es seguro, no hay dudas. Mierda.&lt;br /&gt; Vuelvo por el arroyo, encuentro el camino luego de idas y venidas, llego, las chicas están hablando con los boludos de la cámara filmadora. Me echan una mirada reconciliadora. Los miro fijo, con cara de nada. Entro a mi carpa, salgo, me acerco, tomo unos mates. Charlo un poco.&lt;br /&gt;Ya vi todo, de cerca y de lejos. De lo alto y en lo bajo. Acá no hay nada más que hacer que lo que venimos haciendo. Tafí del Valle es un sitio muy tranquilo, muy callado, de día, con la brisa. Un lindo lugar para descansar un poco de la capital, sus ruidos, sus fiestas sin fin. Pero sin darnos cuenta nos hicimos adictos a esa noche, la amamos. La queremos, nos acostumbramos a ella. Esto llama la atención por lo raro, esta primera noche tuvo poca acción, poca cosa, gusto a pan, a pan sin sal. Me parece que es por este lugar en especial. Ya veremos cómo sigue la cosa. En principio se viene la noche y mañana a hacer el bolso y a tomarme el palo para Amaicha que ahí puede que cambie mi suerte.&lt;br /&gt;Despierto. Es de noche y la caminata justificó una siesta por la tarde. Las chicas están frente a un fueguito que les hicieron los pendejos de la cámara filmadora. Salgo, me saludan, asiento con la cabeza, no me caen bien, quiero que lo sepan desde el comienzo. A ellos no les importo, solo quieren a la rubia y tal vez a cualquier otra del montón.&lt;br /&gt;La noche estaba despierta en todos los rincones del camping, había ruidos y conversaciones por todas las direcciones. Guitarras, risas, gente tomando, fumando, muy alegres.&lt;br /&gt;Yo miro a la rubia, la quiero en mi carpa, ella me mira, sabe lo que pienso, me habla. “Vamos a ir a comer al centro”.&lt;br /&gt;Muy chistosa, centro, pero de qué centro habla, si en este lugar no hay centro, es todo periferia.&lt;br /&gt;Las acompaño a cenar, no dejan de reír ni por un instante. Estoy por dejarlas sin previo aviso. La cena se termina. Me fumo un cigarrillo de sobre mesa y nos volvemos para el camping. El frío llegó hace rato y nos abraza de nuevo.&lt;br /&gt;Nos metemos en las carpas, la rubia sale de su carpa, se para junto a la mía, me llama.&lt;br /&gt;“¿Tenés un cigarrillo para convidarme?”&lt;br /&gt;“Sí, tomá.”&lt;br /&gt;No hago a tiempo de decirle que pase, cuando se va a su carpa, maldita sea entre todas las mujeres. Me pongo totalmente furioso, no lo soporto más, la odio con mis venas, con mi alma. Cómo puede tener el coraje para hacerme esto, no lo entiendo, no lo puedo creer.&lt;br /&gt;Salgo después de armarme un porro, busco con quién poder fumarlo, camino en la oscuridad del camping pensando en el viaje. Me llama alguien.&lt;br /&gt;“Tsss, ¡hey! No me convidarías una pitada”&lt;br /&gt;Qué forma más adecuada de pedirlo, usando el condicional simple. Muy bien, esta chica educada se la ha ganado.&lt;br /&gt;“Sí, claro. Qué hacés sola en la oscuridad. No estarás planeando algo. Conspirando contra alguien, quizas.”&lt;br /&gt;Sonríe al oírme decir eso, extiende la mano y toma mi cigarrito. Lo fuma mirándome. “De dónde sos.-me pregunta.-Pará, no me digas nada. Vos sos de capital. ¿Adiviné?”&lt;br /&gt;“Sí, pero claro que soy de capital, eso no es ningún truco, decime de qué barrio soy, eso sería mas sorprendente, aunque no tanto.”&lt;br /&gt;“Vos sos de… San Telmo.”&lt;br /&gt;“No.”&lt;br /&gt;“¿Estuve cerca al menos?”&lt;br /&gt;“No, pero decime, qué me dijiste que hacías sentada en la oscuridad, solita.”&lt;br /&gt; “Estaba esperando que pase algún porteñito y me convide de sus cositas.” Se ríe. Pero qué atrevida, me hace reír, me rasco la cabeza, esta chica es muy rápida.&lt;br /&gt;“A no, no puede ser, pero qué atrevida.-le digo indignado.-No lo puedo creer, faltarle así al respeto a un caballero de mi talla, no, esto no se va a quedar así, cosa bárbara, cosa bárbara.” Vuelve a reír, pero mas fuerte que antes, le encanta ese personaje indignado, no lo puede evitar.&lt;br /&gt;Charlamos durante horas o minutos que parecieron horas, fumando, no me quería decir si estaba sola, y yo no quería ver salir de su carpa al novio, despeinado, con cara de dormido pidiéndome una seca de mi cigarro.&lt;br /&gt;Nos reímos un buen rato, ella se me insinuaba, no la distinguía por la luz de la noche. Era muy graciosa, demasiado. No había conocido a ninguna chica tan graciosa. Me tenía totalmente erotizado.&lt;br /&gt;“Veo que viniste sólo.” Mueve una ceja al decírmelo.&lt;br /&gt;“¿Eso ves ahora, o ya lo viste antes?”&lt;br /&gt;“No importa, pero no estás con esas chicas, ¿no?”&lt;br /&gt;“No realmente.-la cosa se ponía caliente, este tema solo podía llevarnos a un solo lugar. El mejor lugar.-Sólo fue una casualidad del destino que nos hayamos cruzado, las conocí en el micro, pero mañana me iba a separar sin avisarles.”&lt;br /&gt;“Tengo mucho frío.-me dice al acercárseme.- ¿No me abrazás un poco?”&lt;br /&gt;La besé al instante y nos fuimos a su carpa que estaba a dos metros.&lt;br /&gt;En su bolsa de dormir, no sacamos la ropa, estaba súper caliente, estábamos súper calientes, me rasguñaba la espalda, me pedía, me pedía todo, todo a la vez. Yo no llevaba preservativos, ella tampoco, quería todo igual. “Somos dos chicos sanos, no va a pasar nada, yo tomo pastillas, pero igual tené cuidado, no vayas a hacer una pendejada, eh.”&lt;br /&gt;“No te preocupes, con quién pensás que estás hablando.” Le dije haciéndome el superado.&lt;br /&gt;Cojimos por algunos minutos, era incómodo, pero hacía mucho frío como para salir de la bolsa de dormir.&lt;br /&gt;Estoy por acabar, ella me araña la espalda, esta acabando también, no pienso en nada, un placer extremo, mis dedos de los pies se estiran, se separan; mi cuello arqueado, pero… ¡No! Qué idiota, no lo puedo creer, no puede ser. Le acabo adentro, ella se da cuenta, me insulta, me echa de la carpa. Qué mujer tan loca. Qué estúpido fui, nunca me había pasado. De no creer, era verdad que podía pasarle a cualquiera. Después de un silencio revelador y de que se diera cuenta de lo que había pasado reí un  poco por mi idiotez, ella no lo soportó. Empezó a gritarme de todo, todo el camping se enteró.&lt;br /&gt;“¡Pero sos boludo o qué te pasa!... ¡Cómo vas a hacer un cosa así, si parecías piola, pero no! ¡No!... ¡Un boludo!...”&lt;br /&gt;“Bueno, no es para tanto, de última nos casamos.” Esa broma no le cayó bien, no le gustaba que me lo tome para la joda. No le gustaba ni un poquito.&lt;br /&gt;“Andate ya de acá, ¡tarado! Tomátelas, dale, chau, sos un huevón.”&lt;br /&gt;Me dijo huevón la muy zorrita. Huevón. Lo de tarado se lo podía aceptar, pero huevón, ¡huevón, yo!... ¡Eso no podía permitirlo!&lt;br /&gt;“Andate a la mierda, histérica del orto.-me había sacado, tantas puteadas no podía soportar.- ¡Y cuando vuelvas hacete un análisis, así ves todo lo que te agarraste, conchuda!”&lt;br /&gt;Todo el camping escuchó mi “conchuda”. Salí de la carpa corriendo, me metí a la mía riendo de esa situación tan disparatada. Qué gente rara que viene uno a conocer. Rara y loca.&lt;br /&gt;Armé el bolso antes de dormir y por fin vi el uso del despertador que había cargado. Lo puse a las seis para irme cuanto antes.&lt;br /&gt;Al amanecer sonó, me levanté, no quería que nadie me viera la cara después de ese escándalo. Guardé la carpa en la mochila, junté mis cosas de la mesa de piedra, miré las carpas de las chicas y me fui sin dejarles ni una sola notita. Nada.&lt;br /&gt;Al salir, el sereno se rió conmigo de lo que había pasado. Muy simpático, se puso de mi lado. “La´hay de todo´sgustos aura, eh, mira si va a priocuparse uno por cosa´comoésa. Jajai, jaajai, qué tipoes te.” Se reía el sereno, realmente era sereno. Muy tranquilo el hombre, me dio la mano y se despidió con una sonrisa pícara.&lt;br /&gt;Caminé media hora hasta llegar a la ruta. Ahí esperé como cuarenta minutos hasta que una camioneta me levantó y nos fuimos para Amaicha del Valle.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115334000144018042?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115334000144018042/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115334000144018042' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115334000144018042'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115334000144018042'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/tafi.html' title='Tafi'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333921807144364</id><published>2006-07-19T16:58:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:50:23.316-03:00</updated><title type='text'>Jueves negro</title><content type='html'>Todavía estoy tirado, con el cuerpo cansado y la mente trastornada. Esta fue, sin dudas, la peor de mis caídas. Todo indica que cuanto más alto subo, más fuerte me golpeo al caer.&lt;br /&gt;Así que, al fin, acá me encuentro, de espaldas al piso, entre las botellas vacías y la suciedad, tomándome la cabeza, tratando de sobrevivir al siguiente momento.&lt;br /&gt;Todavía no me levanto, mis piernas me están matando, como mi cabeza, creo que tengo fiebre, anginas, que mis huesos están podridos, que ya es demasiado tarde, que no lo voy a lograr.&lt;br /&gt;Ahora estoy en el suelo, apoyado en la pared, se ve todo el desperdicio. En el teléfono hay quince mensajes nuevos, no me interesan por ahora. Primero, antes que nada, tengo que pararme; no es tarea fácil.&lt;br /&gt;Luego de algunas horas me pongo de pie, apoyado en la pared, pensando por primera vez en el día. Son las siete de la tarde y hace frío, ya debe ser invierno.&lt;br /&gt;¡Esta tos!... ¡Esta tos me va a matar!  ¡COF, coff coff, aju aju!    ¡Cojuajum!&lt;br /&gt;Mis pedazos de garganta están cediendo. Escupo cartílagos de moco de colores increíbles. La novedad del momento: mi cuerpo quiere salir de él y yo casi no puedo evitarlo.&lt;br /&gt;Abro la puerta, un frío seca mis pies, los envuelve en una hoja seca, están resquebrajándose, haciéndose polvo. No entiendo muy bien por qué bajo las escaleras de esta casa vacía, ya ni siquiera tengo un motivo aparente.&lt;br /&gt;Ya estoy abajo. Las maderas del piso están menos sucias que la alfombra de arriba, todo esta lleno de botellas y suciedad pegajosa. Pienso en juntarlas, en que serían unos minutos, tal vez treinta en los que podría no pensar en nada. Una buena forma de no pensar esa de limpiar.&lt;br /&gt;Una sensación de inutilidad me recorre las venas, es cierto, haga lo que haga, voy a volver a caer. Esa es una de las razones por las cuales estuve tirado tanto tiempo, sin levantarme.&lt;br /&gt;Ya terminé. Doce bolsas de consorcio, sin contar la mugre de arriba. Una gota de sudor me recorre la frente, tengo agua en el cuerpo después de todo.&lt;br /&gt;Ya recuerdo, fueron días y más días los que pasé tratando de frenar.&lt;br /&gt;Ya me he levantado, luchado por segundos, minutos, hasta horas para volver a caer en el piso pegajoso, sucio ¡Mil veces me desperté con la lengua pegada al piso y lo que más me molestaba era no poder sacarla de él!&lt;br /&gt;¡Coff  cofff, coff! ¡Esta puta tos!... ¡Se me sale el cuerpo por la garganta!&lt;br /&gt; Un silencio de acero  me paraliza, lo miro de reojo, creo que hoy es ese día, voy a morir en cualquier instante. El sudor en mi frente, mis rodillas temblando, se chocan, lo saben todo, no necesitan decírmelo. ¡Voy a morir en este instante!&lt;br /&gt;Camino un poco, freno, un espejo. ¡No puede ser esa mi cara!... ¡Está terrible! ¡No me reconozco! ¡Es una  pesadilla, un horror! Me pellizco, es real, me duele, veo mi piel, está blanca, casi azul, repugnante, parece masa pan, masa pan con venas.&lt;br /&gt;Ahora mi puño es el que sangra, ese espejo no salió impune, ni yo tampoco.&lt;br /&gt;Hay algo escondido en la biblioteca. Yo lo sé, el truco de los viciosos, esconden, olvidan y en los tiempos de sequía, recuerdan. Todavía trato.&lt;br /&gt;¡Cuantas veces traté de salir!... Pero con este frío no se puede, me congelaría.&lt;br /&gt;Las llaves de la puerta de calle están en la mesa, las miro mientras mi mano sostiene mi cabeza, es una decisión difícil. Lo pienso. Miro la biblioteca, me mira, me llama, respira.&lt;br /&gt;Antes vivían dos perros acá, mi madre los adoraba. Primero te volvían loco, después se calmaban y eran la mejor compañía. Sólo quedaron las macetas de plástico que se comieron y algunos huesos enterrados en el jardín. Creo que podría seguir inmóvil por horas. O las llaves o la biblioteca, pero esto se acaba ya.&lt;br /&gt; Todo me da asco: el olor a calle, los soretes en la vereda, mi piel, los árboles secos, sin hojas, los autos chatarra estacionados, muertos. No puedo evitarlo, me siento infectado.&lt;br /&gt;El frío hace mucho por lo repugnante, quita los brotes de repugnancia, esos que el calor hace salir hasta de las piedras, el frío los congela. Un brote que el frío está congelando, un brote de suciedad, ese soy yo.&lt;br /&gt;¿Tendré plata para comprar café? Toco mis bolsillos, están llenos de papeles. Meto la mano, discrimino… ¡Plata!&lt;br /&gt;El bar es deprimente en su esfuerzo de salvar a los demacrados de caer en una taberna barata. Qué caras más sospechosas tienen todos acá.&lt;br /&gt; Nada me sienta bien, reacio, asqueroso, no tengo sombra, no la merezco, me odio, odio a todo el jodido mundo, miro con mala cara absolutamente todo. Malditos, ojalá murieran todos y me dejaran acá, en este cafetín de mala muerte.&lt;br /&gt;Dos cafés negros y una inútil montaña de masitas. No podría comerlas, mi estómago enfermaría de sólo verlas llegar a la boca.  Ya no es el que era.&lt;br /&gt;Según mi rutina debería estar con mi gente, con los espectros, en mi casa o en algún bar. Con esta noche cubriéndolo todo, podrían estar tocando el timbre de mi casa. Colándose por las ventanas. Quieren succionarme, succionarse, que nos matemos todos juntos, lentamente. Siento pena por todos, me arrepiento, lo odio, los odio. ¡Malditos sean! Hace mucho que no me río. Antes me reía siempre y ahora noto esa falta. Tanto de esto dejó marcas, líneas decrecientes en mi cara. Tengo un disfraz de cara de culo, lo tengo pegado, no me lo puedo sacar. No me lo quiero sacar. ¡Me cago en todo el puto mundo!&lt;br /&gt;Las calles no me acercan ni me alejan. Quedarse quieto tendría más sentido, pero es lo que vengo haciendo.&lt;br /&gt;No estoy seguro de querer caminar, no estoy seguro de nada, pero igual lo hago, por inercia. Claro, luego de horas empiezan a visitar mi mente cientos de asuntos. Ya no camino, ahora pienso. Y claro… los suspiros eran algo común, ahora empiezo a suspirar de nuevo. Creo que cada vez más me acerco a un precipicio, pero por ahora no me importan este tipo de paranoias.&lt;br /&gt;Por cada segundo que pasa, más me convenzo de que me estoy escapando de un fantasma, tan pero tan real como aquella persona que viene caminando ahí.&lt;br /&gt;-¿Tenés  hora?&lt;br /&gt;-Sí, dos y media.- Me miró desconfiando, entre el frío, mi cara machucada y la hora de la noche, yo podría ser cualquier persona. ¡Pero si yo era cualquier persona!&lt;br /&gt;--¿Sabés qué día es hoy?&lt;br /&gt;--Jueves&lt;br /&gt;--Gracias.-- Jueves. Creo que los jueves íbamos a leer poesía a un bar.&lt;br /&gt;Pero mierda, si estoy doblando en esta esquina tan familiar, es el bar. Están todos en este bar. ¡Era éste el bar de poesía, claro que era éste! En qué trampa me metí, como me jugué una trampa tan grande. ¡Qué astuto! Mi cuerpo me trajo hasta acá, era este el precipicio al que me acercaba. Vine por costumbre, tenía que caminar para acá. Si hasta parece natural el hecho de tener un poema en el bolsillo para leer. Reviso y aquí están, bollitos de papel, los abro… son  poemas, varios poemas. No me importan, me preocupa entrar ahí. Me estoy asustando cada vez más de lo que soy capaz de hacerme. Tengo una suerte de amnesia. Me cuesta recordar. Adentro está la gente que me puede ubicar un poco en dónde estoy parado, pero creo que si entro voy a volver a empezar.&lt;br /&gt;Sí, ellos sabrían decirme qué me pasó, o también me dirían que estoy loco, que vaya, que tome esto y lo otro, riendo, con más copas, acabaría olvidando lo poco que recuerdo ahora. ¡Qué decisión!... una cosa muy complicada, difícil, me marea el solo pensarlo, es mucho.&lt;br /&gt;Estoy parado frente a la puerta negra del lugar, nadie me vio llegar, podrían haberlo hecho, el lugar tiene ventanas que chorrean el humo a la calle. Agarro la manija. La suelto, no se qué hacer. Por otro lado estoy solo en el mundo y no se por que me está pasando esto. Veo que tengo una negación, pero no se lo que estoy negando, no se de qué me estoy escondiendo. Seguro que de algo grande, o de alguien grande, porque estoy aterrado.&lt;br /&gt;Agarro nuevamente la manija, la noche entra en mi cabeza,  ¡me da vueltas!… me lleva, me pincha, ¡me doy vuelta!... ¡Pero qué mierda es esto!... ¡Mareo con vértigo y nauseas!... un taladro en la cabeza… ¡Por Dios, no!&lt;br /&gt;Otra vez en el piso, agarro la manija, pero para levantarme. Me pongo de pie, nadie me vio. Hace mucho frío y adentro se escuchan aplausos. Cualquiera pude salir en cualquier momento a comprar puchos, eso me aterra.&lt;br /&gt;Creo que en este momento estoy mas cerca de entrar, pero todavía no entro, todavía no caigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me agarra un hambre voraz, mi estómago comienza a hacer ruido, mucho ruido, no puedo detenerlo, hace cuántos días que no como.&lt;br /&gt;Claro, el desmayo, yo me desmayaba cuando pasaba días sin, ya me acuerdo. Era eso, tenía que comer algo, pero… ¿en este lugar o en otro? Qué hacer, qué hacer. Ya llevo más de diez minutos acá, pero todavía no caigo.&lt;br /&gt;Me voy al quiosco de la esquina a comer algo. Camino una cuadra, está cerrado. Sigo caminando, una, dos, tres cuadras.&lt;br /&gt;-Unos Gitanes, por favor&lt;br /&gt;¡Pero si iba a comprar algo para comer!... acabo de pedir cigarrillos, qué mierda me pasa, no puedo pensar con claridad, todo lo hago por costumbre, por inercia.&lt;br /&gt;-         Ah, me das aquel sánguche de milanesa. ¿Cuánto es?&lt;br /&gt;Cinco pesos. Los tengo, se los doy y sigo caminando. Pero qué frío hace, se me congelan las manos. &lt;br /&gt;Me siento en el suelo a comer contra una persiana de chapa. Vuelvo de una escapada.&lt;br /&gt;-Me das una coquita de vidrio, sí, destapámela. Gracias. Chau.&lt;br /&gt;Corro a mi lugar, ahora sí. Me siento. Como. Tomo. Termino. Me fumo un pucho y otro más. Me froto las manos. Leo los poemas que tenía en el bolsillo. Muy tristes, fúnebres. No recuerdo cuándo los escribí, quizás son de otra persona. Imposible, es mi letra.&lt;br /&gt;Dejo que pase el tiempo, me apoyo más en la chapa. De lo preocupado que estoy ya no siento el frío de la calle. Es otro el frío que siento, un frío mental, terrible, cuántas preguntas.&lt;br /&gt;Quizá de tanta mierda me auto resetié el cerebro para poder volver a empezar. Pienso. Creo que después de todo es una estupidez.&lt;br /&gt; Pasó bastante tiempo, me acerco tímidamente al bar. Lo miro a una cuadra de distancia, como un extraño, busco a alguien. Están saliendo todos de adentro, ahí está el que buscaba, me mira, cara de preocupado la que pone, pienso que va a gritar mi presencia, no lo hace, saluda a todos los demás y se acerca.&lt;br /&gt;-Qué hacés querido, qué hacés, me tenías preocupado, te toqué el timbre tres días seguidos. Che, siento mucho todo lo que te pasó, lo que te está pasando, sabé que podés contar conmigo para lo que sea. Mirá, porque no te venís al departamento, no debés, no deberías estar sólo. No después de eso. –Se le cae una lágrima.-Ay, Sanchito, Sanchito, viejo.-Rompe en llanto, me abraza. ¡Pero qué pasa!... ¡Que mierda pasa! Yo también lloro, no puedo evitarlo, no puedo evitarlo. Ay Dios, cuántas lágrimas, no se por qué las lloro, pero lo hago.&lt;br /&gt;-Vení amigazo, vení, ya va a pasar toda esta mierda, la vas a olvidar, la vamos a olvidar.&lt;br /&gt; Este es mí amigo Rama, está demasiado triste, me dan ganas de llorar, lloro. Qué terrible, seguro me lleva al departamento, pero qué mierda pasó. Tengo miedo, muchísimo miedo, tanto miedo que no lo puedo creer. ¡Nunca tuve tanto miedo! Ay, no quiero saber, no quiero, no quiero.&lt;br /&gt;-Pará, no, yo me voy para otro lado, no quiero saber, no quiero Rama, me vas a decir algo que me va a matar. Por favor Rama, por favor.&lt;br /&gt;  Lo miro con los ojos vidriosos, se me va a partir el corazón, pero pasó algo, yo lo sé, pasó algo.&lt;br /&gt;-Ay, Sanchito, Sanchito, vení, no te quedés solo, por favor viejo, no lo hagas. Yo te quiero mucho, sabés. No te voy a dejar en banda, no, yo no. Dale Sancho, vení, vamos a casa, te preparo una comida.&lt;br /&gt;-Recién comí.-le digo, quiero escapar, no me importa nada más.&lt;br /&gt;-Mirá Sanchito, creo que te haría bien venir, que charlemos esto o que no, pero igual vení. Si querés, llegamos, preparamos tu cama, te pongo música, algo de jazz o de Morphine y te tomás un tesito con migo. Dale Sanchus, me tenés preocupado viejo, con toda esa gente de mierda, esos amigos del boludo de Maro, cómo terminaste con esos quemados, Sancho. No, no, vas a venir con migo.&lt;br /&gt;Parece muy convencido, bastante convencido. Lo sigo, abre la puerta del edificio. -¡Para Rama, no me acuerdo de nada, de una mierda de nada!-ahí está, se lo dije, se queda mirándome fijo, no sabe qué decirme. Nada, helado. Me mira fijo sin decir una palabra. Me ve muy mal, se pone a llorar, me abraza. Lloramos de nuevo.&lt;br /&gt;- Subí Sancho, subí con migo viejo, qué es lo que no te acordás. Te acordás  de quien soy.&lt;br /&gt;-Sí, boludo.&lt;br /&gt;-¿Te acordás todas las que pasamos juntos, todo lo que hicimos?&lt;br /&gt;-Claro que me acuerdo.&lt;br /&gt;-Entonces subí, Sancho, entonces subí.&lt;br /&gt;-Tengo miedo, Rama, me muero de miedo. No sé realmente lo que me vas a decir y no sé si quiero saber, ¿me entendés?&lt;br /&gt;-Claro que te entiendo, Sancho. Vení, subí y tomemos un té, eso te va a calmar un poco, te va a hacer bien, hace un frío de cagarse loco.&lt;br /&gt;Subimos hasta el cuarto. Entramos y se sacó el abrigo. Qué ordenado que estaba todo, no lo podía creer.&lt;br /&gt;Puso el agua, preparó un té, un café para él, se sentó cerca mío y me miró fijo a los ojos. Quería decirme algo, algo terrible. Estaba serio, cansado. Me lo estaba por largar todo, sin preguntarme. Ya estaba ahí, no podía hacer nada. Todavía no lo hacía, no se en que pensaba, estaba callado. Casi no lo reconocía.&lt;br /&gt; Se paró, prendió el amplificador y me dijo: “voy a tocar ese tema que tanto te gusta”.&lt;br /&gt;Se puso la guitarra y  tocó mi tema preferido. Luego, sin darme cuenta, me quedé dormido en los almohadones. Estaba a salvo, lo sabía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desperté tarde, como a las ocho de la noche, ya estaba oscureciendo. Al costado de la cama había un cartelito: “No te vayas Sancho, llego a las nueve y media con comida y la Negra. Por favor, esperame.”&lt;br /&gt;Camino por el living, entro al baño, me lavo la cara, tengo ojeras hasta la mandíbula, las toco, son violetas, venosas, antes no las tenía. Veo el contestador, mensaje nuevo, aprieto el botón y la voz de Fraga: “Hola Rama, estoy en Cabrera, me dijeron que estás con Sancho, pasá por acá, quiero verte y hablar con él, chau”&lt;br /&gt; Está en Cabrera, quiero verlo al Fraga. Pienso. Me cambio, busco el saco, lo voy a buscar.&lt;br /&gt;Las calles que nos separan son pocas, sigue el frío de Buenos Aires en invierno, es congelador. Llego, ahí está, tomando vino, el Fraga, mi gran amigo, pensando, escribiendo un poema o una canción, seguro.&lt;br /&gt;“¡Fraga querido!”.&lt;br /&gt; “¡Sancho!”&lt;br /&gt;Nos abrazamos, él también me consuela, me abraza fuerte, muy fuerte. Nos sentamos, me mira fijo a los ojos, no sabe qué decirme.&lt;br /&gt;-Qué estás tomando, Fraga, yo quiero lo mismo.&lt;br /&gt; Pide una copa más, brindamos.&lt;br /&gt;-Por el olvido.&lt;br /&gt; Hijo de puta, ya habló con el Rama, malvado. “Por el olvido y los días soleados”.&lt;br /&gt;-Necesitaba verte, vos no sabés  Sancho, necesitaba verte, quiero que te pongas bien. ¿Qué te dijo Rama? ¿Te enteraste de lo de Maro?&lt;br /&gt;-No, qué le pasó a Maro.&lt;br /&gt;-Nada, no importa, pavadas, después de todo. Y… che, que patinada te pegaste, eh, de semanas, meses, pensé que te perdía. Esa gente de Maro vive para suicidarse día a día, yo ya fui un secuaz y así terminé, vos sabés que yo tuve mis noches problemáticas.&lt;br /&gt; Fraga había perdido a su hermana, uno de los secuestros express que resultaron mal, hasta salió por la tele. Una cagada. Ya habían pasado dos años, nunca volvió a ser el mismo de antes. Pero tuvo una época de terror. Vivía en bares, trataba de superarlo con ayuda del licor.&lt;br /&gt;-Y… ¿Qué le pasó a Maro?, ahora me lo contás.&lt;br /&gt;-Chocó con el auto, lo hizo mierda contra un semáforo.&lt;br /&gt;-¿Y él está bien?&lt;br /&gt;-Sí, le quedó todo el brazo morado, pero no le paso nada más. Ese italiano de mierda es de acero, ahora debe estar buscándote.&lt;br /&gt;-Che, me hace bien estar con vos, es todo como antes. Con Rama la paso raro. Es como si sufriera más él que yo.&lt;br /&gt;-Yo te entiendo, yo te entiendo, no pasa nada, pero tratá de no quedarte solo, de no ver a esos boludos de los amigos de Maro, te hace mal estar con ellos. Ahh…se armó un quilombo con eso. Va, más que un quilombo…&lt;br /&gt;-Pero, qué pasó.&lt;br /&gt;-Y… que Rama se los cruzó en el bar,  mientras tocaba, los vio sentarse y largó todo, paró el show para ir a agarrarlos, los quería matar.&lt;br /&gt;-Qué les dijo. -Primero hizo todo eso y nadie lo podía creer. Pensá que hacía tiempo que no te veíamos. Sabíamos que estabas con ellos, sabíamos que habían estado en tu casa, que te habían agarrado, pero te buscamos en todos lados y no te encontramos. En serio, no sabíamos dónde se habían metido.&lt;br /&gt; Él se paró frente a la mesa y les dijo: “¡Donde mierda está mi amigo, forros, no ven que está mal, forros, los voy a matar, los voy a matar, hijos de puta, mogólicos de mierda!... ¡Son unos traumados de mierda, dónde está, dónde!&lt;br /&gt;-¡Y qué pasó!&lt;br /&gt;-Ellos le dijeron que estabas en tu casa, que también eras su amigo, que no habían echo nada malo. Y Rama se puso loco. Le rompió una botella en la cabeza a uno, otro le calzó una trompada en la cara, la banda se bajó, la gente se paró de sus mesas, los echaron a todos. Un quilombo.&lt;br /&gt;También se peleó con Maro, pero sólo a las puteadas. Después de todo, Maro no tiene nada que ver. Bueno, casi.&lt;br /&gt;Caían recuerdos en mi cabeza, recuerdos de noches psicodélicas, de muchos colores, de reírme sin ganas, de llorar mucho, de estar muy mal. No me podía acordar de todo, pero comenzaba.&lt;br /&gt;Las horas pasaban tan rápido con Fraga. Qué amigazo, me contaba de sus minas, los chismes que habían pasado en mi ausencia. Todo seguía igual, estaban organizando un viaje, por otro lado se iban de gira por el interior, en un micro alquilado… Los proyectos seguían bajando del cielo, eso me ponía bien. Aunque, cada vez que se generaba un silencio, una espina me daba puntadas en la cabeza y más puntadas, dolorosas, agudas, no podía soportarlo, me agarraba la cabeza, me retorcía. El pobre Fraga no sabía qué hacer.&lt;br /&gt;Pasó todo, llegó Rama.-Acá estabas hijo de puta. ¡Porqué no me esperaste!-Me trataba como a un enfermo.-Viste cómo me trata el boludo este, Fraga.&lt;br /&gt;-Sí, Rama, tranquilo, estábamos acá, tomando un vinito, no te presiones.&lt;br /&gt;Todo volvía a ser como antes, se sentó, se tomó unas copas, nos fuimos para su casa, comimos los cuatro, con la Negra.&lt;br /&gt; Una cena silenciosa, todos se sentían un poco raros con migo ahí, pero fue tranquila al menos. Trataban de sacar temas alegres, no era difícil para ellos, lo era para mí.&lt;br /&gt;Otra vez tocando mi tema preferido, ya me sentía mejor, de nuevo el sueño, tanta carne con vino lo había echo posible, de nuevo quedaba dormido en los almohadones, no me preocupé.&lt;br /&gt;Desperté con un silbido en la cabeza, eran las dos de la tarde, Rama estaba tocándose unos tangos en la criolla, lindos tanguitos, tristes, pero hermosos. La Negra se había ido a comprar boludeces para comer, era un buen momento para hablar.&lt;br /&gt;¡Chan… chan!&lt;br /&gt;-Muy buen tango, che, ¿de dónde lo sacaste?&lt;br /&gt;-Es una de mis nuevas adquisiciones, algo triste, pero real.&lt;br /&gt;-Y, cómo va todo con la Negra.&lt;br /&gt;-Bien, la verdad que bastante bien, antes nos peleábamos bastante más, te acordás, ahora no, ya estamos bien de verdad, muy unidos. Toda una familia.&lt;br /&gt;-Sí, se los ve muy unidos, la verdad que sí.&lt;br /&gt;-Hoy soñé con algo terrible.&lt;br /&gt;-¿Con qué soñaste?&lt;br /&gt;-Soñé que estaba con mis viejos en el auto y se quebraba a la mitad, que ellos seguían y yo me quedaba en el camino y les gritaba: “¡no se vayan, no se vayan por favor!” Lloré como un desgraciado, estaba solo en el camino y justo cuando me daba cuenta, despierto.&lt;br /&gt;-Y, los sueños son medio raros, viste, uno nunca termina de saber que quieren decir, aunque a veces son bastante claros.&lt;br /&gt; Comenzaba a recordar, imágenes de la primavera, una primavera terrible, las imágenes eran de lo más psicodélicas. “¡Tengo que ver a los amigos de Maro y a Maro, pero tengo que verlos ya!”&lt;br /&gt;-Para que querés ver a esos forros, querés esa mierda de vuelta.&lt;br /&gt;-Ellos van a saber qué decirme, qué mierda hice todo ese tiempo, estoy seguro que si me lo dicen ellos voy a empezar a recordar.&lt;br /&gt;-Bueno, mirá, hoy estuvo acá Maro, habló conmigo y se fue, te vino a ver a vos, pero estabas terriblemente dormido. Dijo que cualquier cosa lo vayas a ver a la casa, iba a estar ahí hasta la noche.&lt;br /&gt;-Gracias Rama, muchas gracias.- Me puse el saco y corrí a la calle. Fui hasta corrientes y me tomé un bondi hasta el centro, me bajé en lo de Maro, toqué el “15 c”.&lt;br /&gt;-Quién es.&lt;br /&gt;-Abrime, hijo de puta.&lt;br /&gt;-¡SANCHO!&lt;br /&gt;Bajó en un segundo, abrió la puerta y me abrazó.&lt;br /&gt;-Qué haces amigazo, al fin, ese puto de Rama, es un puto, bueno qué bien, acá estas, después de todo, Sancho, qué cosas, qué cosas. ¿Cómo te sentís, estás bien? Se te ve bien, Sancheti, ¡qué hijo de puta!  Dios mío, qué cosas, qué cosas.&lt;br /&gt;Subimos, estaba solo. Le dije que quería ver a sus amigos, que necesitaba verlos.&lt;br /&gt;-Para qué querés ver a esa manga de quemados, Sanch.&lt;br /&gt;- Necesito que me digan qué fuimos haciendo en esa primavera que pasamos juntos en mi casa, quiero que me digan qué fue lo que les dije cada uno de esos días, qué hacíamos en mi casa, si alguno habló con mis viejos cuando llamaron de Chile, si alguien sabe algo de mi hermana Teresa, por ahí mandó una carta o algo, creo que se iba de viaje becada a no sé dónde.&lt;br /&gt;-Bueno, lo voy a llamar al Pícaro, pero mirá que cuando se trata de recordar algo con el Pícaro, cuando se trata de hablar, con el Pícaro sólo se hace de una forma, eh. ¿Estás dispuesto?&lt;br /&gt;¡Mierda carajo y la re puta, que mierda de drogadicto, que mierda todo la gran puta!&lt;br /&gt;-Si… dale, a la mierda con todo, yo quiero saber todo eso ya.&lt;br /&gt;Marcó el número, habló con él, estaba serio, el Pícaro era un personaje de la noche, un escalofriante  personaje de la noche, algo parecido a un Gurú.&lt;br /&gt;Un negro grandote con una voz grave, creo haberle caído simpático. Esa era la única manera de entablar una relación con él. Si no le caías simpático desde el primer momento, al carajo con todo, te mandaba a la mierda y a otra cosa.&lt;br /&gt;-Bueno, vos lo quisiste, a las doce de la noche está acá.&lt;br /&gt;-A las doce, no podía ser a otra hora, que negro jodido, se cree Satanás el muy hijo de puta.&lt;br /&gt;-¿Comiste?&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;-Comamos. Tengo unos bifes en T que descongelé, mirá lo que son, gigantes, para machos, puros machos.&lt;br /&gt;-Sos todo un macho, vos eh, macho medio gil, pero macho al fin. Lástima tu gusto por los trapitos, eh, por los hombres disfrazados de mujeres. Sin todo eso, serías más macho todavía, aunque no comieras tanta carne.&lt;br /&gt;Primer chiste luego de tanto tiempo, con Maro no podía ser de otra manera. Era como cuando dos enfermos terminales se juntan y están como a salvo, relajados.&lt;br /&gt;-Ya empezaste con las pavadas, qué gil. Aparte, macho es el que probó y no le gustó, ese es el verdadero macho, ya lo dice el dicho.&lt;br /&gt;-Justamente Marito, el qué probó y NO le gustó, y no de otra forma, eh…&lt;br /&gt;Volvía la joda, era difícil, casi imposible que Maro y yo estemos serios por tanto tiempo. Ya se estaba pasando toda esa amargura. Estaba de buen humor, hoy empezaría a recordar todo. Pero, por momentos, temía todo lo que creía poder recordar. Me angustiaban todos esos recuerdos. Me ponía serio, pero trataba de no pensar en eso.&lt;br /&gt;Tomábamos un vinito comiendo una rica carne, no hacía falta pensar en los problemas de la noche. Por que ya estaba decidido, iban a venir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333921807144364?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333921807144364/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333921807144364' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333921807144364'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333921807144364'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/jueves-negro.html' title='Jueves negro'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333909631855842</id><published>2006-07-19T16:57:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:50:59.430-03:00</updated><title type='text'>Amaicha</title><content type='html'>“¡Qué frío que hace, la gran puta!- Sonrío por la idea, no tan disparatada, de tener un hijito dando vueltas por el mundo, otro Sanchito para romperle las bolas a todos los humanos, la dinastía podía seguir, al menos en secreto.- Pero hace demasiado frío”&lt;br /&gt;Saco la bolsa de dormir, me tapo. El camino es de cornisa, el mismo que hizo el micro para entrar a Tafi, pero esta vez, para salir. Qué suerte que pude tener la visión para escapar, esas pendejas me estaban volviendo loco. Me acuesto, pienso con paranoia que no debería dormirme estando solo, me tapo con la bolsa de dormir, abrazo mi mochila, mi guitarra… Era muy temprano.&lt;br /&gt;Un rayito de sol me despierta, miro alrededor y el paisaje es increíble, no sé por qué la gente no viaja en camioneta, es gratis y mucho mejor que el micro, todo el paisaje para uno.&lt;br /&gt;Luego de pensar en eso, descubro que sí había gente que viajaba. En la caja, en mí caja, había un tipo sentado. Me saluda.&lt;br /&gt;“Que tal, buenos días.- Me dice.-Vas para Amaicha?”&lt;br /&gt;“Para Amaicha del Valle, sí señor. ¿Vos?”&lt;br /&gt;Hablamos todo el viaje, un tipo macanudo, que también viajaba solo. Un cordobés, lo distinguí al instante por su tonada, estaba de vacaciones por dos meses. Después de recorrer el norte se iba a ir para Perú.&lt;br /&gt;El hombre sacó un mate del bolso, le puso yerba cuidadosamente, porque el viento se la volaba, sacó un termo y comenzamos a matear.&lt;br /&gt;Qué simpático muchacho, tendría unos treinta años, con el cabello largo, un sombrero y grandes, gastados borcegos marrones.&lt;br /&gt;“Yo ya recorrí todo el mundo.- Me dice.- Va, no todo, pero sí una gran parte, lo único que me falta es Latinoamérica, y me parece que aquí está todo, todo por hacerse, todo por ver, lo mejor del mundo. Todos dicen: “Europa esto, Europa aquello. Qué lugares, que gente.” La verdad, para mí, lugares increíbles vamos a encontrar en muchos sitios. Bueno, está bien, Europa tiene lugares muy, muy interesantes para ver, pero no más que Perú, o que Bolivia. Acá está todo, pero la diferencia la hace la gente. Para mí, la gente es mucho más cálida en Latinoamérica que en Europa. Menos desconfiada, más amistosa. En general caen bien los turistas, los viajantes. Hay sonrisas, buena onda. En Europa, si vi eso, no venía de los residentes, sino de otros viajantes.”&lt;br /&gt;El hombre decía haber viajado mucho, me interesaba estar en el tesoro del mundo. Lo mejor siempre es pensar que dónde uno está es donde más tendría que estar, el mejor, el más importante de los lugares. Ese mismo, ahí estaba yo y recién empezaba a recorrerlo, por segunda vez, luego de dos años.&lt;br /&gt;Llegamos al pueblo, sin terminal, como hace dos años atrás. Perfecto. Arranqué para el camping donde me había quedado aquella vez, el más tranquilo, pero el menos cómodo. No pensaba estar demasiado tiempo, así que no me importó.&lt;br /&gt;El cordobés se fue para el otro camping, cosa que festejé…quería estar solo, sin que nadie me jodiera. Cuando nos separamos quedamos en encontrarnos a la noche en la clásica plaza central (única plaza central) que tienen todos estos pueblos del norte.&lt;br /&gt;La señora del camping, la dueña, no aparecía. Una chilena de Santiago que conoció a un Tucumano y se vino a vivir con él a Tucumán. Tenían este camping hacia tiempo ya.&lt;br /&gt;Cuando puse la carpa y me senté a descansar a la sombra, vino a tomarme los datos y por sorpresa mía me reconoció.&lt;br /&gt;“Ya estuviste en este lugar, el año pasado o el otro.-Me dice.- Yo me acuerdo, estabas con dos amigos y uno de ellos tocaba bien la guitarra. El mejor guitarrista que conocí. Le decían Romo, Remo…”&lt;br /&gt;“Rama”.- La corregí.-“Sí, eso, Rama, muy bueno el chico. ¿Viniste con ellos?”&lt;br /&gt;“No, esta vez vine solo. Qué memoria que tiene, eh. Yo me acordaba de usted, pero no pensé que se iba a acordar de mí.”&lt;br /&gt;“Y por qué, si hablamos un montón aquella vuelta que vinieron. Hasta comieron con nosotros, que yo les conté dónde había conocido al Mario. Comimos unos fideos que ustedes tenían con una salsa que hice yo. Claro que me acuerdo, aparte a los pibes, las chiquillas que no vale la pena recordar, los olvido, pero a la gente que me interesa, que me llama la atención no la olvido nunca ¿Por cuánto tiempo te quedas esta vez?”&lt;br /&gt;“No sé… por unos días”&lt;br /&gt;“No te acuerdas que el Mario los llevó a los tres a las Siete Cascadas en la camioneta”&lt;br /&gt;“Es verdad, en la camioneta azul, ¿no la tienen más?”&lt;br /&gt;“No, el invierno es difícil acá, la tuvimos que vender. Ya compraremos otra cuando se pueda.”&lt;br /&gt;Hablaba de un futuro que no le importaba, de un futuro invierno que se le iba a presentar muy difícil, justo como el anterior, pero no se quejaba, no estaba nada preocupada, tenía la mirada cálida, la sonrisa siempre dibujada. Parecía que ya tenía lo que necesitaba.&lt;br /&gt;“Si volvemos a estar apretados en el invierno no sé qué pasará, pero algo seguro que va a pasar. De hambre nadie se muere en este pueblito”.&lt;br /&gt;La viejita despedía tranquilidad del cuerpo, caminaba despacito, despacito, pasito a pasito. Me invitó a comer a la noche y acepté.&lt;br /&gt;Por la tarde fui a recorrer el pueblito. Llegaba gente de micros, mucha gente y de repente veo que se bajan las seis chicas y que van a buscar sus bolsos. Cuando corro la vista escucho el grito: “¡HEY, SANCHO!”&lt;br /&gt;Miro de nuevo y es la rubia dorada. “Qué haces, te nos escapaste, y sin decir nada. No te preocupes, después de putearte con esa forra era obvio que te ibas a escapar. Pero contame que te pasó.”&lt;br /&gt;Qué mierda le pasaba a esta mina, cuanto más me le escapaba más quería estar conmigo. Ahora que fugado, sin despedirme, sin nada, me encuentra y me dice esto, con esta euforia, este interés. Como si le interesara el hecho de ser abandonada.&lt;br /&gt;“Nos peleamos un poco, resultó una agresiva. Nada importante.”&lt;br /&gt;¡Tomá, nada!-“No le voy a decir nada”- Pensé. Que se quede con la intriga ¿Eso querías, que me aleje para que vos te acerques?... entonces te lo voy a dar. Indiferencia hasta que no se pueda sostener. Lo que ella necesita, yo se lo doy. Eso es lo que sufren algunas… las rubias, en general, el síndrome “te acercás me alejo, me acerco cuando te vas.”&lt;br /&gt;Lo clásico para volver loco a un hombre. Pero ese círculo se puede cortar o mejor aún, se puede usar, si es que tanto se lo conoce.&lt;br /&gt;“Me tengo que ir, me invitaron a comer y aparte me tengo que bañar, no querrás que huela mal, no.”&lt;br /&gt;“¿Pero no vas a comer con nosotras?”&lt;br /&gt;“No hoy, quizá otro día”&lt;br /&gt;Perfecto, ya parecía interesada de nuevo. Era hora de que ella piense un poco y de que yo me relaje. Buena hora.&lt;br /&gt;Llegué al viejo camping (la idea de estar viviendo en una carpa me resultó extraña, pero divertida, una pequeña casa que te obliga a vivir la vida en las calles de tierra de estos pueblitos), busqué una toalla y me bañe con agua caliente, todo un privilegio. Al salir era el rey de los reyes. Sí, es completamente cierto, el sexo es el que calma a las bestias, no la música, las seda, pueden pensar con claridad.&lt;br /&gt;Me vestí tranquilo, desodorante, talco en las zapatillas, calzoncillo limpito y a comer. En la casa que se veía iluminada desde la carpa estaban el Mario, la vieja y dos chicos de nueve y seis años, sentados, esperando ese guiso carrero que tan bien preparan en Tucumán. Un olor que genera el más inconfundible hambre.&lt;br /&gt;Comí, charlamos, reímos, tocamos un poco la guitarra y la calma volvió como un pajarito que se posa en la rama de un árbol.&lt;br /&gt;Al terminar de estar con esa gente me fui para la plaza, caminando despacio, sin apuro alguno, con las manos en los bolsillos, pateando piedras. Me encontré con las chicas, con el muchacho de la camioneta, con todos los que estaban en Tafí y pensé en irme.&lt;br /&gt;“Llegaste, pensé que no ibas a venir”.&lt;br /&gt;“Bueno, acá me tenés, fresco y limpio como una lechuga.”&lt;br /&gt;Las amigas miraban con cara de no entender el por qué de mis acciones, claro, había sido amable, gracioso, sencillo y me había fugado como un delincuente. Yo me mantenía en el misterio, no me interesaba explicarles nada, qué les iba a decir. Nada.&lt;br /&gt;Me acordé de las cascadas, de las siete cascadas y decidí ir.&lt;br /&gt;“¿Qué vas a hacer mañana?”&lt;br /&gt;“Ir a unas cascadas que hay por ahí… ¿Ustedes que van a hacer?”&lt;br /&gt;Se quedó mirándome, esperando una invitación, no llegó. Se auto invitó. “Si querés, si no te molesta te acompañamos, estaría bueno conocerlas. ¿Son lindas? ¿Vos ya fuiste?”&lt;br /&gt;“Sí, cuando vine las conocí, si se puede pasar a la siguiente cascada va a ser muy divertido.”&lt;br /&gt;“Bueno, yo salgo a las ocho”.-Le dije manteniendo mi rol.- Si quieren venir avísenme, yo voy a estar en el quiosco aquel, donde se alquilan autos.”&lt;br /&gt;Me despedí de ella con un beso, de las demás con un saludo a distancia. Di una vuelta a la plaza con gusto a tristeza por ver a tantos amigos disfrutando y yo estando tan solo.&lt;br /&gt;Al acostarme en la carpa escuché alaridos de chicas por unos grillos en su carpa. Extraño que monstruos de cincuenta kilos se asusten por bichitos inofensivos. La histeria femenina es impactante.&lt;br /&gt;Despierto a las ocho y veo que las chicas están en mi camping tomando mate, esperándome. Las saludo sorprendido, me visto, salgo y nos encaminamos para las cascadas, por suerte el calor había empezado temprano y se podía disfrutar tranquilamente de un día de agua y arena.&lt;br /&gt;Llegamos al quiosco, preguntamos por las cascadas y por un peso cada uno podíamos ir. Barato. Fuimos, tardamos dos horas yendo a una velocidad increíble por un camino de tierra y piedras. La camioneta, levantando una nube de polvo, comiéndose el camino, llevando a seis chicas asustadas y a un muchacho que disfrutaba del viento en la cara. Me hubiera parecido extraño pensar que ese pajuerano pudiera chocar, recorría ese camino todos los santos días después de todo.&lt;br /&gt;Llegamos, subimos, las chicas se quedaron en bikini, yo me zambullí en el agua, que estaba fría, nos divertimos un buen rato. Traté de pasar al otro lado, pero no pude. En los años anteriores había una especie de escalera improvisada para pasar. La habían sacado.&lt;br /&gt;Pasamos el día ahí y a la vuelta comenzamos a caminar. Ellas estaban seguras de no haber tardado tanto, pero no tenían en cuenta la velocidad del vehículo. Accedí a volver caminando, sabía que no pasaban muchos autos y que sería un viaje largo.&lt;br /&gt;Caminamos por veinte minutos y las chicas comienzan a quedarse atrás, yo pensé que querían hablar entre ellas, cuando de repente… hacen dedo, un autito las levanta y las mete a las seis en el asiento de atrás. ¡En el asiento de atrás a las seis!... “¡Pero la puta que las parió, hijas de puta!”...¡Qué boludo, lo tendría que haber esperado de estas putas!&lt;br /&gt;Lo peor es que no lo hicieron para vengarse. ¿De qué se iban a vengar? Cuando se fueron, me sonrieron como diciendo: “Chau Sancho, te sonreímos para que no pienses que somos unas hijas de puta… no vayas a pensar que somos de lo peor”. Cómo las odié, dejarme ahí, en el medio del culo de la nada, sin casas o personas que ver, y en subida.&lt;br /&gt;Cuando la subida llegó a su fin, pude ver lo lejos que estaba. No se veía el pueblo desde esa loma, no se veía nada, iba a tener que caminar quién sabe cuanto tiempo. ¡Qué putas!...&lt;br /&gt;Caminé y caminé y caminé hasta que me crucé con una casa color cal. Una casa en el medio de la nada, con una vieja que llevaba la piel machucada, colgando. Estaba barriendo la entrada. ¡Pero si barría el mismo polvo del que estaba hecha la entrada, no tenía sentido!... Parecía tan triste, pero tan triste… barriendo, mirando el suelo. Como si barrer fuera algo entretenido. Movía la escoba de un lado a otro, como buscando algo entre el polvo. La llamé, levantó la cabeza y me miró como si fuera un marciano.&lt;br /&gt;“Buenos días señora, no sabe para qué lado está Amaicha”&lt;br /&gt;“Si, tiene que ir para allá, caminar unos diez kilómetros y doblar a la derecha, luego a la izquierda y…&lt;br /&gt;Luego de pronunciar esas palabras que se disolvían en el aire antes de llegar a mi oído se metió en la casa.&lt;br /&gt;“Bueno.- Pensé.-Al menos sé que es para allá.”&lt;br /&gt;Caminé por una hora y el camino se bifurcó. Tenía que elegir un lado…cincuenta y cincuenta de posibilidades. Elegí el de la derecha por pura arbitrariedad. Seguí caminando, ni una casa… nada. Se volvió a bifurcar, volví a elegir la derecha sin saber por qué. Tuve ataques de bronca por no haber prestado atención al camino de ida. Divisé una casa, apuré el paso. No había nadie afuera. Pensé: “toco la puerta para preguntar”.-Ya estaba oscureciendo y empezaba a hacer frío.-Bueno al carajo, yo toco y pregunto.”&lt;br /&gt;Toqué, salió un viejo serio con una botella en la mano. Me dijo unas palabras que no llegué a separar y me puso una mano en la espalda haciéndome entrar a su casa. Cuando entré, vi que solo había un colchón en el piso, una pequeña montaña de botellas de vino, rotas y sanas, una mesa y las paredes comidas por el tiempo. Lo miré a los ojos y no supe qué hacer, con su enorme cuerpo tapaba la puerta. Di dos pasos hacia atrás y traté de pensar, no pude. Volví a tratar y le dije que necesitaba saber cómo llegar a Amaicha del Valle… ¡No respondía!.. ¡Se quedaba mirándome fijo!… ¡En qué lugar me había metido!... Las cosas estaban muy mal, muy mal. Me quedé duro como se queda un cachorro ante la presencia de un perro adulto que se le acerca. Cuando se me acercó, sin decir una palabra, una gota de sudor me corrió por la frente, una gota fría, la pude sentir bajar, creí que él la estaba viendo y que así sabría que estaba muerto de miedo… ¡Se acercó más!... ¡Estábamos a centímetros!... No dejábamos de mirarnos fijo a los ojos. Me quería leer la mente, lo estaba logrando. Retrocedí unos pasos, vi que él ya no estaba tan cerca de la puerta, se me venía encima. Retrocedí más y corrí hacia él, lo empujé, caímos los dos, trató de sujetarme, me solté, abrí la puerta y corrí. Ya era de noche y no había señal de que hubiera escogido bien algún camino desde esas dos bifurcaciones.&lt;br /&gt;Tuve que decidir en un segundo y corrí para el lado hacia donde me dirigía, sentí que me seguía de cerca, no podía pensar, solo correr. No se veía nada, solo alumbraba la luna. Luego de unos segundos me acostumbré y pude ver mejor. Seguía estando en el culo del mundo.&lt;br /&gt;Veo dos luces acercarse. Pienso en que o es ese viejo o un auto cualquiera que me puede llevar. Hago dedeo y no para. ¡Mierda!... Sigo al trote por las dudas, me siento en el suelo, me levanto, ya no doy más. Sigo caminando. Caminé por un par de horas cuando empezaron a aparecer casas. Diviso a una persona. ¡Qué alivio!... “Sabe para dónde está Amaicha del Valle, el centro de Amaicha…”&lt;br /&gt;“Derechito, cinco cuadras…”&lt;br /&gt;Caminé por diez minutos y apareció. Qué alivio tan grande, el corazón me seguía latiendo como tambor. Me apuré para llegar al camping, abrí la puerta de la casita y me recosté hasta ya entrada la noche. Lo peor ya había pasado.&lt;br /&gt;Al salir de la carpa, encuentro a la vieja chilena y le pregunto por aquel hombre. “Es el Loco.”-Me dice. También me dijo que era bastante peligroso, que había estado preso por violación, pero que como no molestaba a nadie lo dejaban tranquilo.&lt;br /&gt;Pensé en salir, pero al ver a las chicas acercarse al camping me metí en la carpa. Escuché que preguntaban por mí y que la vieja las dejaba pasar. Cuando llegaron hasta mi carpa me hice el dormido, gritaron por unos minutos y se fueron. No se atrevieron a abrir la carpa, creo que sospechaban que no estaría de humor luego de ser abandonado en el culo del mundo.&lt;br /&gt;Amaicha, qué lugar. Salí una hora después de que las chicas se fueran, compré una cervecita y me senté en la plaza a tomarla. No estaba de humor, nada de humor. Había caminado, la había pasado mal y no tenía con quién compartirlo, nadie que valiera la pena, que me creyera esa historia imposible que no le había pasado a nadie.&lt;br /&gt;Tomé mi cerveza y me acerqué a una guitarreada que había en unas escalinatas de la plaza. Resulta que por primera vez escuchaba canciones buenas, bien tocadas y para culminar, una linda chica me miraba desde aquella rondita. Me acerqué y me puse a cantar una canción con ellos. Era una de Bob Marley, muy linda, tranquila, algo sufrida. Me di cuenta de la importancia del canto. Luego de un día así, todo quemado, con el cuerpo que se me prendía fuego, con la cabeza dolorida por el sol y la caminata, solo, habiendo escapado de un loco de mierda, necesitaba cantar y canté un buen rato. Luego toqué yo y cantaron algunos temas populares que me sabía. Fue un alivio. La chica se me acercó, era bastante linda, interesante. Le pregunté su nombre, Ailim, un nombre Mapuche. Era, sin duda, una descendiente de los Mapuches, la última india americana, esa hermosura extraña me parecía rara. Pero muy linda. Luego de hablar y de tomar cerveza me tuve que ir a dormir, ya no soportaba mi cuerpo y vi que esa tal Ailim estaba muy codiciada y no era de las que se consiguen en una noche.&lt;br /&gt;Al llegar al camping y aproximarme a mi carpa noté que alguien me esperaba en la puerta. Era Camila.&lt;br /&gt;“Hola Sancho, me preocupé bastante cuando nos subimos al auto y vimos todo el trayecto. Nos asustamos, creímos que te ibas a perder, estás bien, tenés una cara que ni te cuento.”&lt;br /&gt;¡Una cara que ni te cuento!… ¡forra, me dejaron a pata, hijas de puta y la re puta que la re parió!&lt;br /&gt;“Sí, es que caminé mucho”.-Todas las puteadas que le quería decir me las guardé, quería ver qué mierda hacía. Ella me había contado de muchas peleas que había tenido y la verdad es que se enojaba por un tercio de lo que había hecho. Estaba seguro que se sentía culpable. Yo ya había sufrido todo el camino horrible de vuelta y no quise tener otra disputa, ponerme nervioso, estar evitando gente. Tampoco, eso sí, me iba a hacer el amiguito luego de una guachada como esa. Eso sí que no.&lt;br /&gt;“¿Estás enojado con nosotras? No se te ve enojado.”&lt;br /&gt;“¿Y vos qué hubieras hecho si hubieras estado en mí situación? Pero, no cuando te dejaban, cuando volvías y te los encontrabas.”-Pensó por un segundo y me miró a los ojos con la respuesta.-“Yo los mando a cagar, pero por suerte no somos todos iguales, ¿no?”&lt;br /&gt;“Andate a cagar”. Con la calma más suave, dándole una pitada a mi cigarrillo, la miré fijo y le dije que se fuera a cagar. Ella me miró, se paró y me dijo: “No pensé que eras así, pensé que hoy nos podíamos reconciliar, para eso vine.”&lt;br /&gt;“¿Pensás que quiero algo con vos?” En realidad me la hubiese cogido sin chistar y más con la bronca que tenía, pero ya era tarde, no iba a soportar nada más, era el fin.&lt;br /&gt;“No estoy enojado, pero me pasaron muchas cosas hoy, todas malas, una cagada y lo que necesito es mandarte a cagar… es justo lo que quiero hacer.”&lt;br /&gt;“¡Andate a cagar!”… -Me mandó a cagar también. Le di otra pitada a mi cigarrillo y dándole la espalda me metí en la carpa y cerré el cierre.&lt;br /&gt;Me acuesto fumando, mirando el techo de la carpa y ella entra, se me tira encima y me besa apasionadamente, poniendo sus manos en mi cara… ¡Qué cosa más rara!... ¡Pero ahora sí que no se salva!... ¡La hija de puta de la rubia!... ¡No podía ser más rubia!... ¡A esta le gustaba que la mandaran a cagar!.. ¡Me lo hubiera dicho antes!&lt;br /&gt;Se despertó con migo después de una noche violenta, de sexo violento, vengativo, nada parecido a una reconciliación. Me quiso dar un beso y no la dejé, la hubiera matado con ese aliento a sorete de perro. Se enojó y se fue. Yo sonreí por todo y volví al sueño hasta que el calor se hizo insoportable. Al despertar me levanté, tomé unos mates deseando un café negro, levanté todo, pagué la estadía, abracé a la vieja y me fui. Al despedirme, desde lejos me gritó: “Has hecho bien, esa chiquilla es de las que se olvidan con facilidad.” ¡Qué grande la vieja!... habíamos charlado por horas en la mesa. Me guiñó el ojo y me saludó en la distancia. Le grité que volvería con el guitarrista y la invitaríamos a cenar. “¡Es una promesa!”.-“¡Que sea en invierno entonces!”&lt;br /&gt;Ya en la ruta recordé que había olvidado la toalla, pero no iba a volver por ella. Luego de dos camionetas que no quisieron llevarme me levantó una combi, esas “Volswagen” de hippie, llena de viajantes felices. Me saludaron indicándome que me llevarían hasta Cafayate si tocaba la guitarra con ellos durante el viaje y si en la primera parada compraba bizcochitos para el mate. Saqué un porrito y les dije: “Compro los bizcochitos, pero cuando nos de hambre.” Si había algo seguro en el mundo, era que esa banda de mugrientos fumaba porro. Se rieron, nos presentamos y fuimos acercándonos cada vez más a Cafayate, pero en una nube de humo que nos hacía cagar de la risa sin siquiera conocernos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333909631855842?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333909631855842/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333909631855842' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333909631855842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333909631855842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/amaicha.html' title='Amaicha'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333898533924586</id><published>2006-07-19T16:55:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:51:35.103-03:00</updated><title type='text'>Primavera perdida</title><content type='html'>Salí del baño, los perros ladraban a lo loco, algo raro estaba pasando. Estaban encerrados en la cocina, no los dejaba pasar porque rompían todo. Miro la puerta de calle y está abierta, veo una sombra… ¡Un negro gigante está en la entrada de mi casa!&lt;br /&gt;“¡Qué mierda pasa, esto no es público, que querés, tomatelas mejor, eh!... ¡No estoy solo!”&lt;br /&gt;“Tranquilo, chico, no vine a hacerte daño, en serio, relájate.”&lt;br /&gt;Maldito hijo de puta, qué pasaba, qué quería este negro gigante con acento latinoamericano y un gorrito de tela en la cabeza.&lt;br /&gt;“¡Pelotudo, dejaste la puerta abierta!-Me sorprende Maro, escondido en la escalera.-Este es Pícaro, un amigo que conocí en Europa y que el viento se encargo de traer a Buenos Aires.”&lt;br /&gt;“Que susto te has pegado, mi Sancho, si te dije que no iba a hacerte daño…”&lt;br /&gt;Cuando reía sus dientes blancos, perlas enormes, brillaban dentro de una mueca convincente, cálida y enorme.&lt;br /&gt;Un negro de más de dos metros, el negro Pícaro, sólo Maro podría conocer un tipo así.&lt;br /&gt;“Bueno, pase Don Pícaro, no se me va a quedar en la puerta.”&lt;br /&gt;“Bueno Don Sancho, pero puede tutearme si así lo desea, tampoco me llame Don, que no soy ningún noble.”&lt;br /&gt;Mis padres se habían ido a Chile por unos meses, mí casa estaba sola y yo lo había llamado a Maro para que se viniera.&lt;br /&gt;Abrí un vinito, saqué tres copas, puse un compact de Talking Heads, “Remain in Ligths”y nos pusimos a charlar.&lt;br /&gt;El Maro comenzó a contarme sus locuras de Europa.&lt;br /&gt;“Sabés como lo conocí al Pícaro…Estábamos con mi hermana manejando a los pedos en Budapest y habíamos tomado unos hongos que llevábamos desde Ámsterdam, así que mientras trato de dar una vuelta en U en una avenida doble mano, mirando para atrás, no vi a uno que estaba con las balizas puestas y le hice mierda la parte de atrás. Se bajó súper caliente y me dijo mil puteadas en no sé qué idioma, creo que húngaro.-Se moja los labios con el vino y le saca una pitada al cigarrito que estábamos fumando-. Le expliqué que tenía seguro, que ya podía calmarse, pero el tipo estaba como loco. Decía que el seguro estaba vencido, que no servía de nada, que mejor lo iba a solucionar la policía. Eso lo dijo en un inglés complicadísimo.&lt;br /&gt;Sacó su celular y llamó a la policía. Cuando llegó el cana, se quedó hablando con él. El poli me dijo que el hombre había pedido la intervención de no se qué tipo de juez y que teníamos que ir a la comisaría.&lt;br /&gt;Resulta que los hongos los habíamos tomado ya hacía varias horas pero seguían haciendo efecto los hijos de puta.&lt;br /&gt;Llegamos a la comisaría y mi hermana no se podía contener de la risa, estaba tentada y me hizo reír a mí también. -Sonreía mientras se agarraba la frente gesticulando.- La idea de chocar en Budapest, de no entender nada, de que el auto se haya echo mierda era tan trágica que nos causaba risa. Aparte de haber tomado esos hongos mejicanos que nos garantizaban horas de carcajadas.&lt;br /&gt;Resulta que me atiende el juez y me dice que el hombre está muy enojado, qué yo le había faltado el respeto, que no tenía seguro y que encima lo choqué mientras hacía una vuelta en U.&lt;br /&gt;“Lo has chocado mientras cometías dos infracciones a la vez”, me dijo. “Esto no es Argentina, quizá no sea el mejor país del mundo, pero aquí no es todo un caos”.&lt;br /&gt;No sabía cómo hacer para no reírme. Me puso tres multas y me dijo que tenga cuidado.&lt;br /&gt;Cuando salí, luego de tres horas, ya estaba cansadísimo y no me había dado cuenta que había dejado las balizas encendidas. ¡No lo podía creer, no tenía batería!... “¡Mierda!”Pensé, “¡Qué pelotudo que soy, no lo puedo creer!”-Se reía a carcajadas el negrote, mientras sostenía esa copita de vino en sus manos gigantes.- “No lo puedo creer, no lo puedo creer, qué tarado”, encima esto, sin batería.&lt;br /&gt;Entro a la comisaría de nuevo y pido ayuda, nadie quería hacerse cargo de nada. No hablaban inglés, me miraban con cara de enojados, de budapestos enojados con migo por ser un sudaca sin límites. Sólo un policía me habló inglés y me dijo que sí, que me iba a llevar a una estación de servicio a que me cargaran la batería.&lt;br /&gt;Salimos de la comisaría y me ata una cadena a la camioneta. Con su patrullita, remolca la camioneta gigante, hacía muchísimo esfuerzo para remolcarla, no entendía por qué… ¡Tenía el freno de manos puesto!, ¡qué estúpido!, lo saco y la camioneta choca inmediatamente a la patrulla, ¡le tira a la mierda el paragolpes y sigue sin frenos por la calle en bajada con un paragolpes colgando de una cadena!, todo sacando chispas. ¡Me puse blanco, no lo podía creer, estábamos por cruzar una avenida!... ¡La cruzamos en rojo!... Nos tocan el silbato unos policías, el auto no se detenía, no tenía más frenos. Mientras se iba frenando vi el cartel del taller mecánico, justo en su puerta.&lt;br /&gt;Me bajo y el mecánico chorro me quería arreglar todo el auto, pero casi me lo exigía. “¡No, solo necesito que me cargues la batería!”&lt;br /&gt;Insistió e insistió, hasta que le di diez dólares para que me la cargara, “no tengo más, si me arreglás todo este choque por diez dólares, arreglalo, yo no tengo más plata.” Después de decirle eso en mi más claro inglés, me cargó la batería y me fui pitando de ahí con otra multa más. Qué hijo de puta, los dólares son el lenguaje universal, no importa nada más. “Solo tengo esto”, cuando los vio entendió todo el budapesto de mierda.&lt;br /&gt;Después de todo ese día de mierda nos fuimos a un bar a tomar un vino medio raro. Al volver del baño veo que un negro está hablando con mi hermana. Esos hongos nos habían dejado de cama, así que me senté, lo saludé y me limité a escucharlo. El negro, cuando me vio, me puso una cara de odio, luego a ella, luego me explicó que ese día a la tarde le había chocado el auto de su madre, el coche nuevo de su madre y que me habría matado con gusto de no haberse controlado. Me dijo que llamó a la policía para no matarme.&lt;br /&gt;Nos quedamos charlando, él, mi hermana y yo, ya era tarde para enojos. Nos reímos los tres cuando le conté como había sido mi día. Después de eso nos hicimos amigos de inmediato”.&lt;br /&gt;El negro no paraba de reírse mientras y después de la anécdota. Una risa trabada, grave, que lo doblaba a la mitad.&lt;br /&gt;“Así que este el es famoso budapesto que chocaste en Hungría, eh…”&lt;br /&gt;“Por qué famoso”. Preguntó el negro, todavía risueño.&lt;br /&gt;“Porque me mandó un mail diciéndome que había chocado el auto en Budapest, pero no me dijo nada más. Ni me imaginé que le había pasado todo esto.”&lt;br /&gt;Seguimos charlando y después de dos horas cayeron dos amigos de Maro que yo conocía solo de nombre, Lucas y Damián. Lucas tenía cara de buen tipo, pero Damián miraba de una forma escalofriante, terrible, los ojos en medio de unas ojeras violetas, casi negras, miraba fijo como si quisiera parecer un tipo franco, verdadero.&lt;br /&gt;Después de llegar y de tranquilizarse, sacaron un bollo de papel de diario, lo abrieron y estaba lleno de unas plantas, unas hierbas medio extrañas.&lt;br /&gt;“Bueno, el que quiere irse de viaje con nosotros que saque un boleto de ida, cuesta setenta pesos y se lo estamos dejando a precio por ser amigos.”&lt;br /&gt;“Qué tiene eso”&lt;br /&gt;“No sé.-Dijo Maro.-Pero yo voy a sacar un boleto, ¿te saco uno?”&lt;br /&gt;“Y bueno, a dónde nos vamos ¿A esas hierbas le dicen boletos?”&lt;br /&gt;“¡No!.-Me dice su amigo.-Estas son solo el micro que nos llevan hasta la terminal, el viaje entero consta de muchas paradas”&lt;br /&gt;Saco un boleto, me subo al micro y me siento tranquilo. Estábamos todos listos para caminar por la ciudad.&lt;br /&gt;Cuando salimos a la calle veo que el cielo es naranja, naranja oscuro. “Qué carajo pasa en el cielo Maro, vos lo ves, está naranja.”&lt;br /&gt;-Me parece que nos están siguiendo, Sancho, son agentes de la policía.-&lt;br /&gt;“No, Maro, no seas paranoico, no pasa nada.”&lt;br /&gt;“¿A quién le hablás, Sancho?, Maro está en aquel kiosco comprando algo.”&lt;br /&gt;Levanto la vista y veo que Maro está a media cuadra de distancia. De pronto siento la sensación de que alguien o algo nos estaba siguiendo. Miro alrededor y era cierto, si bien estaba toda la calle vacía, era seguro que iban a llegar los equipos de S.W.A.T en segundos, quizá bajarían de los helicópteros. Estaba transpirando.&lt;br /&gt;“¡Vamos!-Grité.-Vamos, que ya están llegando”&lt;br /&gt;“Vos estas llegando”.-Me dijo Damián y todos rieron. Sus risas me confundían, estaban conspirando contra mí. Era obvio, ya lo tenía muy claro, querían mis órganos para cambiarlos por más droga, se caía de obvio.&lt;br /&gt;Pensé en cómo podría hacerle daño al negro gigante, no encontré la forma. Era demasiado grandote, con uno de sus puñetazos me dejaría inconsciente, en el suelo y sería el fin. Pensé en correr, pero él me alcanzaría seguro, con sus piernas largas podía recorrer todo en menos tiempo, estaba en total desventaja. Caminamos más, en silencio. Pienso en darle un golpe en la nuca al negro, con un cascote y salir corriendo, ninguno de los otros podría alcanzarme.&lt;br /&gt;“Bueno, está decidido.-Pienso.-Cuando vea una piedra considerable se la parto en la cabeza al negro y salgo corriendo”.&lt;br /&gt;“Qué estas por hacer loco de mierda...-Me dice Maro, agarrándome de la nuca. -¡No vayas a hacer cagadas, paranoico del orto!”.&lt;br /&gt;“Maro, vení, vení, escuchame.-Le susurraba para que nadie nos escuchara.-Los órganos Maro, nos van a robar los órganos, tenemos que rajar. Por favor Maro, cuando veas que corro, seguime.”&lt;br /&gt;“Pero vos… ¡Jajajajajaja…JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!…Loco de mierda.&lt;br /&gt;Cuidado con este loco que piensa que le van a robar los órganos del cuerpo”&lt;br /&gt;Me delató delante de todos, maldito Maro. ¡Hijo de puta!&lt;br /&gt;Lo pienso por un instante y es una locura, me río también. Qué me estaba pasando. El cielo estaba totalmente cambiante, ahora se veían nubes que respiraban mientras formaban un espiral. Los árboles se movían de golpe hacia mí. No paraba de asustarme con cualquier cosa de la calle.&lt;br /&gt;“Bueno…-Me costaba entender sus palabras, comenzaban a hablar un lenguaje desconocido, pero con palabras en común con el mío.- Tomen sus medicinas, sin esto podrían morir…”&lt;br /&gt;Saca un frasquito y nos lo echa en las remeras. “Respiren de esto, si respiran el aire puede ser fatal, solo háganme caso, respiren, respiren.”&lt;br /&gt;No confiaba en él. Todos entendíamos que esa era otra de las terribles drogas del viaje, pero tampoco podía bajarme en ese desierto, solo, no sabría qué hacer. No quería estar aislado, aspiré de la remera y mis manos fueron tomando otra textura, eran suaves como la seda. “Manos sedosas”.&lt;br /&gt;Seguimos caminando, la noche era guardiana de todas las cosas, nos observaba desde el cielo, lo cambiaba de color para avisarnos. -Qué maldita, ya sabe que estamos acá-&lt;br /&gt;-¿Quién sabe, Sancho?-“La nube sabe, la nube sabe todo”&lt;br /&gt;“Qué nube, de que hablás, no ves que estamos solos, los demás ya se fueron”&lt;br /&gt;“A dónde”&lt;br /&gt;“A donde cagó el conde…Jajajajajaja Qué susto Sancho, SanchoSanchosanchosanchosancho. ¡CHOSAN!... Tu nombre clave es SOCHAN”&lt;br /&gt;“No forro, mi nombre clave es CHOSAN”&lt;br /&gt;“Ah…sí, sí, sí… CHOSAN. Chosan el terrible.”&lt;br /&gt;Hablábamos sin sentido, sin sentido para los otros, pero no para nosotros, porque todo tenía tanto sentido que casi sabía la causa de todo. “Todo está tan claro ahora Maro, tan pero tan claro… No sé cómo no me di cuenta antes…”&lt;br /&gt;“¿Qué cosas están tan claras, CHOSAN?”&lt;br /&gt;“No sé, Maro… las cosas…todo”&lt;br /&gt;La noche iba perdiendo su color al tiempo en que los pájaros cantaban para molestarnos.&lt;br /&gt;“Vamos al bar de borrachos, ahí nos esperan CHOZAN”&lt;br /&gt;“¿Quiénes nos esperan?” Pregunté notando que sólo estábamos nosotros dos.&lt;br /&gt;“Las medicinas, cabezón, las medicinas”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todo lo que habíamos hecho solo quedaban los restos de unas pupilas que no enfocaban. ¡No podían enfocar!... Veían solo la puta arena del aire… y por un segundo… sí, enfocaba… pero no… ¡No! No podía enfocar.&lt;br /&gt;Y la guitarra de Jimi Hendrix en las manos de Rama claro, sonaba… con gritos ajenos y de los músicos… “My babe…i don´t need them” Sí… un tema ajeno pero bien tocado. La puntualidad del lugar, con sus asientos anti-rock, era Acatraz. Los chicos trataban de tocar tranquilos y los hijos de puta los corrían con el tiempo. Otra vez ese conchudo del tiempo molestando a mis amigos. No podía hacer nada para detenerlo.&lt;br /&gt;Sus instrumentos seguían distorsionando el ambiente, por momento… y luego… tranquilidad… ¡Chan chan chan chan CHAN! EXPLOTABAN y todo el mundo a moverse… un jazz rockeado, con un toque de funki y algo electrónico que se volvía a lo clásico del rock…&lt;br /&gt;Gritaba… “ídolo, te amo… los amo… ¡Los más grandes hijos de puta!”. No podía contenerme…la música… ¿calma a las bestias?... Creo que las vuelve locas, al menos a estas bestias las volvía locas… la guitarra no paraba de seguir y frenar… y seguir más y más rápido… y la batería entrando, fundiéndose y apagándose, para fundirse en el fondo, donde el bajo renacía con ella de fondo y una Gibson adueñándose de la historia… ¿calmar a las bestias?... ¡Pero si me volvía loco, el descontrol total!&lt;br /&gt;Terminaba la canción, gritaba, más gritos, se contagiaba la locura, todos gritaban…&lt;br /&gt;Cerveza, más cerveza y más. No tenía fin. Hace cuántos días que estaba fuera de mis cabales. Temí volverme loco esquizofrénico agresivo alucinógeno… sólo por un momento, luego mí “medicina”, con los demás y seguíamos, días y más días. Pero cuánto duraría este viaje, no creía lo que veía… ¡pero hace días que no lo creía! Ya sólo sentía y gritaba, reía y miraba, tratando de enfocar. Bailé mucho en esa época y en estos shows enloquecía, simplemente lograban hacerme enloquecer. ¡Malditos! Sí, ¡bravo!... ¡Ídolo, bravo, bravo!... ¡Los mejores!... Sí, ¡síiiiiiiiiiii!&lt;br /&gt;Miraba a Maro, él tampoco podía creerlo, estábamos tan, pero tan excitados que no nos podíamos contener a nosotros mismos, reíamos, cuando las circunstancias indicaban que teníamos que controlarnos y no lo hacíamos… simplemente reíamos por nuestro interés perdido en una niebla de sensaciones graciosas y de desenvoltura, desvergüenza… No podía seguir así…Pero seguía, seguíamos, hasta la victoria… “¡Hasta la puta victoria!” Risas, carcajadas, gritos, falta de aire de tanto reír… Ya no se podía sostener ese desequilibrio, si no parábamos… tendrían que pararnos… Nadie se atrevería… Nadie lo hizo. Perfecto.&lt;br /&gt;Los días pasaban, no veía, mis ojos que nunca me habían presentado problemas no podían enfocar, era terrible.&lt;br /&gt;No sé hace cuanto que estoy así, ni siquiera sé porqué empecé, pero esa chica quiere algo con migo… Tengo el cuerpo tan caliente que creo que hasta podría hablarle.&lt;br /&gt;“Hola… no te asustes, soy pacífico… no quiero hacerte daño…”&lt;br /&gt;Me miraba confundida, no sabía qué responder, la estaba perdiendo. La batería de fondo estallaba, pero realmente estaba sonando, sufriendo una fiebre musical… y se apagaba, se apaga, se apagó… ¡Blum!... Explota el puto lugar, fue un amague… explotaron todos los instrumentos a la vez, más rápido imposible… no podía evitar disfrutarlo hasta con la última partícula de mi cuerpo… Eso me alejó…&lt;br /&gt;“No me vas a saludar… ¡Pero qué chica tan maleducada!”&lt;br /&gt;“Hola”. Me dijo, no sé si estaría pensando que de lejos me veía mejor, pero ya era demasiado tarde para ella… Demasiado tarde para mí.&lt;br /&gt;“Qué hace una chica de Belgrano en este lugar de locos muertos de risa…”&lt;br /&gt;La empezaba a incomodar, sin darme cuenta era odioso, con mis preguntas la dejaba afuera de la diversión sana, la juzgaba, la veía como una extraña…&lt;br /&gt;“Soy de Palermo, no de Belgrano…”&lt;br /&gt;“Me cago en la diferencia…” Ya había sido demasiado, el verbo cagar en primera persona no era muy amable, menos en el tono de borracho agresivo…&lt;br /&gt;“Y vos de dónde sos… ¿de abajo del puente?”&lt;br /&gt;Las amigas se rieron para dejarme mal parado. Por inseguro estaba maltratando a esta conchudita, y eso que me la quería llevar para el rancho.&lt;br /&gt;“Sí, vivo en un puente, nunca termino de cruzarlo, lo que pasa es que…Bueno, no tendría sentido explicarte, vos vivís en Belgrano-“¡Palermo!”-Interrumpió.-Bueno…la misma mierda.”&lt;br /&gt;La situación no daba para más, en mi intento por acercarme al sexo opuesto, en mi estado, solamente había afirmado mi teoría. Mi teoría se basaba en que por la inseguridad que me generaba mi estado catatónico trataría de defenderme, antes que me atacaran. Una cagada. Igualmente, en mi estado y si una casualidad me lo permitía… sólo podría ver como mi verga se quedaba muerta tratando de entrar a un agujero que solo admite una cierta flacidez. “Mmmm, no, perdón, no … ¡Ya no lo intente, está muerta, bueno, dormida!... No, no hay caso”. Únicamente podría elegir la opción de matarla con mi pija muerta a vergazos flácidos en la cara. Le sacudiría los cachetes y sabría que soy todo un macho, no penetrante, pero ¡qué bifes se comería!…&lt;br /&gt;Bueno en fin, ya no quería ni podía escucharla… En el primer silencio me fui alejando de a poco, como quien ya no quiere la cosa. Fin. “Bien hecho Sancho, te comunicaste con otro sexo, en realidad… atacaste verbalmente a una pobre joven de clase media”. Nada mal, solo iban unos días del estrangulamiento cerebral… en unos días más, quién sabe en qué terminaría. A esa altura nada me daba miedo. Bueno casi… todavía era aracnofóbico… es más, aún era más aracnofóbico que antes, veía arañas en todos lados, pero solo por momentos.&lt;br /&gt;Vueltas, vueltas y más vueltas… pero qué caraj… Damián, acá, ¿no se había ido?&lt;br /&gt;“¿Qué mierda haces acá, no te habías ido?”&lt;br /&gt;“Vengo en son de paz, ustedes compraron un periplo por el mundo invisible, por la laguna de los dementes risueños… Acá están sus próximos destinos…”&lt;br /&gt;Nos dio pastillas y un cartón gigante. “Qué hacemos con esto, hace días que no duermo, Maro, creo que en una situación como esta, yo elegiría dormir, pero no se si ahora lo disfrutaría. Creo que estaría revolcándome en la cama por decenas de horas.”&lt;br /&gt;“CHOSAN, ni se te ocurra dormir ahora, no podrías hacerlo ni con toda la magia de los indios”.&lt;br /&gt;“¿Indios… ¡Qué mierda estás diciendo!?”&lt;br /&gt;En qué submundo estaría este psicótico…&lt;br /&gt;“¿Y si tomamos Valium?… Muchos, ¡eso nos calmaría!”&lt;br /&gt;“El corazón, el corazón tiene un límite, joven CHOZAN… ¡Tiene un puto límite!”&lt;br /&gt;Se estaba volviendo algo agresivo, creo que la espuma en la boca lo delataba. También tenía los puños cerrados, con los brazos pegados al cuerpo, estaba realmente tenso… Me preocupaba… me preocupaba que quisiera cagarme a patadas, yo, justo en ese momento estaba pasando por mi etapa de debilidad plena, si alguien lo hubiera querido hasta hubiese podido penetrarme por atrás sin que yo pudiera oponer ningún tipo de resistencia. Sólo hubiera tratado de echar al agresor con mi mejor cara de horror.&lt;br /&gt;Maro estaba asustándome, pensé en alejarme un poco de él, pero después vi que no sería de gran ayuda para él, si se metía en problemas era yo quien tendría que ayudarlo, al menos con un grito agudo de una niña de trece años.&lt;br /&gt;La vida con las pupilas dilatadas era todo un problema… Las cosas respiraban.&lt;br /&gt;De pronto, vi que ese cartón no tendría que haberse digerido junto con esas pastillas, ese, creo, fue un error por estar tan mal y haber perdido la dimensión del tiempo.&lt;br /&gt;De las paredes se desprendían hombres sombra. Eran temibles, lentos… Veía todos sus movimientos… Las luces se envolvían en mi cuerpo y las personas se estiraban y se alargaban en el mundo de las paredes de acuarelas.&lt;br /&gt;“¡Que está pasando!... Esas paredes, son tan flexibles como una goma de caucho…Las paredes tienen agua adentro, claro, ahora entiendo…”&lt;br /&gt;Mi panza me estaba matando, un hombre me llevó de las manos, era un hombre o una mujer… Me dijo: “Chico, tienes un agujero de felpa en la panza”&lt;br /&gt;“¿Cómo es posible eso?” Pregunté asustado… “¿Tiene cura?”&lt;br /&gt;“Solo se cura con golpes mortales…”&lt;br /&gt;¡FLAP! Me dio una terrible patada en el culo. Vi a Maro irse corriendo, él era ese hombre, se estaba aprovechando de mi triste condición. ¡Maldito! Siempre fue un cretino.&lt;br /&gt;De pronto lo veo, estamos en medio de un boliche, está hablando con un amigo mío, un amigo que no pude saludar por una razón que desconozco. Se aleja mi amigo, Maro se avecina sobre mí, moviendo las manos como loco, me empuja, caigo como un retardado. Todo era un plan siniestramente planeado. Mi amigo se había puesto en cuatro patas detrás mío. ¡Qué papelón! Nos estábamos portando como niños, niños de ochenta quilos, barba y ojos como para hacer temblar a un leopardo. Ojos de loco tenía Maro y deduje que yo estaría en la misma situación.&lt;br /&gt;“¿Hace cuántos días se hace de día así, Marito?”&lt;br /&gt;“Creo que hace meses”&lt;br /&gt;Otra vez amanecía, sabíamos a qué bar ir para encontrarnos con los viajeros del espacio interior. Así los llamábamos. Siempre estaba el loco de mierda de Damián, pero nunca lo volví a ver al negro, hasta un día, un día clave para mí.&lt;br /&gt;“Mis queridos… ¿Saben qué día es?... Me imagino que no. Bien, esa es buena señal, yo tampoco, creo que ya están volviéndose seres escamosos.”&lt;br /&gt;Era cierto, ya lo había notado, mi piel se estaba volviendo escamosa, como la de un pez.&lt;br /&gt;“¿Hace cuánto que no prueban bocado?”Preguntaba risueño, pero con ojos especulosos, como quien pregunta sabiendo la respuesta.&lt;br /&gt;“Creo que ayer comí algo, pero fue porque creí tener hambre, al final no la tenía.”&lt;br /&gt;“Y usted, CHOZAN.”&lt;br /&gt;“¡Ese es mi nombre secreto!... ¡Quién te lo dijo!” Empezaba a odiar a ese loco.&lt;br /&gt;“Tranquilo, no se lo voy a decir a nadie”&lt;br /&gt;“Yo no sé cuándo comí… ¡Lo único que sé es que estoy acá para recibir instrucciones sobre el viaje!” Trataba de ser sutil, solo creía serlo.&lt;br /&gt;-Tomen… no vayan a matar a nadie. ¡Locos!&lt;br /&gt;Me daban asco todas esas mierdas, pero las devoraba como un perro come su comida, no era hambre, era necesidad, moriría de no devorarlas.&lt;br /&gt;Volvimos a casa con Maro y nuestras preciadas provisiones. Sonó el timbre. Era el negro. Estaba igual de loco, venía con dos chicas jovencitas. Ellas estaban bastante aturdidas, seguro que el negro este las había drogado hasta por los codos y les había dicho que debían seguirlo a donde fuera.&lt;br /&gt;Ahí estábamos: Maro, el negro, las dos chiquillas, de unos diecinueve añitos, y yo. Todos mirándonos bajo la música del living.&lt;br /&gt;Ellas empezaron a reír, tiraron almohadones en el piso y se acostaron risueñas. Yo sólo pensaba en sacarles la ropa y golpearlas con mi verga muerta, en la cara, hasta que les quedaran los cachetes rojos. Lo único sexual que creía poder hacer.&lt;br /&gt;Todos panza arriba en el suelo, sobre almohadones, haciéndonos cosquillas. Las chiquillas se volvían juguetonas, el negro las quería para él, eran casi de su propiedad, quería usarlas y darnos las pieles muertas para que nos divirtiéramos. No lo permitiría.&lt;br /&gt;Comenzamos a tironeárnoslas, como chicos. Ellas por suerte reían como imbéciles. Yo tiraba de una y Maro de la otra. El negrote las sujetaba de los brazos a las dos. “¡Negro malo, no podés querer a las dos!... Sucio, maldito…”&lt;br /&gt;Las chicas se soltaron y salieron corriendo por la casa, jugaban al jueguito de escaparse y pegar grititos de gatita.&lt;br /&gt;“¡El que la encuentra se la queda!”&lt;br /&gt;Ya estaba dicho, ellas se escapaban para esconderse de nosotros y parecían dispuestas a recompensar al mejor buscador.&lt;br /&gt;Todo se volvió un silencio. Los tres agarramos caminos distintos, habían dos largos pisos en la vieja casa chorizo. También un altillo, tres patios y una decena de cuartos. Podríamos tardar más de una hora. La cacería empezaba.&lt;br /&gt;“iiiiuuujuuuuu…. Jijijijijijiji” Se escuchaba desde arriba, putas de mierda, cosa tan rara no había vivido. No podía ser yo quién me quedara sólo.&lt;br /&gt;De pronto sonó el teléfono…&lt;br /&gt;¡Ya lo recuerdo!, al minuto escuché mi nombre gritado de una forma tan trágica, que me pincha aún hoy la cabeza.&lt;br /&gt;Luego de ese teléfono todo se vuelve confuso. Ahora que lo pienso, me parece que esa fue la primera semana. Pero no puedo recordar qué pasó después… ¡No puedo!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333898533924586?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333898533924586/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333898533924586' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333898533924586'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333898533924586'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/primavera-perdida.html' title='Primavera perdida'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333885306594602</id><published>2006-07-19T16:52:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:52:09.476-03:00</updated><title type='text'>Cafayate</title><content type='html'>Bajamos en la primera ciudad después de dos pueblos de Tucumán. Ya estábamos en Salta, Salta la linda. No estaba acostumbrado a estar en una ciudad, igualmente es como un pueblo-ciudad. Tiene los campings lejos, apartados, y una plaza central bastante grande y rodeada de negocios.&lt;br /&gt;Fui a alistarme en un camping, puse la carpita y me tiré a dormir una siesta en la tarde cálida de verano. Una brisa corría por la tierra, fresca y entraba a la carpa generando una sensación de modorra y relax que no dejaba otra opción que dormitar.&lt;br /&gt;Al levantarme escuché música salir de un quincho que estaba a unos doscientos metros, era Bob Marley y me despertaba… Me vestí con ropa limpia, ya estaba anocheciendo, preparé un fuego y lo miré fijo por un rato. No tenía hambre, sólo quería estar frente a él y verme en su reflejo, estar tranquilo, sin nadie más que él y yo. Prendí un cigarrito y lo fumé frente al fuego, descubrí decenas de verdades que sólo lo serían en ese momento de gloria, luego me puse a tocar la guitarra, la paz estaba en el aire, estaba adelantado, los mochileros, en general, viajan en conjunto y yo los había pasado. Ellos suelen aprovechar más los pueblos, yo hice los primeros rápido y vi que todavía no habían llegado muchos a Salta, era casi el único.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente descubrí lo peor, las chicas habían llegado y habían hecho la carpa junto a la mía. Me sorprendieron con risas de colegialas histéricas sin siquiera sospechar que yo no quería ni saber de sus boludeces. Seguí durmiendo y cuando me desperté por completo, ellas ya se habían ido a la pileta que tenía el lugar. De inmediato pensé en Bolivia, en su soledad, en que pocos recorren todo y en que ahí, seguro no te encontrás con casi nadie. Fui al baño y después me puse a tocar un poco. Al atardecer me encontré con que no sólo estaban esas putas, sino que ya tenían un grupo de “buitres” que las acechaban. La rubia era la más deseada y me miraba como si yo fuera a sentir celos. ¡¿Celos  yo?!... ¡Pero nena, por mí que te hagan explotar el culo en mil pedazos y que salgas volando hasta Buenos Aires!...&lt;br /&gt;Los muchachos eran demasiado estúpidos, sólo uno que tenía mi mismo nombre me parecía agradable. A él no le caían bien sus compañeros de viaje y pasaba el tiempo discutiendo con ellos y tocando la guitarra apartado del grupo. Yo me le acerqué de inmediato y nos reímos un buen rato juntos. No entendía cómo podía soportarlos, él me dijo que eran las únicas personas que conocía, eran amigos desde la primaria y no le gustaba andar solo.&lt;br /&gt;Todas las monerías que hacían para llamar la atención de las chicas no hacían efecto. Ya se volvían grotescos, se notaba su hambre de sexo, no la podían ocultar. Para la noche se ofrecieron a hacer unas pizzas a la parrilla, yo no me pude borrar, hacía días que comía fideos y la idea de pizzas era demasiado buena.&lt;br /&gt;Comimos las pizzas, fumamos un poco y mientras nos reíamos un sereno vino a callarnos, pero con amenazas directas. Dijo que no iba a volver, que ya nos estaba por echar del camping, que para eso estaba el quincho. Las chicas se pararon y fueron al quincho. Los chicos las siguieron y el tocayo y yo fuimos por la música que salía del lugar. Esta vez era “Sumo”.&lt;br /&gt;Al entrar vimos que estaba vacío, que había cuatro personas hablando, parecían muy interesantes, amigables. Dijeron que nos acerquemos y las chicas junto con los chicos se negaron rotundamente. Yo los miré en la lejanía, el tocayo ya no hablaba, era un gordo gigante que ni se molestaba en atacar a semejante cardumen de niñas histéricas. No se estaba perdiendo de nada.&lt;br /&gt;Por segunda vez vi discutir al supuesto encargado del quincho (un joven de veinticuatro años) con el sereno y su cara de furioso. Esta vez lo llamó a fuera y le gritó en la cara. Yo aproveché para acercarme a esos tres que estaban mirando la escena desde adentro y unirme a la difamación del sereno.&lt;br /&gt;Charlamos largo rato, eran realmente mi tipo de gente. Tranquilos, relajados. Una pareja de 27 años y una mujer de la misma edad que habían conocido en ese lugar. Me vieron alejarme del grupo gigante y entendieron todo. Ya de lejos se veía la ingenuidad de esas personas. El grupo entero me miró con desaprobación, con desprecio por mi elección y me alegré de que entendieran cual era la verdad.&lt;br /&gt;Armé un porro y le pregunté al muchacho que estaba a cargo del quincho si podía fumarlo, él rió y me contestó que por supuesto, que no fumaba desde hacía semanas y que encima el boludo del encargado lo amenazaba por tener la música alta.&lt;br /&gt;Dentro de la nube de humo la charla se hacía más complicada, pero todos la disfrutábamos. Él se llamaba Gabriel y estaba a cargo del quincho por dos meses.&lt;br /&gt;Luego de un tiempo, sin darme cuenta, apareció un francés al que no se le entendía ni una palabra de lo que decía. Era el dueño del lugar. El muchacho y yo hicimos buenas migas de entrada y todo resultó muy cálido. Nos ofreció a todos unos tragos, ya que no habían traído la cerveza. Luego contó varias historias que no recuerdo y después relató un viaje que había hecho su jefe francés.&lt;br /&gt; “Cuando puso el bar y me dejó a cargo no lo pude creer. Ya nos habíamos hecho amigos, pero él tiene una tienda de ropa e Francia y yo creía que se iba para allá. Ni se me ocurrió que le había gustado tanto este norte.-El francés reía mientras escuchaba la historia.-Me vino a buscar a la pensión y me dijo que por unos meses ya no iba a tener más problemas. Después me vengo a enterar que compró la concesión de un quincho en Salta. ¡Pero estás loco!... No lo podía creer, ya era de él. Bueno, su problema, pensé, qué puedo hacer más que trabajar para él.-Gabriel era un busca de la vida, esas personas que van por el mundo de trabajito en trabajito, viviendo mil aventuras. Éste era de los más pobretones, uno de verdad, un “busca” de Latinoamérica, de los mejores. Era muy simpático, alegre, tenía esa expresión de saber que lo que más quiere en el mundo es moverse con su guitarra, de país en país, viviendo y viviendo, moviéndose en la selva y en la ciudad. Quise ser como él, desvirtuarme de todo lo que me ataba a la vida, salirme, olvidarme de todo, conocer gente, enamorarme de mil chicas y dejarlas en su país, esperando mi regreso. Vivía cada momento de la vida como si fuera el último. -Entonces me dijo que le tenía que hacer un favor. Necesitaba ir hasta La Paz a buscar unos documentos, pero no quería entrar por la frontera porque le habían pasado cosas muy feas y aparte tendría que pagar una multa por las veces que había entrado de ilegal. Yo le expliqué que era Bolivia, que no habría problema alguno en pasar la frontera sin que le dijesen nada. En fin, no le insistí. Le arreglé una salida en un auto viejo que lo llevaría hasta La Paz por veinticinco dólares. En el momento me pareció una locura. Era muy poco, pero él insistió, ni se imaginaba lo que le esperaba. -El francés se agarraba la cara, estaba rojo de vergüenza.- ¡Resulta que cuando lo voy a despedir, el hombre que conducía el auto no tenía un brazo y tenía la mitad de la cara dormida!... ¡inmóvil!... El francés se agarró la cara de impresión, no sabía si subirse o no. Se subió y me contó que el viejito para no gastar nafta aceleraba y aceleraba, luego ponía el coche en punto muerto y apagaba el motor, el coche seguía hasta que casi se detenía y luego lo prendía y volvía a repetir la operación. También me contó que cuando había una bajada, una bajadita, por más mínima que fuera, él apagaba el motor y dejaba que el auto se deslizara lentamente hasta llegar a una velocidad de veinte, a menos que las bajadas fueran más  empinadas… El viaje, según me contó, duró cinco días en los que el viejito fue parando pueblo por pueblo, comiendo en casas ajenas, de amigos, de parientes, siempre con él, su acompañante extranjero, también, y deciles si miento, eh. -Asentía el francés con la cara roja de risa, casi no podía respirar- Decía que también me contó que durmieron en el mismo colchón y a la madrugada el viejito, con el único brazo que tenía le dijo “te amo mi vida” y le dio un beso en la nuca, todo esto dormido, pensando que el francés era su mujer. - El francés explotó de la risa, escupiendo todo lo que tenía en la boca, manchando a la mujer del otro muchacho, que también, junto con todos, explotamos a carcajadas.- Pero bueno, según lo que me contó el francés puso este bar porque le pareció tan extraordinaria y amigable la vida acá que quiso tener algo que lo obligara a regresar. Parece que hasta se hizo amigo de todos esos compadres y conocidos del viejito que lo llevó.”&lt;br /&gt;Charlamos por horas y vi que ya eran cerca de las cuatro y media. Quería ver una peña que decían era muy especial, pero estaba ebrio y no sabía para donde arrancar. Me paré, me despedí hasta el día siguiente y salí en busca de la peña. En esa época del año y a esa hora no fue difícil encontrarla. Así ebrio y todo sólo tuve que hacer silencio y oír desde dónde venía ese ruido a guitarras y por dónde tendría que seguir mi camino.&lt;br /&gt;Al llegar vi que las chicas con los muchachines estaban bebiendo y que se habían formado varias parejas, distribuidas en los rincones, pero sin concretar nada. La rubia estaba siendo chamullada por el líder de esos boy scouts, un judío narigón con ansias de comedia, un pedante que no soportaba que otro de sus amigos tomara el rol protagónico de la noche. La rubia no le dio de su cariño, aunque no me hubiera parecido nada raro que lo hiciera, y en vez dijo extrañar a su ex novio desesperadamente. El personaje éste se contentaba con consolarla. Yo vi esto hasta que el show terminó, después volví a mi carpita a dormir sobre rocas duras, sin ese acolchonado aislante que me había negado a comprar.&lt;br /&gt;Cuando el calor se apoderó de mi carpa de supermercado y tuve que salir, decidí irme para Salta capital. Había sido invitado por Margot: una amiga de mi hermana que vivía en Salta, me dijo que iba a mandarme la dirección por correo electrónico el seis. Pensé en que un colchón, comida rica, agua calentita y sombra todo el día no me vendrían nada mal.&lt;br /&gt;Crucé el camping para despedirme de Gabriel, le di un poco de porro y un gran abrazo, luego me regaló una banana y dos mandarinas para el camino. Le dije que a la vuelta nos íbamos a tomar unas cervecitas y a charlar un poco más, pero no me imaginé que iba a ser la última vez que lo iba a ver.&lt;br /&gt;Armé mi bolso en minutos y me escabullí de las chicas sin dejar rastro de mi huida, como si nunca hubiera estado ahí. Fui al centro, saqué pasaje y me subí al primer micro que partía hacia Salta capital con un helado de agua de ananá y frutilla en la mano. Me había costado diez centavos y tuve que tirarlo por la cantidad insoportable de abejas que querían compartirlo conmigo.&lt;br /&gt;Ya en la mitad del viaje me despertó un olor insoportable, era una vomitada que se había echado una gorda gigante. Miré para atrás y la vi: desparramada en dos asientos, destruida, derretida con la vista perdida en un horizonte virtual, en otra dimensión. Me causó bastante gracia, no sonreí por no faltarle el respeto, pero era muy cómico ver esa imagen, estaba simplemente vomitada y casi inconsciente con los ojos abiertos pero perdidos en la nada. El problema era que el camino de cornisa se había puesto peligroso y el micro dejaba ruedas afuera. Yo sabía que eso era natural, pero igualmente seguí preocupándome un poco. Para la gorda, pobrecita, había sido demasiado. “¡Pero que olor insoportable!... ¡Me cago en la gorda puta!...” Después de unos minutos y al ver que el micro no iba a detenerse por ella decidí tomar cartas en el asunto y forcé la escotilla que había en el techo, no sabía si era de adorno o de emergencia pero igual la abrí con toda mi desesperación, el olor que despedía ese ser humano era tan ácido como podrido, un gas mortal.&lt;br /&gt;Llegué a Salta capital por la tarde y caminando por la ciudad con todas mis cosas se hizo de noche. No me quedaba mucho para gastar si quería ir a Bolivia todo ese tiempo, así que decidí caminar como una hormiga, por toda la ciudad hasta llegar a la casa de Margot. En el centro entré a mi casilla de correo y vi que quedaba del otro lado de la ciudad. La llamé y con una voz ronca y muy alegre me dijo que me esperaba con comida y una ducha fresca, que todo estaba bien y que tenía noticias de mi hermana. Me encaminé hacia su casa después de aspirar profundamente y prepararme para una larga y dura caminata. Ya casi podía saborear la ducha con la comida en la mesa y el fresco de un ventilador pegándome en la cara. No corría aire y el clima era más o menos de treinta grados.&lt;br /&gt;Llegué después de caminar casi una hora, estaba en la otra punta de la ciudad. Toqué timbre y casi desesperado la vi, era Margot que me venía a abrir con una sonrisa y ya todo el calor de la noche y lo sufrido de la llegada se convirtió en relajante y el futuro de los días se dejó ver tranquilo y muy cómodo.&lt;br /&gt;La saludé y entré a su casa con un comentario sobre el clima y la ciudad, dejé la mochila y me tiré en un sillón a descansar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333885306594602?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333885306594602/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333885306594602' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333885306594602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333885306594602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/cafayate.html' title='Cafayate'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333873425620986</id><published>2006-07-19T16:51:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:52:48.340-03:00</updated><title type='text'>Recordá</title><content type='html'>Maro destapa una cerveza y suenan las doce, el ruido del vaso llenándose, nuestros ojos esperando el timbre hasta que suena. Levanta el tubo y le abre las puertas del edificio a Pícaro.&lt;br /&gt;Suena la puerta del piso “15 c”, era él con todo lo que había pasado. Maro abre la puerta y se presenta desde las sombras, vestido de negro con un maletín. Estaba muy serio, hasta que sonrió. “¡Que tal Maro!... ¡Que tal Sancho!… o mejor dicho, CHOZAN el terrible, jajajaja”.&lt;br /&gt;De pronto recordé que ese apodo lo había recibido de Maro en una de esas interminables noches, fue en el comienzo de todo. Antes de entrar a un lugar… muuuuuy extraño.&lt;br /&gt;El negro abrió el maletín y sacó tubos de ensayo llenos de líquidos, frascos marrones, esos que contienen medicamentos de droguerías, goteros… era todo un científico.&lt;br /&gt;“Saben, estuve de visita en la casa de un gran amigo brasileño y he aprendido a como estar en el segundo cielo. Es bastante fácil comparado a lo que genera esta cosa. Maro, necesito tu cocina para calentar esto. Eso sí, yo no comparto ninguna jeringa, así que si quieren esto más vale que se busquen la suya…”&lt;br /&gt;Miré a mi amigo y él me miró. “¿Jeringa?” Mmmm, eso no estaba en nuestros planes… Para colmo todo iba a ser preparado por este negro gigante. Seguro que las medidas que usaba eran para drogar a un rinoceronte o a otro negrote como él.&lt;br /&gt;La idea no nos gustó nada. Le preguntamos si se podía aspirar, nos dijo que sí, pero que no era lo mismo. Yo no quería saber nada con eso, no sabía como escapar, en otras épocas tal vez, pero tenía un desorden en la cabeza que no quería saber nada con estas cagadas.&lt;br /&gt;El negro se fue al baño y nos miramos. “Qué hacemos ahora, el negro este está loco de la mente, así empecé la otra vez. Yo quería recordar, no olvidar”&lt;br /&gt;“Yo te dije boludo, para qué mierda lo llamamos, seguro que están llegando los demás, estos se quedan por un mes por lo menos, como en la primavera…”&lt;br /&gt;“¡¿Otra primavera?!”&lt;br /&gt;Empecé a transpirar, la frente se me congelaba, no sabía qué hacer, otra vez así, no, no lo iba a permitir. Me paré para huir y justo llegó del baño.&lt;br /&gt;“¿A dónde va mi buen Sancho?”&lt;br /&gt;“No sé, yo estoy con varios problemas, Pícaro”&lt;br /&gt;“Pués dígame, para qué están los amigos, quién no anda con problemas hoy en día.”&lt;br /&gt;“No, mirá, yo estoy con un problema de memoria.-ese negro no era mi amigo.- No recuerdo cosas importantes. Otras no quiero recordarlas, parece. Pero algunas sí.”&lt;br /&gt;“Y cuáles quieres recordar”&lt;br /&gt;“No estoy seguro… Por ejemplo… ¿qué pasó durante esos días en que estuvimos todos juntos?”&lt;br /&gt;“Pasaron muchas cosas, intentaste matarme en muchas ocasiones, por ejemplo.”&lt;br /&gt;“Que horror, no sé qué decirte.”&lt;br /&gt;“No te preocupes Sancho, todo se resolvió bien.”&lt;br /&gt;“Claro, pero… yo no lo recuerdo, pensé que quizá me podías contar todo con detalles, en vez de… bueno, hacer todo esto.”&lt;br /&gt;“Tuviste una noticia terrible cuando estábamos en tu casa con unas chicas.”&lt;br /&gt;Eso era lo que Rama no me supo decir. Nadie lo sabía al final, todos se habían enterado de que había tenido un problemón, algo muy angustiante, una desgracia, pero la cuestión era que no sabían qué.&lt;br /&gt;“Sí, eso es lo que me está rompiendo la cabeza. Es muy terrible, decime… ¿es tanto como para estar así? Ay, no sé si quiero… pero bueno, decime… ¿qué pasó ese día?”&lt;br /&gt;“No te puedo decir Sancho, yo no sé qué fue lo que te dijeron, eso lo sabe una de esas chicas. Recuerdo que te gritó desde arriba y que corriste y gritaste como loco, pero no dijiste nada. Te quedaste duro, acostado, inmóvil. Todos se enteraron de que algo terrible te había sucedido, nadie hace ese escándalo por algo que no sea de terror, pero… creo que sólo lo saben ustedes.”&lt;br /&gt;¡Mierda!... No recordaba nada. Totalmente en blanco. Quizá si me contaba cómo había sido todo hasta ese momento podría…&lt;br /&gt;“Sancho… vi en una película que un hombre no se acordaba un momento crucial en su vida y que para recordarlo hacía todo lo que lo había conducido para llegar hasta esa instancia, lo hacía todo de nuevo… Al final lo lograba.”&lt;br /&gt;¡Qué me decía este negro!... que hiciera toda esa movida gigante, todas esas mierdas de nuevo. Después de todo eso con suerte quedo vivo. ¡No!... tiene que haber otra salida. Alguien más que sepa. Alguna pista, algo que me ayude a recordar.&lt;br /&gt;“Si lo olvidaste es por que no quieres recordarlo, tranquilo, ya lo recordarás.”&lt;br /&gt;“Y la chica que me pasó el teléfono… ¿esa mujer no puede saberlo?”&lt;br /&gt;“No lo sé.”&lt;br /&gt;“Dónde puedo encontrarla.”&lt;br /&gt;“Cómo saberlo.”&lt;br /&gt;Luego de pensar profundamente sonó el timbre. Maro atendió y abrió nuevamente. Era Damián. Al entrar, saludó a todos, se frotó las palmas de las manos y con baba en la boca, como un perro esperando su comida, preguntó qué había en la carta.&lt;br /&gt;“Ahí está.”-dijo el negro.-“Damián te puede ayudar, él los siguió de cerca por un largo rato, o por momentos. Al menos puede contarte varias cosas más. Eso podría ayudarte.”&lt;br /&gt;“Cual es tu problema… ¿no recordás nada? Eso es serio, si querés puedo contarte unas cuantas cositas que hiciste cuando eras peligroso.”&lt;br /&gt;“Por favor, contame lo que sepas…”&lt;br /&gt;“Bueno, pero no sé si vas a creerlo, hicieron muchas cosas que no creo que recuerden…”&lt;br /&gt;Para Maro era común no acordarse mucho de lo que hacía, ya estaba acostumbrado. También era cierto que a mí me había pasado algo, algo horrible, algo que estaba decidiendo olvidar.&lt;br /&gt;“Miren, aquel día que los encontré en un concierto y me dieron volantes de una obra de teatro. Yo supuse que irían a verla. Cuando llegué para darles su “medicina” vi que estaban tirados en la calle, insultando a las personas, pidiéndoles limosnas, gritando como locos. Cuando me vieron llegar se pararon y quisieron matarme. Yo corrí hacia el auto, pero me agarraron y me sujetaron con fuerza. “¡Necesitamos, necesitamos!…” Era lo único que decían, como dementes. Yo les di la basura que me pedían y me fui. Cuando regresé oí que se había cancelado el show por dos locos que agredieron a un actor en escena y salieron corriendo. No me pareció nada raro, lo que estaban tomando era para terminar en la comisaría o en el Borda.&lt;br /&gt;Otros días aparecí por tu casa, Sancho, pero no me abrieron, me pidieron que les tirara todo por el buzón por si era de la policía.&lt;br /&gt;Pasaron unos cuatro días hasta que los encontré en ese bar de poesía donde se reunían, estaban todos: Pícaro, ustedes, unas chicas… Cuando llegué los estaban echando. Nos fuimos a caminar. Yo les di una bolsa llena de cosas. Les tendría que haber durado semanas. Había de todo. Ustedes al verla se cagaron de risa, era guarango lo que les estaba dando. Yo les expliqué que a Lucas lo habían detenido y que lo mío me lo quería sacar de encima por que creía que me estaban persiguiendo.&lt;br /&gt;No sé qué hicieron los días siguientes, pero luego de una semana los empecé a buscar desesperado. Recorrí todos los lugares con la frente transpirada, creía que se habían muerto, que los habían encerrado. Necesitaba mis mierdas, no entendía por qué se las había dado.&lt;br /&gt;Los encontré en una plaza, acurrucados como vagabundos. Tenían el olor más fuerte que había olido. Ya se habían tomado todo. Estaban realmente mal. Piensen que yo, totalmente desesperado me calmé cuando los vi en la calle. Creí que eran unos vagabundos y pensé que podrían haber visto a dos locos sueltos.&lt;br /&gt;Les invité una copa, se recompusieron, les aconsejé tomar un baño, pero fue imposible, solo logré que se cambiaran la ropa diciéndoles que la policía los estaría buscando y que lo más probable era que tuvieran una descripción de la vestimenta. Nada raro.&lt;br /&gt;Los días siguientes no los recuerdo bien, sé que los encontré en un recital de sus amigos y que luego vieron al negro.”&lt;br /&gt;“Bien.-dije.-Recordé muchas cosas mientras me contabas esto, pero muchas otras fueron totalmente nuevas.”&lt;br /&gt;“Me acuerdo de muchas otras cosas más… pero primero lo primero.”-Se refería a comenzar de nuevo. Todo lo que nos había pasado estaba por volver, no sabía qué hacer. A Maro no le importaba, él era una montaña de olvidos sobre olvidos de olvidos. Lo que más le interesaba en ese momento era dejarse llevar por las sustancias. Sus problemas iban más allá de recordar una cosa en particular. Él era un adicto a escapar de sus problemas, lo que le molestaba se lo sacaba de encima sin fijarse en nada. Lo pateaba para adelante. Mentía, escapaba. Ya no podía caminar por varias calles de Buenos Aires por que debía plata, favores, explicaciones… En ese aspecto Maro estaba en una posición más difícil que la mía. Él no hacía nada por escapar de esa carrera en la que trataba de hacerse mierda con todo. Pobre amigo.&lt;br /&gt;No entendía lo que estaba por hacer. El ambiente se estaba poniendo tenso, los locos no querían problemas, yo casi era uno de ellos… Esta vez era casi de laboratorio lo que estaban haciendo. Los dos sacaron sus jeringas, ya no querían hablar, no podían, se les caía la baba, era algo fuera de lo común. Se estaban transformando, sus ojos, su pulso. Me daban pánico y asco a la vez. El negro me miraba con ojos de desconfianza. Me dijo: “Cuando estés en el lugar, en éste lugar…-Se inyecta el líquido en las venas, soltando el cinto que estaba mordiendo y que le hacía torniquete en el brazo, se deja caer de espaldas en el sillón.-Te voy a contar como fue que me quisiste matar tres veces…”&lt;br /&gt;Lo miraba dudoso, no quería estar en aquel lugar, pero quería saberlo todo. Damián cargó la jeringa y me dijo: “Cuando estés en este lugar te voy a contar todas las denuncias que hay contra tu persona y quiénes las hicieron… Cuando estaba en la comisaría, hablando con gente para que suelten a Lucas pregunté por ustedes dos. Yo pensaba que los habían “guardado”… Resulta que me comí una interrogación, que los habían acusado de violación a ustedes dos y al negro. También había denuncias, muchas denuncias para el pícaro este”.-Vació la jeringa en sus venas y sus ojos se pusieron blancos. El negro sonreía desde el más allá, como quien sabe lo que hizo… disfrutado su culpabilidad. Pero eso era, seguro que ellas fueron las que hicieron las denuncias… Ellas sabrían, solo tenía que explicarles que no las habíamos violado, que en realidad querían estar con nosotros, que estábamos todos en la misma situación.&lt;br /&gt;“Pero si no las violamos”.-Dije pensando en el pasado.&lt;br /&gt;“Creo que estás confundido mi Sancho. No las violaste, tú no las violaste. Yo les pegué una cepillada que no se la van a olvidar jamás. Lo que hizo el Maro es problema de Maro.”- Lo dijo con una voz tan relajada que parecía estar hablado solo, perecía estar viviendo dentro de su cuerpo. Maro se puso rojo con mi mirada interrogante. Qué habría hecho este degenerado. En el estado en que estaba podría haber hecho cualquier barbaridad. La decisión ya casi estaba tomada…&lt;br /&gt;No supe qué hacer o pensar, la idea de meterme eso por las venas no era nada convincente, pero sí intrigante. No conocía a nadie que se metiera cosas en las venas y que volviera a ser el mismo. Yo sentía que estaba cerca de la verdad… muy cerca.&lt;br /&gt;“Bueno, a la mierda con todo, dame eso Pícaro…” El negro se negó a compartir su jeringa…&lt;br /&gt;“Vamos a comprar una y volvemos…”&lt;br /&gt;Al salir decidí no regresar, lo más importante era no caer de nuevo en esa basura, estaba a tiempo. Lo acompañé a Maro a la farmacia y le dije que no tenía por qué hacerlo. Él me miró a los ojos y me dijo… “Voy a estar bien…” Supuse que no volvería a ser el mismo. No por otra cosa que una de esas corazonadas. Al separarnos entendí que yo había propuesto llamarlos y que ahora era yo quien se iba. Una cagada. Maro también se las había mandado conmigo, pero eso no justificaba nada. Pensé en volver, frené la marcha, pero luego seguí, él realmente quería hacerlo.&lt;br /&gt;Me tomé el colectivo y sentí un vacío corporal que nunca había sentido. Pensé en llamar a mis familiares, pero no me interesó hacerlo, quería poder dormir, pero no podía. Quería estar parado y sentado a la vez, era un desastre, mi cabeza no tenía ninguna seguridad. No sabía qué hacer, estaba realmente perdido. Perdido y solo, era el último hombre del mundo, viajaba en el colectivo, llegaba a la parada. Me bajé sin razón, entré a mi casa, miré de reojo a la biblioteca y subí a mi cuarto para dormir. Cuanto más grande es la casa, más solo te sentís…&lt;br /&gt;Tirado en la cama me preguntaba algo crucial… cómo podía ser cierto lo de la policía y las violaciones si nadie había venido a arrestarme. Al instante entendí que mis padres, cuando estaba rindiendo exámenes para entrar en el colegio secundario, me habían cambiado la dirección del documento, usando la dirección de un departamento que unos conocidos tenían, para que pudiera ir a un colegio del estado que quedaba bastante lejos, pero que era casi el único decente.&lt;br /&gt;Eso era, la dirección de mi casa, la que figuraba en el documento, era de Güemes al tres mil. Tenía que ir a preguntar si había ido la policía para hablar con el señor del quinto. Ese era el piso que figuraba en mi documento.&lt;br /&gt;Al despertarme me sentí un poco intrigado por toda la situación. ¿Me estaría buscando la policía? Sólo en las películas pasan estas cosas, pero podía ser, después de todo la denuncia estaba hecha.&lt;br /&gt;Tomé un café y caminé hasta el lugar, toqué el timbre del portero y le pregunté por el “quinto”, si había pasado algo, algo relacionado con la cana. El tipo me miró con cara de sospechoso, sus cejas fruncidas. Me dijo: “Dejame averiguar, no te vayas por favor”.&lt;br /&gt;Tardó más de la cuenta, empecé a sospechar. ¿Y si le habían dado mi descripción y estaba llamando a la policía? Un portero, un sucio portero que quería ayudar a la patria, que odiaba a los violadores, a los secuestradores y a los cartoneros por igual, un cretino que tendría la bandera colgada en el living y la foto de Perón en el dormitorio. Eran ideas paranoicas, pero no tan disparatadas. Decidí alejarme y ver qué pasaba desde una cuadra de distancia.&lt;br /&gt;Fui hasta la esquina, me prendí un pucho y presencié lo que pasaba. El portero salió, miró hacia los costados con su cara seria y se quedó parado. Luego se le acercó el portero del edificio de al lado y se pusieron a charlar gesticulando, moviendo las manos. Fue todo una paranoia, pensé. Bueno, después de todo yo era paranoico, bastante paranoico, era natural que pensara esas cosas. Decidí acercarme.&lt;br /&gt;Me encamino al edificio y veo que llega una patrulla al lugar. ¡Portero hijo de puta! Era verdad lo que habían dicho los espectros, todo era cierto. El oficial se baja y habla con el portero, le pregunta cosas. Los veo a una cuadra de distancia. De pronto miran juntos la periferia y el portero me ve y me señala. Yo corro y doblo la esquina. Escucho una sirena sonar y un auto a todo pedo. No lo podía creer, la sangre se me había congelado. Qué gran cagada me había mandado. Si me agarraban me iban a meter en cana por años. Por años me iban a romper el culo en la cárcel. Cien negros, chorros y asesinos harían cola para romperme el culo de un lado, y del otro lado para que les chupe sus mugrientas vergas carcelarias. Me darían una paliza de muerte todos los días, justo antes de la violación masiva. No, no podía permitirlo. De ninguna manera.&lt;br /&gt;Doblé en una esquina… en otra, caminé media cuadra sacándome el buzo y me metí en un bar. Pedí un café chico, un diario y me tranquilicé. ¿Irían a mi casa actual? Por qué no. Quizá ya habían ido antes, pero no encontraron a nadie. ¿Necesitarán la orden de algún juez para tirar la puerta abajo? Seguro que sí, si no, los canas estarían tirando puertas y requisando todas las cosas de cualquier sospechoso. Qué particulares que son los policías, si tienen algo en común con algún otro tipo de persona, es con los chorros. Los dos llevan armas, los dos consumen drogas, los dos visten la estética del bruto, del que habla mal y piensa lo más simple y finalmente los dos son chorros. La única diferencia es que los chorros de verdad van más de frente, no se hacen pasar por nadie más, son simples chorritos. Los canas tienen gorra, se la ponen. Hacen que toda la situación pase a través de ellos para sacarte la plata. No te roban de frente, quieren que parezca que te están haciendo un gran favor. “Pero este seguro está vencido.-Te dice el clásico gordo con bigotes…-Vos así no podés estar en la calle, no pibe, te vamos a tener que llevar el auto… Bueno, a menos que la adornes un poco”. Claro, qué palabrita se hicieron… Adornarla… ¡Hijos de una gran puta!... Adornar la cagada que te mandás para que parezca menos terrible… ¡para que ellos, sólo ellos, la vean mejor!... Que conchudos, un adorno de cuatro pesos, cinco, diez, lo que les des les sirve. Cuándo te van a llevar el auto, o a vos… ¡Si trabajan sacándole la guita a los boludos o distraídos!... Pero esta vez no, con gente como yo acusándome de lo que me acusaban si me agarraban estaba en el horno.&lt;br /&gt;Bueno, dejé pasar dos horas y me fui para lo de Rama. Cada vez que veía pasar una patrulla se me helaba la sangre. Se notaba que era culpable de algo, se notaba a cuadras de distancia, la gente lo sentía, lo veía en mi mirada al cruzarse con migo por la calle. Me miraban sospechando qué yo era un delincuente. Pero si no lo era, no le había hecho ningún mal a nadie.&lt;br /&gt;Llego a lo de Rama, toco timbre, me atiende la Negra, me hace pasar. “Rama no está Sancho, pero quedate, dale… te preparo un café…”&lt;br /&gt;“Bueno.-después de todo, quería hacer tiempo, unos dos o tres años para que se olvidara este asunto.-Vos cómo andás, hace mucho que no hablamos”.&lt;br /&gt;No quería decirle, todavía, todo lo que me estaba pasando. Que la policía me buscaba, que había visto a los espectros y que me habían contado mil cosas terribles. No porque le incomodara la situación, si se podía hablar con alguien de estos temas era con la Negra, ella no tenía problemas, es más, le encantaban todas las historias del submundo en que estábamos metidos, ella también tenía su pasado. La verdad es que pensé que si le largaba todo de golpe iba a pensar que había enloquecido, que estaba completamente paranoico y delirante. Creo que lo estaba.&lt;br /&gt;“Y… estoy pasando por un momento horrible. Con Rama nos estamos como… separando cada vez más. Creo que anda con otra mina, va, estoy segura”.&lt;br /&gt;“Pero cómo sabés eso… ¿los viste, él te dijo algo?...”&lt;br /&gt;Ella estaba realmente mal. Yo miraba el departamento, decorado con la calidez que solo ellos podían darle. Era perfecto, quien entrara pensaría que los dueños llegarían a ser ancianos juntos, que nunca se separarían. Realmente despedía amor. Habían dibujos de ella en las paredes, retratos de Rama tocando, fotos de grandes músicos, fotos de vacaciones inolvidables con caras de felicidad absoluta.&lt;br /&gt;“No hace falta que los vea Sanch, cuando estás tanto tiempo con alguien, cuando le conocés todas sus miradas, todos sus gestos, la cosa se vuelve más simple, sabés, no hace falta nada más”.&lt;br /&gt;“Me pone muy, pero muy mal ver que la única pareja real de gente amiga, que se ama, que se lleva realmente bien, se esté separando”.&lt;br /&gt;“A mí también Sancho, a mí también”. Soltó un llanto y se abrazó a mí… era una situación realmente triste. El dolor que estaba sintiendo, sin duda, es uno de los peores. Es simple el por qué… pocas cosas se sufren así. Esa sensación de que no se va ir nunca es terrible. Esa angustia de no poder olvidar, de no poder sacárselo con nada y de que por otro lado ya está todo perdido y no hay vuelta atrás… Era bastante más terrible que lo que me estaba pasando a mí.&lt;br /&gt;Nos tomamos un café con la Negra, charlamos largo y tendido… ella lloraba y lloraba. Me daban ganas de llorar, estaba muy triste, yo la quería mucho, era una persona absolutamente sincera y simpática, no te ocultaba nada. Muy, pero muy risueña y graciosa… Pero en fin… no se podía hacer casi nada. Luego de la charla nos hicimos compañía en silencio, pensando cada uno en sus cosas.&lt;br /&gt;Después de un rato pensé en que si llegaba el Rama yo debería irme de inmediato y ya estaba oscureciendo. Llamé a la casa de Fraga y no había nadie, seguro estaría en el bar, tomándose un vinito y escribiendo algún poema.&lt;br /&gt;“Negru, sabés dónde anda el Fraga…”&lt;br /&gt;“Debe estar en Cabrera el borracho ese”.-Lo decía con cariño, la Negra lo quería mucho al borrachín.&lt;br /&gt;“Voy a ir a buscarlo, Negri, no quiero estar cuando llegue el Rama… Vos entendés ¿no?... eso es problema de ustedes”.&lt;br /&gt;“Claro, claro Sancho, andá tranquilo viejo… él debe estar por caer”.&lt;br /&gt;“Bueno… espero que se resuelva todo de la mejor manera posible… no te pongas mal… pensá que están hace mucho juntos, que el boludo debió pensar que quería otra cosa, que estaría mejor en otro lugar… pero que seguro se dio cuenta de que la cosa no es así… O mejor, quizá sea todo una falsa sospecha… Al final… puede ser, ¿no?”&lt;br /&gt;“Mirá Sanchito, lo primero puede ser, pero lo segundo no, ni en pedo es una falsa sospecha… pero bueno, que se le va a hacer, las cosas se dieron así… ya veré lo que hago”.&lt;br /&gt;La calle estaba mojada, desde el balcón del departamento se escuchaba un disco de Vinicius Moraes, con unos temas tristes, melancólicos que me obligaron a sentarme en la puerta, fumarme un pucho y descansar un poco la cabeza. “Cuanto más el tiempo avanza más me pierdo”. Claro, las canciones llegan desde arriba, en el momento justo y ya ni me importa si me detiene la policía y me lleva, necesito descansar.&lt;br /&gt;Apoyado contra la pared, me di cuenta de que estaba realmente cansado, comenzaba a dormitar. Me paré y empecé a caminar para Cabrera, el día estaba realmente horrible.&lt;br /&gt;Al llegar me di cuenta de que el Fraga no estaba, me deprimí un poco. Igual busqué una mesa y me senté. Pedí un vino, en la carta aparecía el Luigi Bosca, sesenta pesos decía. Hace cuanto que no tomaba esa delicia, pero era un lujo que no podía darme. Pedí un Vasco Viejo, un vasquito, era lo que me merecía, un vinito de mesa, para fumarme mil puchos y esperar al Fraga, a que venga, que me consuele, me haga reír.&lt;br /&gt;Estaba tan triste que podría haber muerto, todas las cosas que me pasaban eran minúsculas, algo había en el aire que me hacía llorar, algo raro. No importaba el recuerdo, ya hacía su efecto, ya estaba comenzando. No importaba nada, no sabía por qué lo hacía, simplemente lloraba angustiado por un dolor en el pecho, un vacío, algo que faltaba… algo que había querido siempre. Las lágrimas empezaron a mojar la mesa, a esparcirse entre lo impermeable del lugar.&lt;br /&gt;Pedí una birome y una hoja y escribí varios poemas, todavía podía hacerlo, hasta mejor que antes. Las hojas se mojaban y eso me daba más ganas de llorar, estaba solo en el mundo, lo sentía, solo… y la tinta se borraba, era algo que no podía controlar… me agarré la cabeza y me puse a pensar en lo feliz que había sido y en que todo el tiempo no era más que un segundo prolongándose, en que era una simple línea que podía quebrarse de un día para el otro, que la muerte no estaba tan lejos, que ya no le tenía tanto miedo, que las personas realmente mueren solas y no hay nada que lo pueda evitar…&lt;br /&gt;Pasaron las horas y me dormí entre mis brazos… Tuve el peor sueño que podría haber tenido… soñé que estaba en el norte, con mis amigos, enamorados de perfectas mujeres, todas amigas entre si, que éramos mucho más jóvenes y que no había preocupaciones, que el viento era cálido y la temperatura inmejorable. No podía evitar reír por lo bien que la estaba pasando, tenía ganas de correr, de saltar… reíamos a carcajadas y tomábamos cerveza en la noche, subiendo en camioneta por las montañas, amaneciendo en un salar infinito, con rosa de horizonte en la mañana, todos sonrientes…&lt;br /&gt;Al despertarme en ese bar sucio, en ese lugar lleno de personas horribles quise destruirlo y destruirme. El sueño me había demostrado lo horrible de las cosas.&lt;br /&gt;Seguí escribiendo y no paré por horas, simplemente escribía y escribía… En el lugar pusieron un tema sufrido, de rock, antiguo… logró algo, algo en mi escritura cambió. Prendí otro cigarrillo y salí a llorar afuera, grité un alarido hacia el cielo y todo siguió igual.&lt;br /&gt;En la mesa del rincón se sentó una mujer, una que yo había conocido cuando era adolescente, cuando hacía peor las cosas, peor todavía. Una chica que solía gustarme mucho. Una que yo, en su momento, había dejado de lado porque me parecía muy chica, muy tímida. No la había dejado de lado, simplemente había decidido vigilarla… vigilarla hasta que pasaran uno o dos años, que creciera, que deje de tener un cuerpo de niña, una cara de niña, una mentalidad de niña… Grave error. Después de ponerse de novia con un tipo que yo poco respetaba, la volví a ver dos veces y nunca más la pude ver. Cómo me gustaba. Había sido demasiado para mí esa empresa de cuidar en la lejanía a una niña como ella. Nunca lo supo. Nunca se lo pude decir. Ahora estaba ahí, sentada, leyendo, tomando cerveza, con su melena negro azabache, seguía vistiéndose de rojo, con los labios rojos. Pensé en sentarme junto a ella, me obligué a sentarme junto a ella, no podía obligarme a estar solo, necesitaba alguien con quien hablar, alguien que no supiera nada de mí, que no me conociera pero que me quiera, que se levante conmigo por las mañanas… podía ser ella.&lt;br /&gt;En el momento en que me estoy por parar, entra un tipo y se sienta en su mesa, la saluda con un beso en la boca y se ponen a hablar.&lt;br /&gt;Seguí escribiendo, pensando en el momento en que uno de los dos fuera al baño para ir con ella. Tenía que decirle algo, era realmente hermosa, sus rasgos tenían algo único, algo que no se ve en ningún lado. Mezcla de india con italiano, una mezcla perfecta.&lt;br /&gt;Él se para, se va al baño, me paro, me siento con ella. Ella sorprendida me saluda, sonríe, me pregunta como estoy. ¿Cómo estoy? Realmente mal, atravesando el peor momento de mi vida. No podía decirle eso. “Bien, luchando”.-Le dije. Ella seguía siendo preciosa, lo sería hasta que cumpliera cien años, tenía eso que todas quieren, pero que ninguna tiene.&lt;br /&gt;Hablé rápido, pero con precisión. El muchacho se acercaba, no había más tiempo. En la cara de él le pedí su teléfono y me fui triunfante hacia mi mesa, con mi vino glorioso, todo un vasco viejo. Todo fue una maravilla. Rosa. La policía ya no me buscaría, solo me daría un reproche y me dejaría libre. Todo lo que no recordaba seguía pinchándome la cabeza, pero con más delicadeza, con un poco de compasión. Ya se convertía en una molestia, había bajado de nivel jerárquico, no era el problema de mi vida, solo una molestia, pero que seguía haciendo que de mis ojos salieran lágrimas. Por un momento pensé que quizá me habría dado el número por mi cara hinchada por el llanto.&lt;br /&gt;Si hay algo que tienen las mujeres es eso de pintar de rosa cualquier momento adverso, ya lo había vivido, estar mal, pero muy mal y sin embargo tener ese piso, ese respaldo… la sensación que te dice que igual, pase lo que pase tenés una mina al lado, eso es lo único realmente importante… Las mujeres… sí que nos muestran como primitivos a los hombres, cavernícolas con palos y pelos por todo el cuerpo… ellas tienen ese don.&lt;br /&gt;Mi acción heroica no le había gustado mucho a ese mequetrefe, se fueron al instante. Me quedé en el bar una hora más y cuando aspiraba la última gota, mientras se deslizaba por el baso hasta mi boca, entró Fraga y justo en el momento cúlmine me dio una palmada y la gota cayó en mi camisa. ¡Maldito borrachín!... Se reía el desgraciado, era todo un cómplice el Fraga, hiciera lo que hiciera, él estaría ahí, conmigo, mudo, hablando, no importaba… era una roca.&lt;br /&gt;Pedimos otro vino.&lt;br /&gt;“Qué haces tomando el vasquito solo… se toma con hielo, profesor”.&lt;br /&gt;“Ya no más, me despidieron, una mierda, soy un civil ahora, un simple civil”.&lt;br /&gt;“No importa Sanchet, vos sos profe igual para mí, y yo para vos, los trabajos son solo la oportunidad de sacar plata, las cosas se aprenden en otros lados”.&lt;br /&gt;“Sabio el borrachín”.&lt;br /&gt;Hablamos por algunas horas, me contó cosas que le estaban pasando, me dijo que ya me parecía al Sancho de antes, que me veía bien… conflictuado pero bien. Yo le conté que había visto a esta chica y se alegró, me dijo que era lo que necesitaba.&lt;br /&gt;“No se qué manías te agarran por estar solo tanto tiempo, si tenés pinta vos, Sancho. No sos la gran cosa pero tenés pinta. Siempre solo, caminando solo, comiendo solo, durmiendo solo… no tiene sentido, si te gustan las mujeres, estar tan solo”.-El Fraga se preocupaba por mí.&lt;br /&gt;“Y… yo no sé… creo que no encuentro una para mí, una que me llene, me haga reír…”&lt;br /&gt;“Ves Sancho, ese es tu problema, vos siempre esperas que sean de una forma u otra… no es así. No esperes nada de las mujeres, si no, te vas a decepcionar una y otra vez. Yo pienso que hay que dejarse llevar, no pensar en eso, dejar que te sorprendan… después te sorprenden y es todo genial… eso al menos es lo que creo, y mirá que yo sé de esto, eh”.&lt;br /&gt;Tenía razón el Fraga, no se equivocaba en esta… era justo la estupidez que hacía una y otra vez. Seguimos hablando y tomando vino y más vino hasta que nos cerraron el bar.&lt;br /&gt;Al caminar por las calles de madrugada me acordé que me buscaba la policía y no lo pude creer. Simplemente me pareció irreal. ¿A mí? Pero si soy un simplón, no le hago ningún mal a nadie… por qué a mí… no lo entiendo. Pensaba eso, una y otra vez… me reía de los nervios, no podía ser cierto, pero lo era.&lt;br /&gt;Uno va por la vida pensando que hay cosas que simplemente les pasan a los demás, no a uno. Pero lo que no sabe es que el límite es muy angosto. Es minúsculo, solo había que hacer una de esas cosas para que comenzaran a suceder las más extrañas aventuras y desventuras. Era cierto, me buscaban a mí, querían encerrarme. No lo iban a lograr tan fácilmente. No al buen Sancho.&lt;br /&gt;De repente pensé en Maro. Me entristecí al instante, no me pude contener, yo lo quería mucho y se estaba reventando la cabeza. Era serio, cada día estaba peor. No hizo esa de parar al volver de Europa. Había dicho eso, pero no le creí. Realmente estaba mal, pero de eso se sale solo o no se sale nunca. Es falso, muy falso el adicto recuperado. La decisión la toma uno o no la toma. Sí, es cierto lo de Burroughs, hay ciertas sustancias que generan una necesidad cerebral y se necesita ayuda. Igualmente se sale por que se quiere, no por que te agarren del brazo y te internen en una granja llena de enfermos mentales que se cortan las venas por un “toque” más. Si yo pude, él puede. Solo tenía que pasarle antes de morir. También me sentía un hijo de puta por haberlo dejado solo con esos locos y sus jeringas. La verdad es que no hay excusas, creo que los amigos saben ser hijos de puta a veces, no me queda duda de eso. Ahora sólo me quedaba esperar.&lt;br /&gt;Caminamos hasta la casa de Fraga, él no terminaba de creerme lo de la policía, pensaba que estaba paranoico, pero como él también era algo paranoico, o lo había sido, no se molestó en convencerme de lo contrario. Se alegró de hospedarme en su departamento.&lt;br /&gt;Antes de dormir hizo su ritual, comió pan lactal sólo con leche, mordió una salchicha cruda hasta devorarla por completo, eructó y se metió en el sobre. No había cambiado, seguía siendo el mismo. O casi.&lt;br /&gt;Cuando me levanté, lo vi tomando un vaso de vino con soda y fumando un pucho. Estaba escribiendo una canción mientras escuchaba un disco de Luca Prodan, “Perdedores Hermosos”.&lt;br /&gt;“¿Querés un vaso Sanchet?”&lt;br /&gt;“Claro.”&lt;br /&gt;Me pereció raro estar ahí. La última vez que había dormido en lo de Fraga había sido a los quince años, cuando éramos realmente chicos. Ahora desayunaba vino el hijo de puta. Fui al kiosco a comprar puchos y vi en la tele del kiosquero que había una manifestación de gente que quería justicia y me acordé del problema en que estaba. Luego pensé en Marito, en cómo estaría después de esa noche. Decidí llamarlo. Nadie me atendió. Era muy temprano para él, se pasaría todo el día durmiendo.&lt;br /&gt;Volví a lo de Fraga y charlamos un poco de Maro.&lt;br /&gt;“Yo lo que veo es que tiene un drama que le está pinchando el alma… me da pena, no se divierte si no toma nada. Creo que lo que le divierte es salir de su realidad.-Hacía mucho que Fraga quería decirme eso de Maro.-Aparte, yo no sé que problema tiene, pero lo entiendo a la perfección”&lt;br /&gt;“Sabés qué Sancho, el problema más grande que tengo es ver a mi hermana por la calle.-realmente la extrañaba.-La miro y veo caras parecidas y las sigo por cuadras… me pone mal, pero no lo puedo evitar. Al final no se encontró nada de ella, eso dejó todo abierto”.&lt;br /&gt;Le convidé un pucho y seguimos hablando.&lt;br /&gt;“¿Están tocando los chicos?”&lt;br /&gt;“Si, pero en ese lugar”&lt;br /&gt;“¿y?”&lt;br /&gt;“Y nada Sancho, si te ven por ahí llaman a la cana. Sabés el quilombo que hicieron ustedes dos. Pudrieron todo. No fue durante el show, pero después quemaron cosas, rompieron vidrios, espejos y se escaparon corriendo. Si los agarraban los recagaban a trompadas esos monos de seguridad”.&lt;br /&gt;“Y bue… que se le va a hacer… así estamos…”&lt;br /&gt;El silencio en las alturas del mediodía. Los autos seguían, la gente, en los pisos de arriba, caminaba y la música sonaba. En el aire se percibía una frecuencia distinta. Un cosquilleo me revoloteaba en la panza. Las cosas se veían diferentes.&lt;br /&gt;Decidí llamar a la chica. Fraga me miró con cara de aprobación, bajó la vista y siguió escribiendo. Estaba contento de tenerme en su casa. Era como en las viejas épocas.&lt;br /&gt;Antes de llamar, me acerqué al balcón y miré toda la ciudad, sus techos y cables con antenas y humo. Las calles repletas de autos y bocinas que enloquecían a los peatones… El sol estaba, pero hacía frío también. Me quedé apoyado en la baranda, mirando todo desde arriba sin hablar. Pensaba en mil cosas a la vez, estaba en transe, inmóvil, fumando en las alturas de la capital… esperando, simplemente esperando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333873425620986?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333873425620986/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333873425620986' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333873425620986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333873425620986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/record.html' title='Recordá'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333841180207987</id><published>2006-07-19T16:45:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:53:38.426-03:00</updated><title type='text'>Luciérnagas en las noches de primavera</title><content type='html'>El grupo de Moltar, el hombre incapaz. Ese grupo tiene la misión de salvar la estrella maldita, esa que está siendo acosada por las fuerzas del bien. Yo tengo esa misión: dirigir al grupo de la estrella y adueñarnos de todo. El grupo de Moltar es el nombre clave. Yo, Chozan, el otro: Hombre Mono.&lt;br /&gt;-Hombre Mono, tenemos que apurarnos, la cisterna viene para acá con intenciones religiosas.-Su cara cambia de color con la sombra del farol, amarilla, verde, azul. Es imprevisible. El Hombre Mono se transformaba en el Hombre Loco, un verdadero psicópata, no quiero decírselo para no asustarlo, pero tiene sangre en la boca por morder a una colegiala en medio de la vía pública.&lt;br /&gt;La calle respira bastante agitada y eso nos pone en posición de guardia. Un mono vestido se nos cruza, balbucea algo acerca de la hora, la quiere, quiere que le demos la hora, una hora entera.-¡No te vamos a dar nada engendro!-Le grita el Hombre Mono. Yo lo acorralo y le exijo que nos de sus medicinas. -¡Dámelas o te quiebro el cuello, simio inmundo!... ¡es suficiente!-El simio parece asustarse, es un truco para engañarnos. Nos empuja a los dos y sale corriendo, maldito. El  Hombre mono empieza a reírse de la situación, parece que está por entenderlo todo. Me lo insinúa con los ojos. También me dice, telepáticamente, que mis órganos corren peligro y que nos están siguiendo sombras para contagiarnos.&lt;br /&gt;-Tranquilo, no nos separemos… a la cuenta de tres corramos.-Esta decidido a perderlos. Yo lo acompaño siempre, le tengo confianza en las suposiciones que plantea. Corremos por horas, o minutos, pero no podemos perderlos. El cielo se puso oscuro para avisarnos que todo esta bastante desfavorable, pero que hay salida todavía.&lt;br /&gt;Nos encuentra el bosque con una canchita de fútbol en el medio. Algo raro, pero luego Hombre Mono me hace entender que seguro pertenece a la gente de los árboles. Ellos también quieren nuestros órganos vitales. En ese entonces hablábamos por telepatía, mucho más rápido y eficaz. Corremos a refugiarnos de la gente de los árboles. Hay mucho movimiento en la calle, creo que por las imágenes que pasan a velocidades confusas,  el peligro más grande, saco al Hombre Mono de una muerte segura cuando quiere ver qué le pasa si se deja atravesar por esas imágenes. Le digo que lo matarían con sus luces y por suerte me cree.&lt;br /&gt;De repente nos vemos sedientos y encontramos unos bultos con líquidos en las manos. No quieren soltarlos, gritan cuando se los tironeamos, pero ceden y se van corriendo. Creo que entendieron que estamos muy sedientos. No se bien qué es pero la botella se rompe en mil pedazos cuando se la arrojo a una vidriera que me hace ver como un monstruo. Todo se rompe en miles de centellas que caen lentamente y siguen rompiéndose en el suelo, mezclándose con el líquido. El hombre Mono sale corriendo, yo lo sigo por temor a que haya visto algo terrible y no haya podido decírmelo. Corremos mientras víboras de luces kamikaces se lanzan contra nosotros. Yo corro con una mano en la cara para protegerme de ellas.&lt;br /&gt;Es un laberinto gigante. Por momentos tenemos la sensación de estar perdidos, pero luego pasa algo y nos concentramos en eso.&lt;br /&gt;Dejamos de correr nos sentamos en una esquina, sacamos la bolsa de medicamentos y tomamos en secreto todo lo que nos queda. Nos preocupa bastante quedarnos sin nada, pero hay que hacerlo, no tenemos opción. Hombre Mono se chupa los dedos y sus ojos me miran exigiendo. Rápidamente me tomo mis medicinas para que no me las robe y salimos de nuevo hacia el bosque.&lt;br /&gt;Cuando tratamos de comunicarnos verbalmente todo es imposible, no nos entendemos, no sabemos qué lenguaje usa el otro, no podemos ponernos de acuerdo. Decidimos usar sólo la telepatía, eso nos salvaría.&lt;br /&gt;-¡Olvidamos la misión!... ¡Mierda Chozán!... ¡no tendría que haberte dejado a cargo del grupo!-Realmente está enojado. Yo olvidé la misión por completo, estoy perdido en un laberinto sin salida y la misión ya no significa nada para mí. Ni siquiera puedo recordar de qué se trata.&lt;br /&gt;-¿Revisaste tus bolsillos a ver si tenés instrucciones?- Una buena pregunta telepática. Al revisarlos encuentro llaves, pero cuando levanto la vista veo que hay cientos de opciones para ponerlas.&lt;br /&gt;-Hay que probar con todas las puertas, alguna tiene que abrir, es lo más lógico.- Es cierto, si esas son llaves verdaderas tienen que abrir una puerta o dos.&lt;br /&gt;Probamos en cientos de casas y no se abre ninguna puerta. Decidimos ir a algún lugar que esté repleto de gente y nos encaminamos. Llegando a una esquina nos encontramos con unos tipos que dicen conocerme. No les creo del todo, pero tienen cara conocida. Por si es un engaño les pregunto dónde entra esta llave y les digo que si responden mal habrá problemas. Hombre Mono me apoya.  Me indican con certeza. Vamos y la puerta se abre. Es nuestro lugar secreto. Rápidamente cerramos la puerta por que un hombre nos viene siguiendo. Al momento de cerrarla nos dice que tiene algo para nosotros, pero que debemos abrir la puerta. No le creo ni por un segundo, seguro es de la INTERPOL o de la policía Federal. Lo convenzo para que tire todo por el buzón. ¡Son medicinas!... ¡El mejor policía de la historia!-¡Mierda!... ¡Son putas medicinas!... ¡Hombre Mono!... ¡medicinas para la salud!- Está totalmente excitado, son las mejores noticias del mundo.-De dónde las sacaste.-Tiene una voz sospechosa, quiere saber bien el origen de las medicinas para matarme y quitármelas. No puedo permitirlo. No puede matarme si yo lo mato primero. Eso, debo matarlo lo antes posible para tomarme sus medicinas. Pero no, es demasiado, no las quiero todas, solo algunas. Trato de generarle sospecha. &lt;br /&gt;“Me las dio un policía, no sé bien por qué”.&lt;br /&gt;Mira la bolsa con una sospecha extrovertida. Respira de una forma muy extraña y de repente siento que quiere adueñarse de la bolsa. Se me ocurre y en un segundo lo llevo a cabo… saco una caja de pastillas y las tiro lejos con un bollo de papel de diario y unas jeringas, Hombre Mono corre tras las medicinas y yo corro para el otro lado, subo las escaleras, entro al cuarto, vacío la bolsa, pongo la mitad en un cajón y la otra mitad la vuelvo a esconder en la bolsa. Hace días que no como y lo puedo sentir mejor al guardar todas esas medicinas en la bolsa de nuevo, sé que va a pasar algo de tiempo hasta que pruebe comida de nuevo, pero lo reflexiono casi con desgano, poco interés. Al salir del cuarto veo que Hombre Mono me siguió, pero al darle la bolsa ve que esta llena de cosas y hace caras y gestos de alegría.&lt;br /&gt;Nos sentamos a trabajar en todos los misterios de la bolsa, se le nota en la cara el efecto de piel derretida, como una babosa. Tiene los ojos expectantes, cambian, en cada segundo, de intensiones.&lt;br /&gt;Pasan los días y cada vez somos más dos personalidades distintas del mismo esquizofrénico intranquilo. Es entrar de nuevo en un color perverso, de malas intenciones, oscuro y bastante tenebroso… vivir en aquel lado… acostumbrándose a ese lado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333841180207987?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333841180207987/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333841180207987' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333841180207987'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333841180207987'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/lucirnagas-en-las-noches-de-primavera.html' title='Luciérnagas en las noches de primavera'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333831756194411</id><published>2006-07-19T16:44:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:54:27.663-03:00</updated><title type='text'>La salud</title><content type='html'>Un sonido que subía del departamento vecino realmente me tranquilizó. Tanto movimiento en la cabeza, ese taladrar… cada vez y de a poco se hacía más intenso. Pero con ese sonido y volviendo, ya podía disfrutar un poco, dejar que el aire me pegara en la frente mientras la melodía de la trompeta sonaba en el ambiente. Siempre quise estudiar trompeta.&lt;br /&gt; Cuando la música se detuvo todos los problemas que me estaban acosando aprovecharon para volver. La policía, la chica que había encontrado, Maro y su tema, el no poder volver a casa (aunque sea sólo por una paranoia justificada), el no tener trabajo y ver que la plata se me empezaba a acabar.&lt;br /&gt;Bueno, tengo que buscar trabajo, pensé. Pero lo que hice al instante fue llamar a esa chica.&lt;br /&gt;Un problema menos. Casi ni la saludo, directamente le dije que nos encontráramos en un café a las ocho y media. Nada mal.&lt;br /&gt;Lo del trabajo se complicaba, tenía que ser en otro barrio, porque en este ya me tenían junado.&lt;br /&gt;-¿Tenés idea de dónde puedo trabajar?&lt;br /&gt;Pregunta directa para el Fraga.&lt;br /&gt;-Y… En lo de Victor se puede preguntar…&lt;br /&gt;-¿Qué hacía el tipo ese?&lt;br /&gt;- Victor tiene un bar y siempre necesita meseros. El tema es que no tiene porque la paga no es buena y cada uno que llega termina encontrando otra cosa mejor.&lt;br /&gt;-Eso no importa, cuando puedas hablale de mí, o mejor… presentámelo y decile que ando buscando un trabajo, decile que soy responsable.&lt;br /&gt;No me importaba que se pagara mal, necesitaba que me metieran cables en el cuerpo y que me manejaran a control remoto. No podía pensar más, me estaba volviendo loco. Para colmo la policía me tenía en la mira. Simplemente, para alguien como yo, era lo más delirante que me anduviera buscando la yuta, no tenía ningún sentido. Solo en las películas pasan esas cosas, pero me estaba sucediendo a mí, ni Fraga podía creerlo, de hecho no lo creía, pensaba que era una paranoia mía.&lt;br /&gt;-Acordate de la charla que tuvimos, vas a ver a la minita a las ocho y media, no esperes nada de ella, no te compliqués la vida. Vos andá pensando en que es una minita y que te va a servir para descargarte. No te metas en la cabeza que tiene que ser de una forma u otra o que por lo menos tiene que saber ciertas cosas. No seas cabezón Sancho y acordate que no existen las mujeres perfectas.&lt;br /&gt;-Si, ya estuve pensando en mi pequeño problema. No digas más, voy a ver a una chica hermosa y nada más.&lt;br /&gt;-¿Hermosa? Ja ja pero Sancho, ¿en qué habíamos quedado? No macho, andá a ver a una chica, una más del montón, después atribuile lo que quieras, pero en definitiva tratala como a una chica.&lt;br /&gt;- Bueno, pero si es hermosa ¿qué culpa tengo yo?&lt;br /&gt;-Toda. Vos la ves hermosa, seguro que si yo la viera, pensaría que es una chica más. Es la forma Sancho, en realidad es una chica más, para qué la subís a un caballo blanco.&lt;br /&gt;-Andate a cagar, es hermosa y punto. Igual te digo que no espero nada más de ella. Punto final. ¿Me vas a conseguir el laburito?&lt;br /&gt;-No sé. Voy a hablar hoy a la tarde a ver qué pasa. Después te digo. Hacé una cosa: quedate acá escribiendo que yo vengo en un rato con la noticia.&lt;br /&gt;Al irse Fraga me senté a escribir y no pude hacer nada. Prendí la tele y redescubrí que nunca hay nada para mirar y más aún, que su propuesta es mirar nada, mostrarte que todo sigue igual, que las cosas no cambian y que podés darte el lujo de dejar de existir conectándote a ella y viviendo adentro. Hacía tanto tiempo que no la miraba que ya había perdido la costumbre.&lt;br /&gt;Puse música y me tiré a fumar un pucho en el balcón, quería saber de quién era esa trompeta que me había entretenido tanto tiempo, pero no pude averiguarlo hasta más tarde.&lt;br /&gt;Todo estaba tan pero tan mal que ya me parecía disfrutarlo. Como ese deleite por estar tan tirado que nada te puede molestar más. Por un lado sos la escoria de la sociedad, el más podrido perdedor, el basura que nadie quiere ser… pero por otro lado… nadie te molesta. En fin, como al cristiano que vendió su alma… ¿qué más puede molestarle? Triste pero cierto. Es la resignación de estar tirado, no para siempre, pero hasta que uno solucione sus cosas sabe que va a pasar un tiempo raro, nuevo… disfrutable. La verdad es que el disfrute al que me refiero es el de un masoquista profesional.&lt;br /&gt;Cada vez que me ponía a pensar en la primavera o que esa palabra se me venía a la mente sufría dolores de cabeza agudísimos, me tomaban y también imágenes caían del techo de mi mente como sueños en vida. Cosas que no recordaba si las había soñado o vivido, caras, risas, momentos de estar muy, pero muy mal, ojos tensos, preocupados y para finalizar la pesadilla una cara desconocida con una expresión de mujer al borde de la muerte, temblando me miraba a los ojos por un microsegundo. Sentía como me estaba volviendo loco hasta que todo terminaba. Todo eso me dejaba cansado y aturdido, y lo más raro era que yo no sabía cómo se vería ese show desde afuera, qué estaría haciendo mientras eso me pasaba por dentro. No mucho después me iba a enterar de que entraba en convulsiones y que en cada una de ellas podría haber muerto.&lt;br /&gt;La tarde pasaba lentamente y ya no sabía qué hacer. Decidí bañarme y masturbarme… Era increíble pero hacía demasiado tiempo que no me descargaba, aunque sea de la forma manual. Tanto tiempo guardando y guardando… quizá era eso lo que me estaba volviendo loco.&lt;br /&gt; De la forma más innecesaria comencé a tocarme, sólo con la idea de hacer pasar el tiempo. Nada. No pasaba nada, como si me hubiese vuelto totalmente impotente. Estaba muy triste, muy conflictuado como para concentrarme en una mujer. Simplemente no tenía ganas. “Bueno, será solo el baño”. Al salir de la ducha me puse ropa de Fraga y lavé la mía. Agarré un libro de la biblioteca y al instante caí al el piso convulsionando. Todo de nuevo en mi cabeza, mi cuerpo se volvió un taladro contra el piso. La palabra biblioteca me había disparado.&lt;br /&gt;Cuando volví, estaba Fraga conmigo y una muchacha hablándole de mí. Se alegraron al verme mejor. Este había sido mucho peor que todos los demás choques, me sentía muchísimo más débil, más tirado, más cansado… casi inútil.&lt;br /&gt;-Tenés que ir al médico urgente.&lt;br /&gt;-No sé, no me gustan los médicos, te tratan como un pedazo de carne.&lt;br /&gt;-No te hagas el gracioso, tenés un problema muy grave. Son convulsiones, aunque no se si son como las que tenía mi madre, ella las veía consciente, es decir, me contaba que podía ver lo que pasaba a su alrededor cuando entraba.&lt;br /&gt;Ella era una mujer flaca, muy alta y con cara de nada.&lt;br /&gt;-Sancho: la vecina tiene toda la razón. Pensé que te me morías, no sabía que hacer, la tuve que ir a llamar porque no sabía si pegarte con un palo para sacarte el demonio del cuerpo o tirarte un baldazo de agua para que te despiertes.&lt;br /&gt;-Siempre el mismo cavernícola vos Fraga. –Le dije con un hilo de voz.&lt;br /&gt;Los ojos se me cerraban, como cuando era chiquito y quería ver el final de la película pero la fuerza me vencía. Se cerraron una y otra vez hasta que me quedé dormido.&lt;br /&gt;Cuando me levanté eran las ocho y ya estaba llegando tarde. Me vestí y salí corriendo al bar. Al llegar la vi. Era realmente hermosa, no entendía cómo esa hermosura le daba pelota a alguien como yo. ¡Qué linda que era!&lt;br /&gt;No duró ni cinco minutos esa cita.&lt;br /&gt;-Que tal. (Beso en el cachete).&lt;br /&gt;-Disculpa que haya llegado medio tard…&lt;br /&gt; Hasta ahí llegué. Sin decir una palabra más caí convulsionando al el piso. Terrible, todo de nuevo pero más fuerte, más duro, más largo… Sentía el movimiento de mi cuerpo, pero no podía evitar que esa violencia eléctrica se detuviera. Por otro lado sentía que mi cerebro se hinchaba, que me volvía loco para siempre.&lt;br /&gt;Al abrir los ojos estaba en el hospital con ella junto a mi cama. Me miraba preocupadísima.&lt;br /&gt;-¿Qué te pasó, estás bien? Dicen los médicos que estás bastante mal, que podrías haber muerto.&lt;br /&gt;- Son cuentos de médicos, ¿no me ves? Estoy de diez. ¿Qué hora es?&lt;br /&gt;- Son las cuatro y media de la mañana.&lt;br /&gt;-¡Qué!... ¡No puede ser!... ¡no puede ser!&lt;br /&gt;No sabía que hacer, qué decir, como sentirme. Realmente quería ver a un médico y saber qué me pasaba. Era demasiado.&lt;br /&gt;-Mirá, no sé qué decirte, andá si querés, no te quiero molestar. Yo pensaba que iba a ser una noche divertida y mirá como resultó, es una pena.&lt;br /&gt;-No seas boludo, de qué hablas. ¿No querés que llame a nadie… algún familiar, amigo…?&lt;br /&gt;Ahí llegó la gran mentira, esa que todo hombre sabe decir en algún momento: -No tengo a nadie.&lt;br /&gt;-Cómo… ¿a nadie?&lt;br /&gt;-Mi hermana, pero está de viaje.&lt;br /&gt;-¿Por dónde?&lt;br /&gt;-No me acuerdo.&lt;br /&gt;-¿Y tus padres?&lt;br /&gt;-También están de viaje.&lt;br /&gt;-¿Sabés dónde?&lt;br /&gt;-No, no me acuerdo.&lt;br /&gt;- Bueno, no te preocupes que yo te voy a hacer compañía.&lt;br /&gt;Luego de cinco días me dieron de alta. En la cara del médico vi su incertidumbre. El tipo no tenía ni la más puta idea de dónde venían esas convulsiones. Me hicieron miles de estudios y nada. Tenía que tomar dos pastillones gigantes por día y asunto resuelto. Claro que tampoco podía tomar alcohol, supuestamente, ni drogas, cosa que no tenía planeado.&lt;br /&gt;Estaba tan aturdido que cuando llegué a casa no vi que una persona estaba esperándome en la puerta. Cuando me di cuenta de que había alguien lo miré a los ojos y él supo que estaba tan aterrado que no sabía para dónde correr. Antes que yo hiciera nada me dijo: “Usted vive aquí, no es cierto”. Con las llaves en las manos y frente a la puerta era difícil negarlo.&lt;br /&gt;-Quién lo pregunta.&lt;br /&gt;-Mire, soy del taller mecánico y hace varios meses ya que el auto que dejó en el taller está listo. Y…&lt;br /&gt;-Aaaaaaahhhhhh….  Jajajajaja… El auto del viejo. Sí, es verdad, tengo un auto… Qué idiota, lo había olvidado por completo.&lt;br /&gt;Cuando mencionó el auto fue como ver el reflejo de una moneda en el fondo de un balde de agua podrida. Lo vi por un momento, el recuerdo tardó unos segundos, pero cuando llegó se estructuró y se generó una cadena de recuerdos y una angustia se apoderó de mí. En ese instante me quedé sin habla, perdí las ganas de hablar sin saber porqué.&lt;br /&gt;El tipo no me creyó ni por un instante, pensó que yo estaba loco y que no quería pagar por su arreglo.&lt;br /&gt;-El pago para retirarlo es de quinientos cincuenta pesos.&lt;br /&gt;-Bueno… Qué problema…&lt;br /&gt;-Le explico que hace meses que venimos  buscándolo y en varias ocasiones llamamos. Pero nada. Pensamos que se había muerto o algo así… en fin, lo antes posible retire el auto de la cuadra del taller y antes pase por la administración y pague que cada día la deuda sigue aumentando.&lt;br /&gt;- Bueno, no se preocupe que mañana a primera hora voy a buscarlo.&lt;br /&gt;No podía concentrarme, esa angustia era demasiado, a parte estaba el problema de la policía que era muy serio y no me cerraban las cuentas. Me parecía raro que la policía no tuviera esta dirección. Las chicas habían venido a esta casa supuestamente y si ellas fueron las que hicieron la denuncia deberían haber llegado acá los policías. También me parecía raro no encontrar el documento por ningún lado, lo había perdido y no sabía dónde. Por las dudas tenía que usar mi casa lo menos posible… uno nunca sabe.&lt;br /&gt;Mi casa. Parecía cambiada por un viaje largísimo, como cuando uno se va de vacaciones y vuelve a encontrarse con su hábitat natural: los muebles, la cocina, el cuarto y lo más representativo… el olor.&lt;br /&gt;Miré la hora. Cuatro de la tarde. Llamé al Fraga.&lt;br /&gt;-¡Sancho!... ¡donde mierda estás!... ¡qué carajo te pasó!... ¡vení para casa!… ¿Estás bien?&lt;br /&gt;-Si, estoy bien voy para allá y te cuento.&lt;br /&gt;Fui para lo de Fraga caminando y me sentí como un extraño por el barrio… todo estaba igual, pero una luz lo ponía distinto.&lt;br /&gt;Llegué después de caminar quince minutos, toqué timbre y subí.&lt;br /&gt;-¡Carajo Sanchón!... ¡Pensé que te habías muerto!&lt;br /&gt;-No, pero casi. Estuve cinco días en el hospital.&lt;br /&gt;-¡¿Qué?!&lt;br /&gt;-A los treinta segundos de hablar con ella caí en convulsiones. Cuando me levanté ya estaba en una cama de hospital. Después me empezaron a hacer análisis y más análisis, hasta que decidieron que tenía que tomar dos pastillas por día y no tomar nada que me afecte la cabeza, ni alcohol, ni drogas…&lt;br /&gt;-¿Porrito tampoco?&lt;br /&gt;-Porrito tampoco.&lt;br /&gt;-Uhhhh, pero estás bien, ¿no?... Desde aquella vez no convulsionaste más, o sí.&lt;br /&gt;-No, cero convulsiones.&lt;br /&gt;-Bueno Sanchito, qué alivio. ¿Y esa chica?&lt;br /&gt;-Me fue a visitar seguido y me dejó su número de teléfono para que la llame cuando salga.&lt;br /&gt;-Bien, eh…&lt;br /&gt;-Y todo gracias a las convulsiones.&lt;br /&gt;En ese momento pensé que me gustaría vivir con Fraga. El tipo era simple, amigo de toda la vida, tranquilizador… En mi casa me sentía muy solo, paranoico, sucio y aburrido. La casa era gigante y no había nada que hacer más que angustiarse.&lt;br /&gt;Pensar y pensar, eran momentos de estar quieto y pensar. La vida era muy angustiante hasta que aparecían los amigos. Me imaginaba que una persona sin amistades, sin pareja y sin familia podría llegar hasta el extremo de la locura, la angustia y la desesperación. En ese momento creí que el hombre era un animal de manada, aunque esa voz que siempre me ponía un pero no dejaba de aparecer diciendo que también estaban los lobos esteparios.&lt;br /&gt;Esas voces que uno tiene en la cabeza son la prueba de la esquizofrenia colectiva. ¿Quién dijo que el hombre es una unidad? Bueno el que lo dijo estuvo muy equivocado y el que lo dice también.  Todos, desde el Papa y los reyes, hasta los vagabundos de las calles están completamente locos… la única diferencia es que unos les ponen nombre a esa o esas vocecitas y otros las escuchan atentamente pero no les dan espacio suficiente para desarrollarse.&lt;br /&gt;-Che, ¿le conseguiste el laburito al pibe?&lt;br /&gt;-¿Te dejaron trabajar los doctores?&lt;br /&gt;-No les pregunté.&lt;br /&gt;- Qué boludo que estuviste Sanchito, ¿y si vas con la bandeja y te agarra la convulfiesta?&lt;br /&gt;- Quizá piensen que estoy en la movida del breack Dance y se pongan alrededor mío aplaudiendo.&lt;br /&gt;-Si o quizá te mueras en el medio.&lt;br /&gt;- Eh, pero Fraga, qué es eso. ¿Qué pretendés… que me muera de hambre, que no trabaje?&lt;br /&gt;-No sé Sancho, yo trato de guiarme por mis instintos. Cuando fuiste a ver a esa chica yo sabía que no tenías que ir, que estabas mal, pero como a vos no hay quien puta te frene, no se te puede sacar la puta idea de la cabeza, no te dije nada. A veces no sé si sos nihilista o caprichoso.&lt;br /&gt;-Uhhh…  qué te pasa, me tirás toda esta mierda ahora. Dame ese puto trabajo y dejate de joder, si ya sabés que estoy tomando pastillas, ¿que me va a pasar?&lt;br /&gt;- Mirá, me imagino a Rama y creo que el te diría: “¡Pelotudo de mierda, vos querés trabajar en un bar sabiendo que si te tomás una gota de alcohol te agarran convulsiones!... ¡Sos un pelotudo!” Él te diría eso, aunque Maro te diría: “Bueno Sancho, pero tené cuidado, no seas cabezón, eh”.  Así que no sé bien que pensar.&lt;br /&gt; Estaba dudando, siempre inseguro el Fraga, eso fue lo que lo tiró mucho tiempo para abajo… su inseguridad. Se sentía menos por momentos, sin un sostén, sin la capacidad de emitir una opinión, pero sólo le pasaba en algunos temas, sobre otros tenía todo resuelto.&lt;br /&gt;-Fraga del orto, pensá lo que pensarías vos, no lo de Rama ni lo de Maro. Aparte no creo que vaya a tener tiempo de tomarme una cervecita, es un laburo agitado. Dale loco, no te portes como un viejo, si vos no sos así. No sé de dónde salió esta discusión.&lt;br /&gt;- Mirá, casi te morís, así que no me vengas con boludeces, si no tuvimos nunca una discusión fue porque nunca estuve tan cercano a verte muerto. Le voy a decir al tipo este que vas a agarrar el trabajo, pero de los dos que me ofreció le voy a decir que te quedás con el de los fines de semana. ¿Te parece?&lt;br /&gt;-Y bueno, yo quería trabajar, estar ocupado… ¿Por qué no le decís que me dé el completito?&lt;br /&gt;-¡Porque no!... ¡Es ese o nada, y no me rompás más las bolas que te quiero vivito hasta los cincuenta por lo menos!&lt;br /&gt; Fue el fin del tema. Ya tenía trabajo, supuestamente empezaba el fin de semana próximo. Era Martes. Había escuchado que los meseros hacían miles de cosas, como escupirte la comida, comerse las sobras, retrasar los pedidos de clientes indeseables, conquistar cientos de mujeres… en fin, pronto lo sabría.&lt;br /&gt; Sentí ganas de tomar una cervecita y me reprimí al instante. Imaginé que entraba en convulsiones y que ella venía y me rescataba, que me besaba llorando mientras convulsionaba y me ponía mejor, que nos íbamos a vivir juntos y que nada nos importaba, solo nosotros.&lt;br /&gt;Al salir de la fantasía me vi sin puchos y fui al kiosco a comprar. Al subir llamé a la morocha, se llamaba Melina.&lt;br /&gt;-Hola, ¿Melina?&lt;br /&gt;-Hola, ¿quién habla?&lt;br /&gt;- Sancho, el convulsionado.&lt;br /&gt;-Ahhh… que tal, te dieron el alta, ¿no?&lt;br /&gt;-Si, ya estoy bien. ¿Vos cómo estás?&lt;br /&gt;-Bien, bien, yo bien.&lt;br /&gt;-Bueno, me alegro… ¿Querés que nos veamos?&lt;br /&gt;-Sí, dale… si querés vamos a tomar algo… en la esquina del hospital Rivadavia hay un lindo bar.&lt;br /&gt;-Ja ja, no va a ser necesario… Ya estoy bien, tomo unas drogas que me dieron y no tengo que tomar nada que me afecte el cerebro.&lt;br /&gt;- Bueno y qué proponés.&lt;br /&gt;-Te paso a buscar y vemos.&lt;br /&gt; Me pasó la dirección, la pasé a buscar más tarde y fuimos a comer. Sin darme cuenta la llevé a un lugar de comida afrodisíaca, todo ambientado de rojo, luz tenue roja y cuadros eróticos en las paredes.&lt;br /&gt;-Pensé que era de comida mexicana.&lt;br /&gt;  Me miró y se rió. Nos sentamos y pedimos un vino y una entrada para acompañarlo… charlamos toda la noche mientras los angelitos dibujados en el techo tenían orgasmos con sus arpas y se masturbaban diablitos rojos y traviesos. Mirar al techo de ese restaurante era tan confuso y tan espantoso que casi olvido que no podía tomar alcohol.&lt;br /&gt;Ella me hacía acordar a alguien, pero en ese momento no recordaba a quién. Era morocha y muy linda… se reía mucho y tenía unos dientes preciosos. Uno, cercano a las paletas estaba chuequito y era simplemente hermoso.&lt;br /&gt; A lo largo de la noche terminó el vinito y descubrí que estaba no ebria, pero sí calentita, como cuando el alcohol te pone alegrón, las manos calientes y te da más ganas de reírte. Fuimos a la calle y nos besamos. Minutos después la llevé a su casa en taxi y me tomé un bondi desde ahí. Cuando llegué a mi casa me enloquecieron las ganas de llorar. Lloré y lloré por muchos minutos sin saber por qué. Esa debía ser la nueva salida de mi cuerpo, pensé, porque sin explicación me entregué al llanto. Llamé a Fraga y me fui para la suya, comimos salchichas crudas y charlamos toda la noche. Éramos parecidos y estábamos pasando los dos por momentos difíciles. Yo por mi parte le dije lo que sentía en ese momento.&lt;br /&gt;-Lo que me choca a mí es no tener nada para hacer, estoy tirado, todo el mundo está  recibido, estudiando, terminando algo, trabajando en lugares importantes, pero yo estoy como cuando era un pibe, al pedo, sin nada que hacer… me siento un boludo, y ahora un boludo enfermo. Ya engordé como tres kilos, un boludo enfermo y gordo voy a ser. Antes hacía deportes, estudiaba, leía… Ahora perdí el interés por todo, no tengo ganas de vivir, no me importa más nada. Si pudiera tomar alcohol estaría ebrio y si pudiera fumar porro estaría drogado. No sé por qué me siento así de arruinado, pero es así. Siento que no puedo resolver nada, que estoy desarmado, que no me puedo hacer cargo de lo que me pasa. Faltan piezas en el rompecabezas. No puedo empezar mi vida de nuevo como si no me hubiera pasado nada y lo peor es que no sé lo que me pasó para terminar así.&lt;br /&gt;-Es duro lo que te pasa, pero tenés que levantarte igual Sanchito, creo que si vos te ponés a laburar, a salir con esa chica que te gusta tanto; si volvés con los estudios de filosofía, no sé… ya vas a estar como antes, te vas a sentir mejor. Y lo de la gordura, bueno, de eso se trata ser un hombre, tener una panza que justifique todo el vino ingerido, a las mujeres les gusta, es más de donde pueden agarrarte.&lt;br /&gt;-Qué se yo, Fraga, qué se yo.&lt;br /&gt;-Yo tengo ese drama, no hice la facultad, pero tampoco le puse todo mi tiempo a un instrumento, canto mal y no hago nada para solucionarlo, tengo un trabajito y en cuanto descubran que me afano birras me rajan y estoy en la lona.&lt;br /&gt;-¿Te afanás birras?&lt;br /&gt;-Algunas.&lt;br /&gt;-Pero por qué, si te agarran qué mierda vas a hacer… ahorros no tenés, ¿o si?&lt;br /&gt;-No, pero no puedo dejar de hacerlo, siempre me robé boludeces de los lugares en donde trabajaba. En el locutorio me afanaba la guita de las impresiones, en el kiosco me robaba alfajores y chocolates y ahora son cervezas. No lo puedo evitar. Pero mi drama es que mi voz se cae a pedazos por todo el alcohol y lo que aprendí ya lo empecé a olvidar.&lt;br /&gt;-Y… está jodida tu situación Fraga, yo que pensaba que era el único…&lt;br /&gt;-Si, pero lo tuyo lo veo distinto, yo soy un zafado, no sé que mierda me pasa, pero no hago nada para conseguir guita. A veces veo a la gente hablando en el bar y siempre hablan de guita, de negocios, de conseguir más y más plata y a mí no me importa una mierda. Cuando no tengo plata, no sé que voy a hacer, cuando ya estoy bien corto que no sé qué mierda voy a comer me sale un laburito y me salva. Me acostumbré a vivir así, que te puedo decir, pero no sé si me agrada.&lt;br /&gt;-Mirá, cada cual tiene su forma de ver las cosas, no tenés porque volverte loco por algo que no te parece completamente necesario, es tu propio estilo de vida.&lt;br /&gt;-Si, todo eso ya lo sé, pero no es así, tendría que dejar de ser tan pajero.&lt;br /&gt;-Ah, eso seguro, pero yo también tendría que dejar la paja.&lt;br /&gt;-Che, ¿ya probaste tomar algo o fumar, estás seguro que entras en convulsiones?&lt;br /&gt;-No sé, pero podría tomarme una birrita en frente de hospital y ver que pasa.&lt;br /&gt;-Sí y colgate un cartel que diga: “soy un boludo con convulsiones que no podía tomar alcohol, pero quería ver qué pasaba”.&lt;br /&gt; Preferí olvidar el tema de la policía, no tenía sentido, era irreal y grosero. Pensar que de un segundo para otro estaba en la cárcel chupando pijas y recibiendo golpizas… no quería ni pensarlo.&lt;br /&gt;Así pasaron los días hasta que tuve, por fin, una responsabilidad: atender mesas y cobrar cafés, cervezas y tostados. La vida se abría camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pasa un auto a todo pedo y me pisa los pies, era el auto del viejo, lo miro girando la cabeza a toda velocidad para ver los faroles traseros, en el asiento del conductor veo a una persona y le grito un nombre que no recuerdo, como tampoco recuerdo a la persona que está manejando. Cuando miro para abajo no veo nada, no tengo nada de la cintura hasta el suelo y de repente veo que mi torso se empieza a hacer polvo y grito un nombre, el mismo que le grité al auto, lloro y grito: “¡Por qué, por qué!” y luego me levanto todo transpirado, con la cama toda mojada de transpiración y no puedo volver a dormirme. Sean las tres, cuatro, cinco no puedo. Tengo que levantarme, prender la tele y ver alguna cosa, no importa qué, en realidad no la veo realmente, puede ser un programa evangelista o un partido de voley femenino, es lo mismo, yo miro la luz y me desintegro en el aire.&lt;br /&gt;-Y sí, la tele es jodida.&lt;br /&gt;-Pero no es la tele, ¿entendés lo que te digo?&lt;br /&gt;-Mirá, pibe, se nota que tenés un problema, no sé qué decirte, yo lo que te conté lo veo como algo que le puede pasar a todo el mundo, esto es medio raro. Yo, qué te puedo decir, lo único que te puedo decir es que no pretendas que desconocidos te den las respuestas en bares de medio pelo. Aparte te digo que los de aquella mesa te están llamando hace diez minutos.&lt;br /&gt;-Bueno, quería saber tu opinión, nada más. Sí, ya los vi, ahora los atiendo.&lt;br /&gt;-Andá al psicólogo, qué se yo.&lt;br /&gt;-¡Después de oirte como a un borracho llorón, escupiendo tus penas por una prostituta, porque te enamoraste de una puta, vos mismo me lo dijiste!... ¡¿te hacés el asqueroso?!… ¡sos un forro, flaco!&lt;br /&gt;-¡Qué te pasa hijo de puta! Te voy a cagar a piñas puto, dale vamos afuera puto.&lt;br /&gt;-¡Dale maricón, te ponés romántico por una puta y ahora te me hacés el malo, dale puto te rompo la cara de gil que tenés!&lt;br /&gt;La gente salió del bar para ver la pelea. Los únicos que podían estar en un bar un día de semana a esa hora eran un puñado de alcohólicos. Yo no me peleaba desde hacía años, pero la ventaja estaba en que él estaba ebrio y yo no había probado una gota de alcohol. El tema es que yo iba a los bares, me ponía bien en pedo y me la pasaba hablando con el primer borracho que tenía acerca de mis problemas y de los suyos, siempre había funcionado, hasta hoy.&lt;br /&gt;El tipo estaba decidido, se llevó los puños a la cara, en posición de guardia y se me acercó con cautela, pero mucha decisión. Yo, flexionando las rodillas una y otra vez y con los puños bajos y temblorosos, lo empecé a medir. Cerré los ojos y le tiré un puñetazo, pero le pegué al aire y caí al suelo. El tipo me cayó con una lluvia de golpes en la cara, cuello y espalda. Una verdadera paliza, tenía tantas energías que cuando se incorporó me pegó tres patadas en las costillas y se fue. Todo había terminado. Mientras intentaba levantarme oí una voz que me dijo: “Estás despedido flaco, ni se te ocurra volver”.&lt;br /&gt;Mala idea esa de agarrarse a piñas en el primer día de trabajo. Chau con lo de ser mesero, otro fracaso en mi lista. Volví caminando, ya casi recuperado y vi que de la mano de enfrente estaba el borracho golpeador. Me escondí detrás de un auto y pensé en mi venganza. El tipo estaba esperando el colectivo. Por un momento pensé en dejarlo y tratar de huir sin que me viera, pero después me dije: “a la mierda, la vendetta, la venganza es lo único que me puede dar un poco de satisfacción en un día como hoy. Es hora de ser un poco más orgulloso, más vengativo. No tengo que dejar nunca más que me pasen por arriba, nunca”. Sí, con todo eso me di fuerzas y me escabullí. La calle tenía ese vapor que se desprende del asfalto en una noche medio calurosa después de que lloviznó un poco. Estaba muy silenciosa y medio oscura por un farol que no iluminaba bien del todo. Me le acerqué un poco, ya estaba a unos veinte metros. Miré hacia lo lejos buscando algún colectivo y ninguno se acercaba. Agarré un cascote que estaba junto a un árbol y agachado, en puntitas de pie me fui acercando. Cuando estuve casi junto a él le di un cascotazo en la cabeza con casi todas mis fuerzas. El tipo se desmoronó y yo salí corriendo. Primero sonreí malévolamente y luego pensé en que podría haberlo matado, sería un problema haberlo matado.&lt;br /&gt;Corrí y corrí sin detenerme por largas cuadras hasta que frené. Qué idiota había sido. Seguro había matado al pobre infeliz. Me sentía algo extraño, pero seguro que en mis fantasías de homicida todo era mucho peor. Lo que más me molestaba era ser encarcelado, el tema de la muerte no me molestó demasiado hasta luego de algunos días en los cuales me sentí bastante mal. Pensaba en que quizá el tipo tenía hijos, una esposa, una casa que mantener. Después pensaba que no tenía por qué haber muerto el fulano este, podría haber sobrevivido. Seguí mi vida como siempre.&lt;br /&gt;Cuando llegué a casa vi que Fraga me había llamado preocupado. Lo llamé y hablamos. Le conté todo y dijo que si quería que fuera a dormir a su casa. Lo pensé pero la verdad es que quería hacer frente a todos los fantasmas que había en el aire y decidí ser valiente y quedarme en mi casa, cuidarla, hacerme cargo.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente me levante y prendí la tele. Nada, ni una noticia de nada ni nadie muerto en ningún lado. Me calmé un poco, preparé café y fui para lo de Fraga. Camino a su casa me crucé con dos patrullas que tenían la sirena puesta e iban a todo pedo. Me asusté y entendí que estaba camino a ser uno de los más buscados por la policía. Fantaseé por mementos estar escapando por todo el país, sacar un pasaje en retiro y huir para algún pueblito del norte. Después me puse serio y paranoico y pensé las mejores opciones.&lt;br /&gt;“Si me entero que me sigue la policía me voy para Garín a la casa del Negro. Ahí voy a estar a salvo, en la casa del Negro puedo estar bien, trabajar en el negocio de su viejo o de Nico, estar tranquilo. La policía ahí no existe. En cambio si me quiero hacer el huidizo y me voy para algún pueblito Jujeño me puede detener la prefectura o la policía de cualquier provincia. En el momento en que paran el micro y revisan los documentos ya estoy en el horno. No, es muy arriesgado. Sí, tendría que ir hasta Garín y dejar que las cosas se calmaran por unos meses y luego ir para Bolivia a empezar una nueva vida”.&lt;br /&gt;La fantasía terminaba en Bolivia y yo seguía mi viaje a lo de Fraga. Hacían ya cuatro horas que tenía hambre, lo único que había tomado era un café. Ya se me caía la baba por una de esas salchichas crudas del Fraga, o un poco de pan. Me relajé y treté de pensar en otra cosa. Al instante me acordé de Maro, de qué le habrá pasado. Si, por un lado ya estaba acostumbrado, de alguna forma, a que Maro hiciera esas locuras solo, pero justo esa de inyectarse no.&lt;br /&gt;Toqué timbre, subí al ascensor, me abrió Fraga y lo veo detrás a Maro, tomándose una cerveza. Lo abrazo a Fraga, lo saludo y lo abrazo a Maro.&lt;br /&gt;-¡Qué hacés Marito tanto tiempo!&lt;br /&gt;- Bien, bien. ¿Vos Sanche?&lt;br /&gt; Ah… tenemos cosas de que hablar vos y yo. ¿Qué te pasó?, ¿averiguaste algo, te pasó algo?&lt;br /&gt;-Sí, estoy enfermo, me agarran convulsiones.&lt;br /&gt;-¿Combustiones?&lt;br /&gt;-No, boludo, en serio. Tengo convulsiones.&lt;br /&gt;Maro no me creía y por eso me molestaba.&lt;br /&gt;-Qué vas a tener convulsiones, cabezón. ¿Estás seguro?&lt;br /&gt;-Si, tiene eso, casi se muere el  muy boludo.&lt;br /&gt;Fraga intervenía.&lt;br /&gt;-Uh che, qué cagada, no sabés por qué es.&lt;br /&gt;-No, pero debe tener que ver con todo.&lt;br /&gt;-Y si.&lt;br /&gt;-Che, contame qué te pasó cuando me fui. ¿Compraste una jeringa y te inyectaste?&lt;br /&gt;-No&lt;br /&gt;-Ahhh vos tampoco te animaste.&lt;br /&gt;-No, lo tomé por la nariz.&lt;br /&gt;A Maro le gustaba tomar cosas por la nariz. Ya había tomado tantas clases de cosas por esa narizota que yo a veces pensaba que su placer era comparable al de un fumador que por sobre todas las cosas le gusta fumar. Como yo, a mi me gustaba sentir el tabaco, aspirarlo, expirarlo. Fumaba porro, pero también por el hecho de que me gustaba fumar. A Maro le gustaban ambas cosas fumar y aspirar.&lt;br /&gt;-¿Y qué efecto te hizo?&lt;br /&gt;-Primero vomité. Pero fue instantáneo. Lo tomé y vomité un montón y me quedé tirado. Empecé a flashear, a tener alucinaciones… tenía otra sensibilidad, cómo te lo puedo explicar. Vos sabés que estas cosas son difíciles de explicar.&lt;br /&gt;-Sí, sí, está bien. ¿Te sentiste muy mal después?&lt;br /&gt;-Y… al día siguiente y al otro y al otro quería más. Estaba muy angustiado, me dolía la cabeza… lloré.&lt;br /&gt;-¿Lloraste?&lt;br /&gt;-Sí, boludo, estaba muy mal.&lt;br /&gt;-¿Y qué hiciste?&lt;br /&gt;-Lo llamé al Pícaro y tomé más.&lt;br /&gt;-Huu, clásico.&lt;br /&gt;-Bueno pero no estuve mucho tiempo así.&lt;br /&gt;-Mmm, ¿cuánto estuviste?&lt;br /&gt;-Casi tres días.&lt;br /&gt;-Y bue… mucho, mucho no puede ser. Estuvimos en peores “giras”.&lt;br /&gt;-No, pero esto fue diferente. Yo sentía que me estaban pasando miles de cosas buenas a la vez y que las tenía en la sangre y que todo era maravilloso y perfecto, sí, eso, perfecto. Justo después de sentir todo eso, sentía el dolor de haberlo perdido, de no tenerlo más, de necesitarlo, de quererme morir. Era terrible, me quería matar, no quería saber nada de nada. Sólo me interesaba recuperar todo eso que había perdido.&lt;br /&gt;-Claro, te entiendo. Eso es terrible, terrible.&lt;br /&gt;-Bueno pero ya estoy bien. Ya me siento un poco mejor.&lt;br /&gt;-¿No vas a tomar más?&lt;br /&gt;-Por ahora no, se me acabó la plata.&lt;br /&gt;Loco, no tenés unos mangos, dale , unos que me prestes, yo después te los devuelvo.&lt;br /&gt;-Jajajajaja ..   No, no, en serio, no tengo nada.&lt;br /&gt;-¡Entonces dame tu sangre!&lt;br /&gt;-¡Ahhhh! &lt;br /&gt;Esos personajes que inventábamos para pasar el tiempo no eran sino el fantasma de lo que se nos ocurría, o de lo que se le ocurría a Maro. Pero la diferencia con el personaje psicótico era que Maro analizaba la opción de pedirme plata estando así y eso le daba un poco de gracia. Aparte sabía que el único que le prestaba plata era yo y que yo no iba a prestarle nada estando él así.&lt;br /&gt;-Y vos Sancho, que decís de esas convulsiones.&lt;br /&gt;Le conté la historia de mi primera salida con Melina y no lo pudo creer.&lt;br /&gt;-¡En serio, la saludaste y entraste en convulsiones!... ¡Qué hijo de puta!&lt;br /&gt;-Sí, pero eso no fue lo peor que me pasó. Te acordás de cuando me contaste que un vago te persiguió pidiéndote monedas, que vos estabas muy mal, con mucha bronca y te sacaste y le pegaste hasta que no pudiste más. Que tenías ganas de matarlo.&lt;br /&gt;-Sí. No tenía ganas de matarlo, tenía ganas de descargarme con algo, o con alguien. Si, me acuerdo.&lt;br /&gt;-Bueno, me pasó lo mismo. Me agarré a trompadas en un bar.&lt;br /&gt;-¿Y lo mataste a piñas?&lt;br /&gt;-No, él me cagó a piñas a mí, no me ves la cara.&lt;br /&gt;-Hu si, mirá, no te había visto.&lt;br /&gt;-Sí y mirá.&lt;br /&gt;Le mostré las costillas y la nuca, tenía todo rojo e hinchado.&lt;br /&gt;-Uh, qué hijo de puta, te hizo mierda.&lt;br /&gt;-Sí y depués cuando me fui estaba esperando el bondi a unas cuadras del lugar.&lt;br /&gt;-¿Y qué hiciste?&lt;br /&gt;-Le rompí la cabeza con un cascote por detrás.&lt;br /&gt;-Como un cagón.&lt;br /&gt;Intervino Fraga.&lt;br /&gt;-No, qué cagón. Está bien. Si el otro es más fuerte y mejor a las trompadas que pretendés que se agarre a trompadas de nuevo.&lt;br /&gt;-Mejor le rompo un cascote en la cabeza, pensé.&lt;br /&gt;-Y claro.&lt;br /&gt;-Son dos cagones.&lt;br /&gt;-Che… y le pasó algo al tipo.&lt;br /&gt;-Qué se yo. Ayer a la noche se la dí. Se la di y me fui corriendo.&lt;br /&gt;-Che, podés estar en un gran quilombo vos, eh. No sabés si lo mataste, ¿no? Y qué tan fuerte se lo diste. A ver, agarra eso y hacé de cuenta que es un cascote y mostrame el impulso y el lugar.&lt;br /&gt;Agarré algo que de tamaño se parecía a lo que había usado y le hice la demostración.&lt;br /&gt;-Uhh, pero vos estás del tomate, lo hiciste mierda si le pegaste ahí con un cascote de ese tamaño.&lt;br /&gt;-¿Vos decís que lo maté?&lt;br /&gt;-Yo te digo que nunca se sabe, pero que si el tipo está vivo está en un hospital. Igual si tuviera que apostar, apuesto a que lo mataste, coludo, mirá el tamaño y con la fuerza que le diste. En ese lugar justo, no. Lo hiciste mierda.&lt;br /&gt;-¿Y bueno, pero qué voy a hacer?&lt;br /&gt;-Y, la dirección tuya no la tienen, ¿no? Esa del documento. A lo sumo vendrán acá. Digo, si sos amigo de Fraga y el dueño del bar dice algo es que sos amigo de Fraga. Te van a venir a buscar acá.&lt;br /&gt;-Y sí, ya lo pensé.&lt;br /&gt;-Por qué no nos vamos todos de acá, eh. Si me decís esto y es verdad no conviene en serio que estemos acá.&lt;br /&gt;-Y sí, Maro, tenés razón.&lt;br /&gt;Mi paranoia entraba en acción de nuevo y no era mala idea hacerle caso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333831756194411?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333831756194411/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333831756194411' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333831756194411'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333831756194411'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/la-salud.html' title='La salud'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333816266999334</id><published>2006-07-19T16:41:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:55:08.576-03:00</updated><title type='text'>Salta de capital a purmamarca</title><content type='html'>Por momentos se me cerraban los ojos, pero cuando olí el guiso con pan y vino me paré de inmediato y fui a lavarme las manos. La casa era grande, alargada, tenía un patio en el fondo y uno pequeño en la entrada, varias habitaciones, cuadros y esculturas del padre de Margot. Ella vivía con el Gringo, un viejo alcohólico que por alguna razón que no pregunté vivía con ella. El Gringo estaba todo el día tirado y alrededor de las ocho, cuando empezaba a oscurecer, salía de la casa y volvía con dos vinos de cartón escondidos entre sus ropas. El tipo debía pensar que nadie sospechaba nada, pero era bastante obvio que tenía dos cartones de vino tinto en sus axilas.&lt;br /&gt;Charlamos bastante con Margot, no nos conocíamos bien, nunca habíamos hablado personalmente, ella solía ir a mi casa y yo siempre intercambié palabras con ella y también hasta compartí cenas, pero nunca tanta intimidad. Ella era morocha, algo bajita y risueña.&lt;br /&gt; Al terminar la cena me ofreció una bebida blanca que se tomaba mucho en Bolivia, según ella, Singani. Yo acepté y al instante ví que era como el Gin, o tal vez hasta más fuerte. Tomamos toda la noche y fui deshaciéndome de a poco. Era muy fuerte y yo estaba muy cansado como para desplegar toda mi resistencia. Ella tomaba con una frescura que parecía tener una sed indiferente a la graduación de casi cuarenta y dos grados de la bebida.&lt;br /&gt;A lo largo de la noche hablamos del viaje que estaba haciendo, de Bustitos, un escultor boliviano que había nacido en la selva de Bolivia y era amigo de ella y de mi hermana. Él me había invitado o había aceptado el hecho de que yo parase en su casa de Bolivia por algunos días. Me decía Margot que el hombre era muy talentoso y que tenía una casa hermosa. Ya averiguaría en el futuro que su casa no sólo era hermosa sino que también estaba totalmente esculpida por él. En sí, toda la casa era un búho blanco gigante, con dos ojos negros y todo lo que había dentro de ella había sido tallado o armado por él. Desde las mesas hasta las puertas de la alacena que tenían talladas caras o insectos gigantes hasta la escalera con barandas en forma de ramas de árbol barnizadas y talladas de una forma impresionante eran dignas de ser miradas por largos minutos. En el jardín tenía sus últimos trabajos y cualquier persona, conocida o no, estaba invitada a verlos.&lt;br /&gt;Hablamos de mi vida, y de proyectos de ella. Estaba haciendo una escultura gigante, erótica, de un hombre y una mujer teniendo sexo, pero el problema era que no tenía dónde exponerla por que allá en el norte no eran tan liberales y en general a la gente  le daba vergüenza esa obra. Yo la ví casi terminada y era imponente, muy buena, con mucha pasión.&lt;br /&gt;Caí repentinamente en el piso y Margot me ayudó a tirarme en el sillón. Qué soñador, después de caminar por toda la ciudad con treinta grados de calor, más siete shots de Singani, quería pararme para ir al baño. Sólo recuerdo que caí sobre la cama y que todo me daba vueltas. Había sido la noche número uno de caer y no acostarme, de mirar hacia arriba y ver que se estaba mucho, pero mucho mejor con los ojos abiertos que cerrados, que al cerrar los ojos sentía ganas de vomitar, de salir de mi cuerpo ebrio y dejarlo tirado hasta que se recuperara. Me dormí sufriendo y sin darme cuenta. Era medio día cuando me levanté, Margot se había levantado a las ocho y se había puesto a esculpir, lo noté por los ruidos. Miré la botella que habíamos tomado hasta la mitad y estaba vacía.&lt;br /&gt;-Qué pasó con el Singani que quedaba, ¿lo tomamos todo anoche?&lt;br /&gt;-No, vos te dormiste y yo la terminé con el Gringo.&lt;br /&gt;-¿Y dónde estaba el Gringo?&lt;br /&gt;-Estaba mirando tele y tomando ese vino horrible que toma. Cuando vio que te quedaste dormido salió de su madriguera y se vino a tomar conmigo.&lt;br /&gt;-¿Y por qué no se nos unió en la cena, o después, en la sobre mesa de Singani?&lt;br /&gt;-El Gringo es muy tímido, ya sabía que no se iba a animar a hacer sociales tan rápido, pero no te preocupes, él solito se te va a acercar y ya se van a llevar mejor.&lt;br /&gt;Cómo tomaba esta mujer, era como si no le hiciera efecto el alcohol. Al principio de la estadía sentí un poco de ese orgullo de macho, una mujer no puede tomar más que yo, no puede. Después, al pasar los días me di cuenta de que ella no solo podía tomar más que yo, sino de que yo nunca iba  a poder durar en una mesa con ella más de dos horas, al menos en ese tiempo.&lt;br /&gt;Me puse a escribir unos poemas mientras ella esculpía con música de fondo, la tarde era encantadora y todavía no había vuelto a ver la ciudad de día. Después de hacer unos garabatos en mi cuaderno y de escribir un poco me pegué una ducha y me tiré a ver un poco de tele. Hacía mucho tiempo que no veía la tele. Cuando era chico la miraba todo el día y después la sufría todo el tiempo, ahora no tenía mucho sentido mirarla, no había nada interesante y era más divertido leer con esa tarde de verano, en una silla,  con mate y un ventilador que me daba un poco de aire caliente en la cara. Me quedé dormido en el segundo capítulo que leí, en esa tarde salteña no se podían hacer muchas cosas más. Allá, como en cualquier pueblo o ciudad del interior los negocios cerraban a la hora de la siesta y la gente, simple y religiosamente, se iba a dormir.&lt;br /&gt;Margot me despertó para preguntarme si no quería ir a la casa de sus tíos, me dijo que eran muy simpáticos, que debía conocerlos. Yo no me mostré muy entusiasmado, sólo por el hecho de tener prejuicios con el título de “tíos salteños dormidores de siesta”, ya vería lo confundido que estaba. Me puse las zapatillas, me colgué el morral y nos fuimos a tomar el colectivo bajo el calor agobiante de las cuatro y media.&lt;br /&gt;El colectivo nos dejó a una cuadra y en el trayecto pude ver todo aquello de Salta Capital que no había podido ver antes. Muchos de los barrios bajos, canchas de fútbol de tierra en los parques, casas de chapa y sobre todo ese vacío que deja la falta de gente, ese desierto cocinándose al sol era Salta y no pude dejar de dormitar por todo el viaje.&lt;br /&gt; Las calles desiertas por la siesta y los sobrevivientes caminando  con diarios en la cabeza para cubrirse del sol y perros que acompañan con los ojos cerrados bajo un cielo turquesa, imposible de ver fijo de lo turquesa y azul.&lt;br /&gt;Bajamos y entramos a una despensa que abría justo, a las cinco de la tarde, compramos tres cervecitas con unas papafritas, tocamos timbre y nos abrió una señora de cuarenta años más o menos. Lili. Se saludaron con un abrazo y nos presentó, después y con algo de antipatía se dejó ver el Robert, saludó en la distancia.&lt;br /&gt;-No te preocupes, está concentrado en sus artesanías, pero ya va a venir a tomarse unas cervezas.-me dijo Lili.&lt;br /&gt;-¿Esa guitarra se puede tocar?&lt;br /&gt;-Sí, tocá, si te gusta. Tocá que se nos rompió la radio y ya no se va a poder arreglar más, el pavo del Robert le metió mano y la hizo pomada.&lt;br /&gt;-¡Para que casi y la dejaba como nueva eh!... ¡no me andes difamando con los invitados Lili, por favor!- el Robert gritaba desde el otro cuarto, estaba al tanto de todo lo que se decía.&lt;br /&gt;Lili era una persona muy cálida, muy cálida y simpática, de esas personas que se toman la vida con soda, con una sonrisa grande y una tonada salteña se reía de todo y movía su pelo negro y largo de un lugar a otro de la casa para traer cosas y cositas que quería mostrarnos a mí y a Margot. Tenía dos hijos que todavía no llegaban y la tarde que había empezado con tres cervecitas ya se volvía un poco más fresca por el clima y por otras tres cervecitas que traía el Robert para unirse a la charla.&lt;br /&gt;Sí, estar así como estaba… yo sabía que iba a extrañar eso, estar con personas felices lo vuelve a uno feliz. Estaban tranquilos y en la situación en la que cualquier otra persona de Buenos Aires estaría desesperado. Vivían de lo que llevaba unos de los hijos, de una pensión que tenía Lili de su madre que había muerto, pero seguía viva a los ojos del Estado, y de las artesanías del Robert. El Robert era un gran artesano, un tipo muy prolijo y dedicado, vendía bien, según Lili, y lo que hacía no era nada fácil.&lt;br /&gt;Hablamos de todo un poco, de Bolivia, de mi hermana, de cómo estaba todo en Salta, de sus hijos y hasta del gobierno. La noche empezaba a asomarse por la ventana y yo decidí ir por las tres cervezas que ya sumaban nueve.&lt;br /&gt;Las tomamos con otra ración de papitas, era un bolsa de papitas fritas caseras y muy, muy ricas… se notaba que las habían hecho durante el día, estaban frescas y eran crocantes aunque no del todo, en ese momento sentía ese hambre clara y suficiente como para pensar un buen rato en las papas fritas antes de pararme y comprarlas con la boca llena de baba.&lt;br /&gt;Cuando regresé ya habían llegado los dos hijos. Muy risueño uno y con cara de cansado el menor hablaban con mucho interés en Margot. Al instante el Robert los mandó a comprar unos choris y más cervezas. Ellos protestaron, se sirvieron un vaso de cerveza cada uno y siguieron con la charla. Reíamos y reíamos. Yo le pregunté al mayor, que debía tener una edad parecida a la mía, si se podía fumar. Él, al instante, le dijo al Robert en voz alta: “Acá preguntan si se puede fumar marihuana, pá”.&lt;br /&gt;-No, si mi mamá no me deja.-contestó y se rió mostrando una sonrisa con falta de dientes.&lt;br /&gt;Saqué un poco y ninguno pudo evitar mirar el producto con ojos brillantes y esperanzadores. Lo que pasaba era que no tenían ni plata para comprar ni lugar donde comprar algo decente, me decían. Yo les dije que les iba a dejar un poco por que había traído de más y no convenía andar con sobra. El Robert me dijo: “No le des nada al pibe aquel que va y lo cambia todo por base”.&lt;br /&gt;El hijo menor andaba fumando pasta base. Me llamó mucho la atención ese comentario en forma de chiste, era como si los valores se hubieran cambiado un poco y para bien.&lt;br /&gt;Se paró el mayor y fue a comprar los chori, hicimos una vaca para las cervezas y salimos todos al patio donde tenían todo tipo de frutas y verduras. Todo el jardín era como una huerta gigante, con espacios para caminar, una gran parrilla y un perro peludo tirado, casi muerto, entre los zapallos y las uvas.&lt;br /&gt;Fumamos con la noche y el fuego de los chorizos cuando llegaron tres amigos del Robert y animaron más aún la reunión. Eran muy cómicos aparte de estar ebrios. Agarraron la guitarra y otro desenfundó la suya, se presentaron irónicamente como el grupo “Los Romanceros”. Dijeron que “Los Nocheros” les habían robado varios temas, pero que ellos eran mejores y mucho más creativos y que no les importaba. Cantaron cuatro o cinco canciones fabulosas, esas canciones simples pero divertidas, graciosas, con letras que encajaban, simples e ingeniosas.&lt;br /&gt;De a poco la noche se fue yendo y el alcohol más el porro me fueron dejando afuera de todo. Para ese momento Margot se paró, fue a la heladera y sacó un Singani que dijo haber traído de incógnito. Todos esbozaron una sonrisa o rieron los borrachos con una carcajada ebria. Sirvieron la bebida helada para todos. Apreté fuente la mano, tragué seco y me mentalicé para tomar ese perfume que estaban sirviendo.&lt;br /&gt;La noche terminó entre risas sin sentido, carcajadas que eran provocadas simplemente por las distintas caras rojas de descontrol y confusión de los distintos invitados. Luego de un momento totalmente bizarro, de no entender la risa imparable que me dejaba sin aire caí desmayado y lo último que recuerdo es que fui el primero en caer.&lt;br /&gt;No sé cómo, pero amanecí en la casa de Margot con un dolor de cabeza asfixiante, insuperable. Ella ya estaba levantada y desayunada y no paraba de esculpir. Me respondió la pregunta y era lo que yo sospechaba. Se había levantado a las ocho.&lt;br /&gt;-¿Siempre te levantas a las ocho?&lt;br /&gt;-Casi siempre, sí.&lt;br /&gt;-¿Pero cómo haces para poder?&lt;br /&gt;-No sé, simplemente me levanto, es como si tuviera solo esa opción. Lo hago aunque esté cansada. Francamente el cansancio es relativo, los indios podían y debían estar despiertos varios días seguidos en las guerras o las fiestas y no por eso tenían uno para descansar. Eso lo aprendí de Bustitos, él se levanta todos los días a las ocho. Primero me pareció imposible, pero después te das cuenta que se puede.&lt;br /&gt;Hija de puta la Margot, si que se puede, claro. A mí para ir a laburar vaya y pase, pero después de chupar como chupamos para levantarme a las ocho me tienen que torturar y para colmo lo que más voy a sufrir va a ser el estar de pie y medio dormido. Pero en fin, cada loco con su tema, pensé, si ella se quería levantar a las ocho su problema. Con lo que me gustaba dormir a mí ni de puta casualidad lo iba a imitar al Bustitos.&lt;br /&gt;En su casa pasé ese día igual que había pasado el anterior: tomando mate, escribiendo y leyendo. A la noche nos fuimos a dormir sin comer más que un poco de pan y beber Singani hasta el delirio, sabiendo ya que yo partiría a la mañana siguiente.&lt;br /&gt;La abracé y nos despedimos con una sonrisa en la cara. Caminé hacia la estación con la mochila en la espalda, me la había podido sacar por unos días, pero ya la cargaba de vuelta. La mochila de caminar, de ir de lugar en lugar, de viajar solo y comer mal, la mochila del viajero bajo el sol, del incansable. No me desagradaba mi mochila, no me desagradaba en lo absoluto.&lt;br /&gt;Saqué pasaje para San Salvador de Jujuy, de ahí tenía que tomarme un micro hacia Purmamarca, el pueblo que más me había gustado del norte argentino.  &lt;br /&gt;Llegué a San Salvador y me encontré con la clásica terminal horrible y calurosa del norte. Todo estaba cerrado por la hora así que compré un pebete y una coca fría, que no tardó en calentarse ni un segundo, y me senté a esperar. En frente mío charlaban dos chicas que al parecer también viajaban de mochileras y al acercarme averigüé que iban a Purmamarca. Charlamos de lo que charlan los viajeros y sacamos los pasajes. Dormí todo el viaje y ellas me despertaron al llegar.&lt;br /&gt;Si hay algo genial que tiene ese pueblo, aparte de ser muy chico y precioso, es no tener terminal, cuando llegas estás en el pueblo.&lt;br /&gt;Bajamos y nos hospedamos en uno de los tres campings que había. Ellas pusieron su carpa gigante y plateada frente a la mía, una carpita para uno comprada por unos pocos pesos en un supermercado. No tenía ni sobre techo mi carpa, pero era bastante livianita.&lt;br /&gt;Aseguré las estacas con piedras porque el piso era de tierra y piedras y no se podían clavar, metí mi bolso con la guitarra y salimos a caminar por el pueblo. El pueblo era perfecto, ya lo conocía y eso hacía todo más conmovedor. Todas sus calles eran de tierra y no tenía más de diez cuadras cuadradas. El color de las casas era prácticamente el mismo en todas, de un rosa gastado, de polvo, el color que tienen las montañas y que por el viento lo conservan las casas. Un pueblito que tiene en la orilla un cementerio lleno de flores y las montañas al pie, prácticamente está sobre las montañas. La gente es tranquila y amable y la comida es barata y muy rica. Un pueblo perfecto.&lt;br /&gt;Lo primero que hice fue recorrerlo caminando con una sonrisa en la cara. Vi algunas artesanías que vendían en la plaza y sentí ese aire por segunda vez, todo estaba más o menos como lo había dejado. En el cielo, detrás de las montañas, se veían nubarrones, no podía ser de otra forma, después de dos años sin visitarlo iba a llover justo en el lugar que menos lluvias tiene en el año. Me habían dicho que no llovía más de dos o tres veces al año y según el cielo se estaba por largar una tormenta. Me pareció todo muy romántico hasta que me di cuenta de que si llegaba a llover mi carpita de supermercado sin sobre techo ni estacas bien clavadas se iba a inundar por completo si no se iba volando primero.&lt;br /&gt;Corrí al camping cuando vi que las nubes copaban todo el cielo y los rayos se acercaban desde las montañas. En cinco minutos todo el pueblo quedó a oscuras, completa oscuridad y lo único que lo alumbraba, eran los rayos que por un segundo te dejaban ver todo.&lt;br /&gt; Cuando se largó no hubo puntos medios. Se cayó el cielo sobre el pueblo. Puse todo en el centro de la carpa y vi que no entraba con todas mis cosas ocupando la parte del medio. Tuve que salir a de la tormenta y buscar techo. Las chicas reían en su carpa, realmente estaban disfrutando de esa lluvia torrencial dentro de su carpa plateada y gigante. Me refugié en un quincho lleno de gente. No se podía estar de la cantidad de gente que había, yo estaba todo mojado y muerto de frío a cinco metros de una parrilla con fuego y ni siquiera podía acercarme más. Todo estaba ocupado por un grupo gigante de gente que estaba cocinando y tocando la  guitarra alegremente.&lt;br /&gt;Miré a mi carpa y supuse lo peor, todo se había mojado o todo se estaba mojando, el viento había volado las estacas y lo único que la mantenía en pie era mi bolso y la guitarra.&lt;br /&gt;Empecé a tiritar del frío, pedí un trago de vino y me lo otorgaron con mala cara. Estos eran de lo peor, los odié por una eternidad de minutos. La lluvia no iba a parar en toda la noche y yo ni siquiera tenía un lugar para sentarme…&lt;br /&gt;“¡Estoy parado!... ¡mi carpa se hunde en un río de barro!... ¡Por qué mierda no hice esas putas canaletas alrededor de la carpa!... ¡Me cago en Dios y en esta puta mierda de estar mojado!... ¡Por qué mierda no me dejan un lugar!... ¡Hijos de puta con los culos atornillados a los asientos!... ¡Ni lugar en el puto piso hay para sentarse!...”&lt;br /&gt;Sí, la cosa se había puesto fea y estaba de un humor imposible, parado, muerto de frío con un viento que me hacia temblar la piel de gallina mojada y todos mis puchos se habían mojado por la puta lluvia. Ni cigarrillos tenía y el porro estaba en mi mochila, seguramente todo mojado, pero igual no perdía la esperanza de que las cosas sobrevivieran secas. Todo lo demás se había mojado de seguro, pero lo que puse justo en el centro de la carpa se debía estar manteniendo seco, si había que creer en algo yo creía en eso.&lt;br /&gt;El tiempo pasó como siempre pasa cuando las cosas van mal, lento, pero seguro. Me cagué de frío toda la noche y después de unas horas los ocupadores de quinchos fueron dejándome un lugar calentito y cercano al fuego. Con los demás sobrevivientes reavivamos el fuego y pasamos la noche charlando.&lt;br /&gt;Al día siguiente paró de llover y descubrí que mis cosas estaban secas, pero que todo lo que no estaba justo en el centro se había mojado. Saqué todo, di vuelta la carpa y en menos de una hora se secaron todas las cosas que se habían mojado. Yo me tiré sobre la bolsa de dormir y al aire libre soñé con miles de cosas. A las ocho, cuando empezaba a caer el día me despertaron las chicas con mate y galletitas. Eran las dos que había conocido en la terminal de San Salvador, una muy fea y la otra no tanto y como era de esperar la fea me miraba con ganas y la linda no me pasaba ni la hora, aunque era linda a medias. Era de esas chicas que no son lindas para uno, pero que se nota que para una gran cantidad de gente son muy llamativas.&lt;br /&gt;Nos hicimos amigos a lo largo de esos días y yo las abandoné por completo cuando conocí lo que se iba a transformar en mi amor de verano. Ese clásico amor que parece único y que a la vez es sólo fruto de la buena predisposición que tenemos todos en esa época. Después, en capital iba a descubrir que no la soportaba y ella tampoco a mí. Se llamaba Victoria y apareció como aparecen este tipo de chicas, de la nada. Yo estaba poniéndome la remera después de ir a recorrer la parte de atrás del pueblo y de tener una experiencia casi mortal en la que por creerme más alpinista de lo que realmente era me caí de una altura considerable en una planta de espinas. Mi remera me tenía atareado, estaba llena de espinas y era la única casi limpia, así que estuve unos buenos minutos parado en la entrada del camping sacándole las espinas. Cuando termino de sacarlas levanto la cabeza y las veo, eran dos chicas muy lindas, pero una era realmente hermosa y la otra más bien simpática. Al instante les pregunté algo, cualquier cosa, no me importó nada más.&lt;br /&gt;- Hola… que tal, ¿hace mucho llegaron?-me miraron como si fuera el coordinador del pueblo, como si me estuviera haciendo responsable de su comodidad en Purmamarca.&lt;br /&gt;-Sí, llegamos hoy… ¿y vos?&lt;br /&gt;-Yo hace dos días. A dónde iban.-no dejaba pasar un segundo que les preguntaba otra cosa. Ella me respondía con cara rara y se miraban como preguntándose por mí, como si yo creyera que ya las conocía de antes.&lt;br /&gt;- Íbamos a reservar nuestros lugares en la excursión a las Salinas Grandes.&lt;br /&gt;La que más me gustaba me miraba fijo cuando me hablaba, era muy linda y con un físico increíble. Tenía unos labios muy pero muy gruesos, una altura media, piernas lindas y una piel suave y morenita que de seguro olía a bebé. Las dos eran muy sonrientes y hacían chistes todo el tiempo, estar con ellas era caminar y reírse por todo el pueblo.&lt;br /&gt;La que más me gustaba era Victoria. Ella había visto todas las series de dibujitos animados que yo había visto cuando chico y le encantaban los autores que yo más disfrutaba y las series de televisión que yo miraba cuando tenía tele. Comenzó todo con el pie derecho y de pronto creímos que esas casualidades significaban algo. Ella estaba sorprendida de que tuviéramos tantas cosas en común, yo también lo estaba de hecho.&lt;br /&gt;-Mirá, para que se haga la excursión faltan personas, ¿no te gustaría venir con nosotras?&lt;br /&gt;-¿Ir a las Salinas?&lt;br /&gt;-Sí, ¿fuiste ya?&lt;br /&gt;-Mmm… no, la verdad que la idea de ver sal en grandes cantidades no me tiene muy seducido.&lt;br /&gt;Qué idiota me sentí minutos más tarde cuando en mi cabeza entendí que ese lugar debía ser hermoso y fascinante. Y que en realidad no importaba mucho el lugar específico a dónde me invitaran, lo importante para un tipo en mi situación era que llegara la invitación.&lt;br /&gt;-¿Cómo que no te seduce? Las salinas son increíbles y las de Jujuy dicen que valen la pena. Hay un restaurante hecho completamente de sal y todo.&lt;br /&gt;Pensé por unos segundos en todo ese diálogo y vi que en realidad, por alguna razón que no terminaba de entender, me estaba mostrando indeciso, como si no quisiera ir… ¡Como si las putas salinas tuvieran algo que no interesase!... ¡Vamos idiota, aceptá, qué mierda importan las salinas si ella va a ir y te está invitando personalmente a que la acompañes!... Tuve un momento de gloria, de reflexión sobre mis estupideces y luego acepté.&lt;br /&gt;-Sí, no sé muy bien en que estoy pensando, claro que voy, debe ser un paisaje único ahora que lo pienso.&lt;br /&gt;La pura y puta verdad es que cuando llegué al punto más alto en mi escalada decidí festejar mi hombría fumándome uno de esos cigarritos verdes y creo que eso fue lo que ayudó a que casí me matara y también eso fue lo que casi me hizo rechazar esa oferta dorada.&lt;br /&gt;Fuimos los tres a tomar un café,  después de reservar tres lugares. La excursión salía a las tres de la tarde en la caja de una camioneta Ford f-100 verde.&lt;br /&gt;Pasamos el resto de la tarde juntos y al despedirnos para ir a bañarnos quedamos en ir a comer y fumar algo después. Yo lo había pensado al instante de que ellas me invitaran, teníamos que preparar pizzas a la parrilla y ponerle porro fritado a la masa antes de ir a la excursión, pero todavía no se los iba a contar, no quería parecer un desesperado ni un comedor de porro… tenía que esperar un poco.&lt;br /&gt;Nos encontramos, comimos, nos reímos, fumamos los tres, fuimos al quincho, contamos anécdotas graciosas de nuestras familias y ella se destacó. Me hacía reír con todas las cosas y con todas las descripciones que hacía de sus familiares. El viejo de ella era un lento y toda la familia le decía Rulo, el hermano era un pajero y estaba todo el día encerrado en el cuarto masturbándose con la música a todo volumen, la madre era un loca, y se levantaba temprano sólo para maquillarse y levantar al resto de la familia, el perro era un hincha pelotas y una molestia… y ella, bueno, claro está, ella era un ángel. Gesticulaba y los imitaba y no paraba de reír.&lt;br /&gt;Ese, y es sin duda lo que más efecto me hace, es el secreto único para seducirme realmente: hacerme reír. Pueden ser las más lindas, altas y rubias o morochas y pechugonas, de ojos verdes y narices pequeñas como botoncitos, caderas anchas o angostas, culo redondito y parado… si todo muy lindo, pero si no me hacen reír pierden su tiempo, quizá consigan algo conmigo si se esfuerzan (en general me esforzaba yo), pero quién sea sólo puede ser algo pasajero. Si hay algo que toda mi vida tuve y tendré claro es que me gusta reír y la gente que esté conmigo tiene que hacerme reír y yo a ellos.&lt;br /&gt;Bien, lo había logrado, ya me tenía completamente erotizado, era graciosa y hermosa…  inteligente y… bueno obviamente lo había logrado. Esas son las peores, las que aparte de lindas son inteligentes. Son las peores porque conocen bien sus límites, hasta dónde puede llegar su aparato de histeria y de seducción, son más sutiles y más especuladoras y todas estas características dan por resultado más sufrimiento. Sí, yo sabía que me tenía que cuidar de esas conchudas, lo que no sabía era si Victoria me iba a hacer lo que me había hecho la rubia mal cogida que conocí en el micro de ida.&lt;br /&gt;La noche terminó, ellas se fueron a su hospedaje y yo les dije que me iba a quedar escribiendo un poco y fumándome un cigarrillo. Al instante de verlas salir del camping y dirigirse a sus cuartos, que quedaban a dos cuadras de distancia, pensé: “Si vuelve es mía y si no vuelve no vuelve”. Siempre es así en este tipo de circunstancias, si ella vuelve ya está en la bolsa, para qué va a volver si no.&lt;br /&gt;Escribía deseando que volviera y escuché unos pasos, pisadas que se dirigían hacia el camping, es ella, pensé. No, era la chica moderadamente linda que había conocido antes de llegar, esa que estaba con su amiga fea. Esa puta estaba yéndose a la carpa con uno de los boludos que habían hecho las pizzas a la parrilla para seducir al grupo de la rubia mal culeada y sus inocentes amigas. Mierda, pensé, me hice ilusiones al pedo.&lt;br /&gt;-No, no quiero, no, en serio, no, no, no.&lt;br /&gt;-Dale, un besito, dale por favor, dale.&lt;br /&gt;-No, te dije que no.&lt;br /&gt;-Dale, no seas así.&lt;br /&gt;-No, ya te dije que no.&lt;br /&gt;-Un poquito, qué… ¿no te gusto?&lt;br /&gt;-¡No!&lt;br /&gt;-¡Y para qué me hacés venir hasta acá si no te gusto!&lt;br /&gt;Qué pelotudo, el perejil que había acompañado a esta histérica a la carpa ni se imaginó que le iba a pasar eso. Cómo lo disfruté, en el silencio de la noche y del camping se escuchaba todo, pero absolutamente todo. Fue una escena divertidísima, el tipo insistía y ella le histeriqueaba. Me reía como un maniático en la oscuridad. De repente escucho:&lt;br /&gt;-Hola, volví.&lt;br /&gt;¡Sí señor!... ¡Gol de Sancho!... ¡Goooolazo!... Y encima el perejil pasó con cara de frustrado y me vio con semejante mujer al lado. ¡Ja!... a ver cuándo te agarras una como esta ¡gomaso!&lt;br /&gt;No hay cosa que se disfrute más que estar con una persona hermosa y poder refregársela a otras que querrían estar en tu situación. Lo saludé en la oscuridad al ver que me buscaba la cara en la oscuridad para saber con quién andaba la señorita.&lt;br /&gt;Charlamos por una hora y no sabía cómo hacer para darle un beso en esos labios tan carnosos que tenía. Hasta llegó a levantarse la remera y a mostrarme una cicatriz que se había hecho en un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida. Tenía una especie de quemadura de unos tres centímetros de ancho que iba desde la línea de la cola, que no dejó de mostrar con una de esas bombachitas delicadas y provocadoras de violencia sexual, hasta casi la espalda. Una verdadera cicatriz que sólo generó más interés en ella, claro, ahora no era una muñequita hermosa y graciosa… tenía una buena cicatriz, me gustaba más que antes.&lt;br /&gt;Cuando se dio cuenta de mi nivel de timidez me dijo que tenía sueño y la acompañé hasta la puerta de su cuarto. La luz blanca y el silencio de la noche generaban un vacío que solo podía ser llenado por un beso. Le dije chau, me dijo chau y cuando me quiso dar un beso en el cachete yo le encajé un beso en la boca y ella se quedó quieta al principio y después me besó. Se metió a su cuarto y me dijo que me iba a levantar a las diez de la mañana.&lt;br /&gt;Me despertó el calor insoportable que te obliga a salir de la carpa y seguir durmiendo en el suelo bajo la sombra de algún árbol. Ella se dejó ver con la melena negra al viento recién a las doce del medio día. Me levanté y pensando en que quizá lo de ella sólo había sido cosa de una noche le di un beso en la boca y vi que al menos un día más iba a durar.&lt;br /&gt;Cuando llegó la amiga les pregunté si no preferían comer pizzas con porro antes de ir a la excursión. Ellas rieron sorprendidas y me confesaron que nunca lo habían hecho. Aceptaron después de consultarse en vos baja. Les pareció una buena idea. Fuimos a comprar los ingredientes y a la vuelta me di cuenta de que no sabía cómo mierda se hacía una pizza. Todavía faltaba hacer el fuego, la masa, freír el porro y ni siquiera sabía cómo hacer la masa. Salí en busca de algún pajuerano que me pudiera explicar y encontré a la clásica vieja gorda de pueblo que sabe cocinar todo tipo de cosas. Me dijo que me iba a explicar sólo si le llevaba una porción de muestra. Yo acepté encantado… pobre, ni se lo imaginaba.&lt;br /&gt;Les expliqué a las chicas y se pusieron a amasar mientras yo hacía el fuego. La masa que les salió era durísima, así que decidimos hacer pizzetas.&lt;br /&gt;Puse a freír el porro en manteca y salió ese olor a porro cocinado que es insoportablemente feo. Te llena la cabeza de porro y se expande a lo largo y a lo ancho. Saqué el porro, lo mezclamos a la masa, pusimos todo al fuego, dimos vuelta las pizzetas, les pusimos salsa, queso, tomate, las sacamos. Estaban realmente horribles: la masa estaba medio cruda, el queso no estaba totalmente derretido… el tomate frío. Un asco. Las devoramos solo por su alto contenido de diversión y nos fuimos para la casa del hombre que organizaba la salida. Antes pasamos por la casa de la gorda y le dejé una porción, una de las mejorcitas que habían salido.&lt;br /&gt;A la media hora me vi muerto de risa en la caja de una camioneta, con un viento terrible que me volaba todo el pelo yendo a toda velocidad por un camino realmente peligroso, un camino de cornisa que zigzagueaba como una larga serpiente que se escabullía entre las montañas. Nos tapábamos con unas frazadas que había en la caja cada vez que las nubes tapaban el sol. Yo me acariciaba con ella por debajo de los abrigos.&lt;br /&gt;Llegamos riendo con los ojos colorados y chinos y casi sin poder caminar de la risa. Todo el tiempo nos reíamos de todo sin ninguna explicación. Al entrar al restaurante de sal casi explotamos de la risa. No se vendía nada de nada, tenían tanta sal que hicieron un restaurante gigante, solo les faltaba vender toda esa sal ahí. Eso nos generó un ataque de risa, como miles de otras cosas que en sí no eran graciosas, pero que a nosotros nos mataban.&lt;br /&gt;A la vuelta la amiga de Victoria se descompuso. Yo creí que había sido por el porro, pero médicos afirmaron que se había apunado. La dejamos en el hospedaje y vimos a la gorda toda transpirada barriendo en el medio de la calle de tierra. Estaba barriendo el polvo de la calle mientras murmuraba cosas para adentro, creo que se estaba quejando por esa montaña de polvo que había acumulado. Era tragicómico, estaba indignada por todo ese polvo y lo gracioso era que todo el pueblo estaba hecho de polvo. Barría desesperada y se reía por momentos de cosas que se le iban ocurriendo. Yo me descompuse de la risa y cuando se lo conté a Victoria se enojó bastante y después cayó en la risa.&lt;br /&gt;“Sos hijo de puta vos, eh”&lt;br /&gt;“No si a vos seguro te parió la virgen de Lujan”. Le dije.&lt;br /&gt;Más a la noche nos fuimos a mi carpa y estuvimos juntos, abrazados, desnudos, tocándonos, teniendo relaciones… fue bastante increíble.&lt;br /&gt;Al despertarme ella ya no estaba, me había quedado dormido y ella se había ido al amanecer. Me vino buscar al mediodía, me contó que su amiga todavía estaba mal y que se iban a ir a Salta, a la casa de unos conocidos que las estaban esperando. Yo sabía que esto iba a suceder, ellas ya me habían dicho que iban para abajo y yo sabía que iba a ir para arriba. Decidí irme antes que ellas, no la iba a despedir con cara de triste abandonado.&lt;br /&gt; Desayuné con mi linda y efímera mujer y fuimos los dos al kiosco de donde también se sacaban pasajes. Saqué uno para Tilcara y nos sentamos a esperar bajo un toldo. El cielo estaba algo nublado y comenzó a lloviznar cuando tocaba una canción con mi guitarra, fue una gran despedida… una de Caetano con calor y una garúa… Vimos que llegaba el micro y nos abrazamos, nos besamos y prometimos mantener contacto. Fue una despedida perfecta, la llovizna le dio el toque romántico y con el beso nos separamos para siempre… porque aunque nos hayamos encontrado luego en Buenos Aires lo que pasó entre nosotros allá se quedó en ese pueblo y en ese tiempo para siempre, sabíamos que no lo íbamos a recrear en Capital, nunca íbamos a llegar a lo mismo.&lt;br /&gt;La ví parada, saludándome y haciéndose cada vez más chiquita… hasta convertirse en un punto negro, ahí se había quedado mi amor, pero el viaje seguía y todavía faltaba mucho por recorrer. Y eso me daba mucho ánimo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333816266999334?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333816266999334/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333816266999334' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333816266999334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333816266999334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/salta-de-capital-purmamarca.html' title='Salta de capital a purmamarca'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333740670591264</id><published>2006-07-19T16:29:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:55:39.306-03:00</updated><title type='text'>Más lejos que garin</title><content type='html'>Cuando salí con Maro y Fraga me sentí raro, quería estar solo. No sabía qué hacer, tenía miedo de todo, pero estaba con una mujer… Melina. Pensaba en irme a Garín, visitar a mis amigos de la infancia y estaba seguro de que ahí iba a estar muy a salvo porque la policía no tenía nada que hacer por esos pagos. También podría trabajar, pero no tendría a mi linda Melina y eso era un problema. Realmente me gustaba esa chica.&lt;br /&gt;Me separé de Maro y Fraga en una estación de bondis con la excusa de ir a ver a Melina, pero era mentira, ella estaba ocupada y no podía salir. Me tomé el sesenta y me bajé en el puente de Garín. Si hay un bondi que pasa por cualquier lado y te lleva hasta el culo del mundo es el sesenta. No lo tomé con la intención pura de ir a Garín, pero pensé que lo tenía que reflexionar en el camino.&lt;br /&gt;Cuando bajé estaba oscureciendo y no hay lugar como el puente de Garín para temer por la vida propia… Caminé hasta la estación y llamé a lo del Negro. Me atendió y tardó en reconocerme. Quedó en pasarme a buscar.&lt;br /&gt;Nico y el Negro Juan Manuel son primos muy amigos con los que crecí y me junté hasta los dieciséis años. Muchas cosas compartimos y después yo hice la mía. Ellos nunca fueron la clase de gente que te toma rencor por desaparecer, más bien son de los que se alegran mucho cuando te ven después de mucho tiempo. Ellos siempre quisieron salir de ese pueblo de mierda, pero por una cosa u otra nunca lo hicieron.&lt;br /&gt;  Se alegraron un montón cuando llegamos con el Negro a la casa. Estaban Sergio, Liana (padres del Negro), Maxi y Nico. Me ofrecieron tomar cerveza toda la noche y tuve que negarme. Charlamos por horas recordando épocas doradas, cuando hacíamos quilombo en el pueblo, las chicas que nos agarrábamos, la veces que nos peleamos a trompadas… fue una noche de recuerdos.&lt;br /&gt;Me quedé dormido en un sillón y me desperté en un colchón. Ya casi era común despertarme en la casa de alguien, era casi planeado, de pronto me quedaba dormido y alguien me tapaba. El negro vivía solo en la casita que antes era de los viejos. Cuando me desperté vi una nota que decía que se había ido a trabajar y que volvía a la tarde. Me dejó la dirección del negocio. Yo aproveché para llamar a Fraga. Me atendió y me contó que hacía dos horas, no más, la policía se había ido de su casa, me estaban buscando y no le dijeron porqué. Me dijo que mejor ni apareciera por ahí. Pensé dos segundos, llamé a Melina y no había nadie, después me fui para el negocio del negro. Estaba igual que antes, nada había cambiado, pero a la vez todo era distinto. Éramos grandes y todo ese lugar de juegos casi era de él, y ya era un lugar serio, de trabajo. “Materiales Garín” se llamaba el negocio. Mientras estaba ahí parado mi cabeza seguía a mil por hora, recuerdos de la infancia se cruzaban con fantasías de arrestos y de forcejeos con la ley. Me imaginaba huyendo y disparándome con la policía… muriendo de una forma trágica y después… después un problema: cuando era chico, chico de ir a primer grado… tendría unos nueve años, yo ya me reconocía como alguien distinto. Es pura verdad, yo le robaba a un pibito que odiaba, le robaba los alfajores de una forma muy jugada, cuando todos estaban en clase prestando atención yo me inclinaba y metía la mano en su mochila para robarle, me daba un placer extraño y en el momento de hacerlo tenía una adrenalina especial, me encantaba. Pero por las noches o en momentos de reflexión me preocupaba esa falta de creencia en las reglas morales, realmente no creía en esas reglas, no creía en nada, no le hacía caso a nadie, claro a menos que su argumento me pareciera razonable, así que me preocupaba una cosa en esa época, me daba miedo yo mismo, si… aunque parezca mentira, me daba miedo terminar siendo ladrón o caer en cana e ir a la cárcel y también me daba terror ser drogadicto. Esas dos o tres cosas me daban un temor asfixiante porque sabía que yo era capaz… es que desde un primer momento vi que las cosas no son ni malas no buenas, quizá no lo podía explicar, pero lo sabía, creía en eso. Que puta casualidad que estaba por caer en cana y ya había pasado por el camino de la droga y me había quedado un buen tiempo.&lt;br /&gt;Cuando el negro me vio parado e inmóvil con cara de estar pensando mucho y mal me gritó. Me desperté del sueño y entré al negocio… tomamos unos mates y charlamos… después de un tiempo nos contamos los problemas del día. El Negro, Nico y yo éramos amigos de Gastón, el Facha le decíamos… bueno el Facha, me contaba el negro, estaba gordo y con un pibe de tres añitos, había dejado embarazada a una piba de diecisiete años y había tenido ese hijo. También me contó otras cosas, pero esa fue la más relevante para mí. Me acordaba de que todos yendo a jugar al futbol escuchábamos las historias del Facha, de las chicas que se cogía sin forro, que hacía poses nuevas y todo sin preservativo. Todo el grupito se reía y le decíamos que iba a tener un pibe y se iba a querer matar… Entonces el Facha tenía un pibe de tres años, casi a los dieciocho tuvo un crío. El Negro me dijo también que él no sabía si su novia no estaba embarazada, ya el atraso llevaba como nueve días y estaba preocupado. Me dijo que estaba corriendo picadas todos los viernes con el auto que se había comprado y que todavía no había ganado nada, pero que no faltaba mucho para ganar su primera carrera. Ahí estaba el Negro, compitiendo con un auto preparado para correr y casi con un pibe, sí que había pasado el tiempo. De pendejo siempre rompía las bolas para ir a los cartings, a los autitos de carreras y siempre que íbamos ganaba él, ahora competía con un auto de cuatro lucas el Negro.&lt;br /&gt;No podía parar de pensar en todo lo que estaba pasando a mi alrededor, parecía que ese año iba a ser el año de mi muerte, me habían pasado todas las cosas que no me habían pasado en otros años, había conocido todo lo bajo, lo feo y estaba sobreviviendo como alguien que camina por fuera de lo normal. Yo siempre había tenido esa sensación de ser moderadamente normal: estudiar, ir a la facultad, trabajar, cobrar, ir a bares y charlar con amigos de boludeces, reírme mucho, hacer deporte… en fin, creía que era como normal, que siempre lo sería… era el momento de volverme loco, creía que me iba a volver loco, había salido de toda rienda y era como un cohete sin dirección, avanzaba, sí, porque no paraba, no podía parar, si no avanzaba retrocedía… tenía que seguir. Yo creía y creo mucho en los picos… picos de cansancio, de fatiga, de diversión, de excitación y éste era un pico de calamidades que pronto iba a desaparecer. Sí, me estaban pasando todas juntas, pero en algún momento el agua se iba a calmar un poco y la mugre se iba a ir para el fondo… ya se iba a tranquilizar todo… pensaba que si era necesario podría ir para el norte en el verano y olvidar todo un poco, ese era un buen lugar para empezar de nuevo, pero antes tenía que conseguirme un trabajito y tener plata.&lt;br /&gt;Charlamos bastante con el Negro y después de contarnos lo que nos andaba pasando me dijo que me podía conseguir un laburito, que no era problema. Me dijo que el problema más grande que tenían con el viejo era conseguir un empleado que no se robara nada, que hacía mucho que él y el viejo se pasaban trabajando horas de más por tener que despedir a empleados chorros de ese pueblo de mierda.&lt;br /&gt;Ahí estaba, en el pueblo donde crecí, casi con trabajo, podía vivir en lo del Negro hasta encontrarme algo… las cosas se empezaban a solucionar. Tenía que juntar guita para irme en verano… y faltaba bastante para el verano.&lt;br /&gt;Se hacía tarde, no tenía dónde ir y había estado toda la tarde jodiendo con el Negro y ese auto hecho mierda con el que competía. El auto estaba que ni arrancaba, tenía un problema en el burro de arranque, estaba todo despintado… una cagada a simple vista. Toda la tarde jodiéndolo al Negro con que su auto era cagada y que el mío le pasaba el trapo.&lt;br /&gt;Cuando salimos del negocio me dijo que me llevaba a dar una vuelta por el pueblo y que agarrábamos la autopista con el coche y que me iba a cagar en los pantalones. Yo cuando manejaba iba bastante rápido, bastante es a todo culo por las calles porteñas, a lo que me dejaba ir el auto, que no era poco. Pensé que iba a ser difícil que el Negro me pudiera asustar con un auto hecho de goma.&lt;br /&gt;Arrancamos y parecía que se caía a pedazos… hacía un ruido horrible y no iba nada rápido. El Negro me dijo unas palabras y arrancó de verdad. Me dijo que yo nunca supe nada de autos… cosa que era totalmente verdadera, me dijo que si alguien le decía que corría con un auto de seis carburadores y no sé que mierda de cilindros y de mil quinientas no sé qué porongas… y que en segunda llegaba a ciento treinta, que entonces ni piense en compararlo con ningún autito de fábrica. Dijo eso y puso segunda por una calle transitada por peatones y ciclistas… la velocidad que levantó ese auto no tenía nada que ver con la velocidad de un auto, parecía más la aceleración de un avión. Iba a los santos pedos y ese ruido grave que hacía el caño de escape, grave y aturdidor… se convirtió en un rugido agudo y fuertísimo. Impresionante, realmente me asusté cuando íbamos en la autopista esquivando autos a doscientos quilómetros por hora en esa carcacha.&lt;br /&gt;Me quedé en la casa del Negro y después me fui para lo de Nico a comer. Dormí en lo de Nicolás y al despertarme llamé a lo de Rama y me mandé para su casa. Estaba medio cruzado, tenía toda mi ropa en mi casa, mis cosas y ya había planeado ir a buscar algunas y volverme para Garín hasta el verano. La idea era trabajar en el negocio del Negro y con la guita viajar por algún lugar… como San Luis… o algo así. Cada día que pasaba se me ocurrían lugares distintos para empezar una nueva vida.&lt;br /&gt;Cuando llegué a casa de Ramallo lo encontré tirado porque la Negra se había ido, justo venía de lo del Negro y este se peleaba con la Negra y me dio la impresión de que estaba todo lleno de negros. Era pura verdad. Pero Rama estaba medio tirado, tomando Ginebra a las tres de la tarde y yo que quería acompañarlo y no podía. Y creía que lo que me había dicho el médico no era tan así, estaba seguro de que ese hijo de puta del médico me había dicho eso para que me dejara de joder y no anduviera en más quilombos, en parte me pareció ver algo de eso en la expresión y en sus ojos. Igualmente había que romper la regla esa que venía respetando, no era tarea fácil… me daba un miedo terrible, pero como lo vi al Rama tan solo me dieron ganas. Él se puso como loco cuando me llevé el vaso a la boca.&lt;br /&gt;Me dijo: “¡¿Pero vos sos boludo Sancho?!... mirá que no parece que fueras tan boludo, pero sos medio boludo vos, eh”.&lt;br /&gt;Había sido suficiente, en otra ocasión mostraría que el médico me había mentido, no con Rama adelante, claro. Estaba medio mal así que no me animé a decirle que me acompañara a casa a buscar algo de ropa, ni me pareció buena idea preguntarle por la Negra aunque él mismo me largó el rollo y solito se puso a llorar. La Negra se había ido y lo había dejado para siempre. Punto final de la historia con la Negra, él sabía muy bien que no la iba a volver a ver ni de casualidad, que ella se había ido y no a un lugar muy cercano. Seguro ella se había tomado el palo para la casa de algún pariente del interior. Tenía tías en Salta y también en Mendoza unas primas muy amigas y me dijo Rama que ella le dijo que si algún día cortaban mal ella se iba a ir a la mierda, que ya le había pasado y que había echo eso. Así que el tipo estaba sufriendo bastante, estaba ebrio por la Ginebra y pensaba estarlo por un largo rato.&lt;br /&gt;A los veinte minutos cayó el Fraga con Paenza y un Whisky, después cayó Maro y todos se pusieron a tomar a lo loco. Yo los miraba embriagarse y acompañar al Rama y se me rompía el alma por unos vasos de Ginebra. Maro y Paenza tomaban Whisky y Rama, Fraga y yo, Ginebra, claro que yo no estaba tomando.&lt;br /&gt;Cuando se fue Rama al baño casi me clavo un vaso de ginebra pero me contuve. Lo único que me lo impidió fue ver que podía arruinar todo si me tomaba un vaso de alcohol y me agarraban convulsiones. Me quedé en el molde.&lt;br /&gt;Tampoco me pareció apropiado cortar el silencio para pedirle a alguien que me acompañara a casa, después se lo iba a pedir, seguro que a Maro, así que no me preocupé más. Me quedé pensando en nada, como abstraído viendo como todo estaba igual que hacía unos años, todos juntos, reunidos en una casa tomando como bestias y hablando de cualquier cosa. Todavía no contaba que estaba en Garin y que me iba a ir a vivir allá por unos meses.&lt;br /&gt;Cuando se hizo de noche estaban todos tan ebrios que casi rompo en llanto, ahí estábamos y yo no podía acompañarlos por una supuesta enfermedad. Me cansé, salí a la calle con un vaso de Ginebra, me acerqué a una estación de servicio para tener quien me vea convulsionar y me tomé unos tragos. Era obvio que no me iba a pasar nada. No sé porque, pero yo tenía fé en eso, se lo vi en los ojos al médico y no le creí ni por un segundo. Así que subí rápido, me abrió la puerta el Fraga y me puse a tomar con ellos. Primero me putearon bastante Fraga y Rama, no me querían dejar tomar y después con la complicidad de Maro me puse a escabiar como dios manda y no me pasó nada, nada menos que terrible pedo me agarré.&lt;br /&gt;Decidimos salir a comprar comida y salimos. Todo el grupo de borrachines me molestó cuando quise llamar a Melina… “sos un puto, Sancho”, me decían… “pollerudo maricón”, con esa forma de pronunciar las palabras que tienen los ebrios, como si la boca se les corriera a un costado de la cara… siempre apuntando con el índice te sueltan todas las verdades universales que en estado de sobriedad se guardan por alguna misteriosa razón. Ahí estaba la pandilla, otra vez caminando ebrios en busca de un pancho o de algún paty de un peso, también de una birrita. No había nada como tomar Whisky o Ginebra y después tomarse una birrita fría, como tomar agua en el desierto.&lt;br /&gt;Nos sentamos en un antro horrible de esos que venden licuados, patis, panchos por un peso y que también te dan birras para tomar ahí. Tomando cerveza bien fría les conté que me estaba por ir a vivir a Garin hasta el verano, que me habían ofrecido un laburito en el negocio de un amigo y que no sabía como iba a seguir mi vida.&lt;br /&gt;-Antes de irte tenés que hacer una fiesta de despedida hijo de puta, eh.&lt;br /&gt;-Pero si me voy tipo en año nuevo…-trataba de escaparle a la fiesta.&lt;br /&gt;-No importa, corresponde, loco.&lt;br /&gt;-Ya se verá entonces.&lt;br /&gt;Maro exigía una fiesta de despedida y los muchachos lo apoyaban.&lt;br /&gt;La noche pasaba como siempre pasa cuando estás muy tomado y los brazos cada vez más tuvieron que hacerse cargo de sostener la cabeza, que en esos momentos sabe volverse muy pesada. Llegó, por fin, el punto en el que las cabezas no se podían sostener ni solas ni con ayuda de los brazos o manos… fue cuando nos fuimos a dormir. Dormí en casa de Maro y al día siguiente me fui para Garín sin buscar nada de mi casa, no por miedo, sino porque el bondi pasaba por la puerta de la casa de Maro. Igualmente le cambié la ropa que tenía puesta por ropa limpia, aunque Maro se negó no lo pudo evitar. Me fui de lo de Maro con ropa limpia y linda y con una bolsa de tabaco belga.&lt;br /&gt;Cuando llegué al pueblo eran las tres de la tarde, me bajé otra vez en el puente de Garín y me prendí ese pucho de tabaco que había armado en el bondi. Había tardado una hora y media el colectivo de mierda, antes solía tardar una. Fui caminando hasta el negocio del negro y me preparé para recibir instrucciones, esta vez tenía que hacer todo bien. Antes de llegar me di cuenta de que no había llamado a Melina y la llamé. Me atendió una voz de vieja que preguntó quién era, yo le dije que un amigo de Melina y no me la pasó… “salió”, me dijo “y no sé a qué hora va a volver”… Esa frase me sonaba, era la clásica frase de vieja que tiene órdenes de no pasarte con ella, pero no podía ser tan paranoico por qué ella no iba a querer hablar conmigo.&lt;br /&gt;Llegué y el Negro sonrió, me explicó que no tenía que hacer mucho, era trabajo de mostrador, me dio la lista de precios y si venía alguien para preguntar me dio un discursito que me convenía decir para convencer a la gente, eran cuatrocientos cincuenta pesos por mes, nueve horas de lunes a sábados y si se lo pedía me pagaban medio sueldo al medio mes. Era el fin de mis problemas por estar al pedo.&lt;br /&gt;Después de estar tomando mates con él en mi primer día laboral le pregunté si seguían los robos a mano armada y me dijo que hacía un mes que no robaba nadie, pero que antes de eso era una vez por semana. Me mostró el arma que tenían debajo del escritorio, una treinta y ocho cargada, pero me sugirió que ni la usara, que si robaban cargaban unas boludeces en un camión y se iban sin lastimar a nadie y que los camiones estaban asegurados.&lt;br /&gt;Ese día me acompañó tomando mates hasta que hubo que cerrar, me explicó todo muy bien y nos fuimos para la casa. Comimos y nos tomamos unas birras, le expliqué que ya podía tomar alcohol. Los días siguientes me acompañó en algunos y estuve solo en otros, pero el trabajo daba para leer y tomar mate todo el día, el problema era que no tenía libros ni plata para comprarlos. El negro no tenía ni un puto libro para leer y Nico tampoco, hijos de puta que no terminaron el secundario, ni un libro tenían, ellos eran de otra calaña… libros pocos, mujeres putas y la cerveza bien, bien fría. Yo los conocía a la perfección y sabía que si bien no leían no eran ningunos boludos y se las arreglaban mucho mejor que otros peregiles que se leen bibliotecas enteras.&lt;br /&gt;Nadie, en tres días atendí a dos personas, claro de esas dos, una compró materiales para hacer un edificio y se gastó una fortuna, pero era así el trabajo, muy poco había que hacer… y era aburridísimo. Por suerte los viejos de Nico me prestaron dos novelitas que no había leído, una de Hemingway y otra de Faulkner. Eran ediciones que con la compra del diario más unos pesos te llevabas y podías tener toda la colección de los grandes escritores estadounidenses. Ellos sólo tenían estos dos… y la verdad no era poco.&lt;br /&gt;A medida que fueron pasando los días me fui olvidando de Melina, me dio pena al principio, pero en qué momento la iba a ver, el fin de semana iba a tener que viajar a capital y también iba a querer ver a mis amigos, aparte la había llamado cinco veces y ninguna la había encontrado… había algo raro ahí. No la volví a ver y me dio bastante pena al principio porque me gustaba mucho, pero después la olvidé. Los muchachos me llevaban a tomar cerveza los sábados a un bar de escobar donde sólo tenías que poder decir unas pocas palabras para llevarte a una chica más o menos linda de ahí, pero con el tiempo uno se aburre de eso, no está mal para cubrir un hueco que pudo haber dejado alguien importante… pero no es lo mismo que divertirse con alguien, es más parecido a masturbarse.&lt;br /&gt;Así fui pasando tiempo con mis amigos de la infancia, trabajando poco y leyendo mucho, gastando un alto porcentaje en libros y tomando mucha cerveza por la noche, descubrí que era una costumbre de todos ellos la cerveza por la noche. Todas las noches se juntaban en una casa que por un tiempo fue la del Negro y tomaban cerveza hasta morir. Eran buena gente y yo los quería mucho, pero extrañaba a mi grupo de malditos. Después de unos meses empecé a viajar tres veces por semana a capital para estar con ellos y después de verlos y de estar ahí volví a quedarme en Garin.&lt;br /&gt;Cuando llegó la primavera ya estaba bien parado, es decir, tenía plata por mes, algunas remeras y pantalones… charlaba con la gente de los negocios aledaños y mateaba con el Negro y su viejo bastantes tardes a la semana, estaban contentos de que les hiciera bien el trabajo y por supuesto me tenían mucha confianza.&lt;br /&gt;El único mal trago fue el día que asaltaron el negocio y justo en mi turno. Ya me lo veía venir, no podía ser que robaran el negocio siempre menos cuando estaba yo. Resulta que eran las cinco de la tarde y un tipo medio morocho, robusto y con mucho olor a chivo me pidió los precios de veinte kilos de cal de no se que marca, cuando me di vuelta me puso un revolver en la nuca y me dijo que le abriera la caja fuerte. Yo le dije que no teníamos caja fuerte y me dio un culatazo en la nuca. Yo ni en pedo me desmayé, no sé cómo me creyó, o si me creyó, pero yo me quedé tirado y me hice el desmayado. Pasó lo que dijeron que iba a pasar: se llevaron un camión nuevo y cargado de materiales que después apareció todo quemado y según me dijeron sin motor ni alguna otra pieza de valor. En ese momento pensé que el viejo del Negro podía tener algo que ver, al tipo le iba bastante bien, tenía tres autos y una casa bastante grande… y sin mencionar que siempre había sido un tránfuga. Igualmente me caía de diez el viejo, siempre tomábamos cerveza con él, Nico y el Negro. A decir verdad eran todos medio tránfugas y quizá eso los hacía mucho más interesante para mí.&lt;br /&gt;Pero sí, estaba bastante claro y en el pueblo como que se rumoreaba. El viejo del Negro, el Sergio, aseguraba los camiones y después les pagaba a unos chorritos para que se los afanaran y el seguro le reponía lo robado. Pero el negocio estaba en la venta de las partes de los camiones robados. Un tipo jugado el viejo del Negro y de lo más simpático.&lt;br /&gt;Así que pasaron los meses y no hubo más asaltos, me la pasaba leyendo, tomando mate de día y cerveza de noche y yendo a los bares. Una vida de empleado de un negocio de un pueblo de mierda y no me iba nada mal. Yo tuve siempre ambiciones pero también supe callarlas y relajarme así que podía estar tranquilo y vivir la vida como se podía, con los pocos lujos que se podían tener.&lt;br /&gt;Cada tres o cuatro fines de semana me volvía a capital y me veía con los muchachos, tomábamos y tocábamos la guitarra entre otras cosas y era de lo mejor que me pasaba en el mes. A Melina me la crucé un vez, la saludé y entendí que ella me había dejado, no quería saber nada más conmigo y eso estuvo bien, fue como poder estar tranquilo, ya era cosa del olvido. Mi casa y el auto quedaron pendientes. Dos espinas… no tenía esa guita para el auto y mi casa me molestaba por la posibilidad de que la cana me detuviera. Ya había estado esposado y detenido y no era, (ni es) algo que se quiera de nuevo, así que en fin, el tiempo, como siempre se fue llevando todo y lavando todo también y Diciembre se fue acercando. Maro me lo había sugerido y yo lo había dejado para más adelante… todavía no estaba seguro, pero cuando llegó Diciembre me vi en un bar con la gente de agronomía y en ese estado tan festivo y jubiloso en que te ponen las cervezas invité a todos a una fiesta y me condené a hacerla y así fue.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333740670591264?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333740670591264/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333740670591264' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333740670591264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333740670591264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/ms-lejos-que-garin.html' title='Más lejos que garin'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333733460363006</id><published>2006-07-19T16:27:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:56:21.506-03:00</updated><title type='text'>Entrada</title><content type='html'>Tenía que pasar por Tilcara, sacar un pasaje para alguna otra ciudad o pueblo casi fronterizo y seguir para Bolivia. Ya no sabía qué hacer, lo de Purmamarca había sido fuerte, esa chica me había movido bastante el piso y no paraba de pensar en ella, ni idea tenía que en Buenos Aires nos íbamos a encontrar y todo iba a fracasar, yo tenía su correo electrónico y le escribía todos los días y ella a mí, cartas romantiquísimas muy cursis, y cada día se volvían más cursis… Igualmente no había momento mejor para escribirme con alguien que ese en el que estaba. Montañas, días de viaje, lejanía, ella también de viaje… era la oportunidad de ser románticos. Todo iba bien.&lt;br /&gt;Entonces estaba en el micro llegando a Tilcara cuando me encuentro con la rubia cornuda y con su grupito de amigas. Me saludan.&lt;br /&gt;-¡Hey!... ¡Hey Sancho!... ¡Chicas, chicas miren es Sancho!&lt;br /&gt;-Hola, como les va.&lt;br /&gt;La verdad es que yo me había portado muy bien con ellas. Les hice fuego, fui macanudo, en parte me divertí…lo que pasa es que tuve que poner la diversión en otro nivel. Como cuando hablas en la facultad, en la calle y con tus amigos… siempre decís lo mismo, pero con otras palabras… con otro nivel. Divertirse es parecido, en algún punto, si te lo proponés te podés divertir y punto. Ellas… me pareció que ellas se dieron cuenta de que yo me divertí. Eso les debe haber agradado porque estaban contentas de verme.&lt;br /&gt;-Che y qué hacen acá, hasta cuándo se quedan.&lt;br /&gt;-No sabemos, pero creemos que unos días.&lt;br /&gt;-Vos?&lt;br /&gt;-Yo creo que voy a sacar pasaje para ir a La Quiaca, quiero pasar ya para Bolivia.&lt;br /&gt;-Y no te vas a quedar nada acá?&lt;br /&gt;-No, no me gusta este lugar, no tengo buenos recuerdos.&lt;br /&gt;-Por qué, es hermoso.&lt;br /&gt;-Acá caí en cana unos 6 días con amigos.&lt;br /&gt;-Ah, entiendo, y bueno así sí.&lt;br /&gt;Era verdad, no se lo quería decir porque no me quería hacer el carcelario ni el banana, pero sí, mí primer noche en Tilcara caí en cana con Rama y Maro, no sé si lo conté, pero en fin, era cierto, estuvimos seis días incomunicados en San Salvador del Jujuy, llevados ahí desde Tilcara, pero bueno, eso es otra historia que no tengo por qué contar.&lt;br /&gt;Hablé con ellas unos minutos más y fui a sacar el pasaje para La Quiaca, el micro salía en diez minutos así que caminé unas cuadras, pasé por un kiosco y me compré cigarrillos y agua, con el calor que hacía no importaba nada más que tener agua. Estaba nublado, pero se veía el sol detrás y había mucha humedad.&lt;br /&gt; El micro salió y después de cuatro horas de pensar y escribir unos poemillas llegó a La Quiaca. Era de tarde y empezaba a hacer mucho frío. Por alguna razón todo estaba como muy triste, pero no sólo yo, era como si todo ese lugar fuese muy triste, no me sentí muy bien, tampoco me causaba mucha gracia haber estado con esa chica de Purma y tener que seguir sin ella. Aparte hizo un frío distinto, más frío que en los demás lugares que había ido, un frío que se te metía en los huesos.&lt;br /&gt;Al salir de la terminal y buscar hospedaje, porque es una ciudad y campings cerca no había, encontré un hospedaje más o menos barato y me fui a un cuarto que estaba dentro del lugar, bastante raro, y también, a la vez estaba separado porque era como un pasillo al que se podía acceder desde la calle sin romper ninguna ley, solo que era del hotel y habían más cuartos enfrente y el baño compartido que estaba afuera.&lt;br /&gt;Me acomodé, me cambié y fui a comprar comida. Caminé y no había nadie más, ningún mochilero, ningún nada… las personas que vivían ahí y nada más. Lo único que encontré fue una pizzería. Entré y pedí una pizza y como vi que iba a tardar me puse a charlar con el pizzero. Estaban viendo a Tinnelo por la tele, yo pensé en cómo mierda podrían ver esa basura, pero igual los entendí.&lt;br /&gt;La cuestión es que estaba el pizzero con su mujer y su nena en la casa-pizzería y el tipo me preguntó de que barrio era y después él me dijo que era de Almagro, un barrio que me encanta, el barrio de Rama y de casi todos mis amigos de la infancia, el de mi colegio primario, yo crecí en Almagro, le contaba. Le pregunté por qué estaba en La Quiaca, el último suspiro Argentino antes de llegar a Bolivia. Me dijo que él era antes Repositor de Supermercados y tuvo un problema muy grande que le obligó a dejar Buenos Aires lo más rápido posible. Me dijo que iba a la cancha a ver a Almagro, que era bastante fanático y que un día unos pibes lo asaltaron y él se defendió y a uno lo dejó muy mal. Resulta que después de correr y refugiarse en su casa se enteró por el barrio que lo buscaba la barra de Almagro, que lo iban a matar. Me dijo que le escribieron toda la pared de la puerta del edificio con aerosol amenazándolo de muerte, que también rompieron todos los cristales de la puerta y que en tres ocasiones lo persiguieron. Me contó que un día se cansó, cobró un dinero y se fue a vivir a la tierra donde murieron y nacieron sus padres, Jujuy.&lt;br /&gt;El tipo era flaquito y muy simpático, no lo imaginaba pelándose con un barra brava. Cuando terminó de contarme su historia le pregunté dónde se habían conocido con su mujer que estaba ahí presente. Me contestó ella, diciéndome que era de Santiago, Chile y que se había escapado de su casa a los diecisiete por que la maltrataban mucho, me dijo que había vivido en Mendoza, en San Juan, unos meses en La Rioja y que luego una tía le ofreció un cuarto en Jujuy y ella lo aceptó, en ese momento estaba en la lona, me decía, casi ni tenía para comer.&lt;br /&gt;La nena jugaba con cartones de pizza y con esos cositos de plástico, esos que son como mesitas de cuatro patas, pero que no tienen la tabla, esos que van en el centro de la pizza para que no se eche a perder con el cartón de la caja. Bueno la chica jugaba con eso, con cajas y con una tijera… tenía mucha imaginación y me hacía acordar a mi infancia en Garín, cuando jugaba en los días lluviosos con sapos y barcos de papel. Por momentos la niña paraba de jugar y miraba al boludo de Tinnelo y su programa de corte nacionalista de humor porteño, burlón y pelotudo. Cómo odiaba ese programa de mierda, más porque me decían que se veía mucho en todo Latinoamérica, qué mierda de programa y le iba tan bien.&lt;br /&gt;Así que tardó un buen rato la pizza y cuando salió le pusieron unos ajíes agridulces en vez de aceitunas. Pedí una coca grande y me fui para el cuarto con mi tesoro. Tenía tanta hambre que era un tesoro para mí.&lt;br /&gt;Cuando llegué cerré con llave y me comí dos porciones y tomé coca, me comí otra y fumé dos cigarrillos mientras escribía. Estaba todo muy callado y de repente empezaron ruidos medio raros que me prohibieron salir al baño, me agarró un cagazo terrible de que me robaran, eran ruidos muy similares al que hace una patada sobre una puerta. Sí, era eso estaban pateando puertas, podrían seguir con la mía. Lo raro es que no se escuchaban gritos, no estaban entrando a cuartos por azar, o sí. Tuve mucho miedo hasta que de pronto se acabaron esos ruidos de mierda y me dormí hasta la mañana, que me despertaron otros ruidos, ruidos de pibes gritándose, de gente caminando por afuera, de pájaros y de perros ladrando. Me cambié, me comí una porción de pizza fría y me fui al baño urgente.&lt;br /&gt;Al mediodía caminé hasta la frontera con Bolivia, eran unas quince cuadras y ahí estaba: Villazón, Bolivia. Decían que no convenía cruzarla de noche, no pensé en hacerlo, lo que sí tenía que hacer era descartar todo el faso en algún lugar y seguir camino.&lt;br /&gt;Volví al cuarto y cargué toda mi mochila, levanté campamento y me encaminé a cruzar la frontera. Caminé esas putas quince cuadras y me sorprendió algo que no había llegado a ver. Cuando había ido a investigar no había llegado a ver la frontera realmente sino un cartel que indicaba la frontera. Ahora estaba viendo la verdad… cientos de personas cargando bultos pesadísimos y enormes en la espalda, todos en filas y había cientos de filas distintas. Caminaban por techos, por la calle, cruzaban puentes y todos al mismo ritmo… eran muchísimos y no podías cruzarte en su camino porque te pisaban… eran hombres hormigas. Pregunté a un hombre que pasaba y me dijo que era mucho más barato pagarles unos pesos a todos esos bolivianos para que cruzaran por la frontera las distintas mercaderías de los camiones que pagar el costo del peaje que les cobraban. Era una cosa increíble, tan sorprendente que seguí caminando, como si nada, me olvidé de cualquier trámite y de repente me vi en Boliovia, sin que nadie me pidiera nada, en frente a un cartel que decía: “bienvenidos a Bolivia”. Me sorprendió que nadie me pidiera nada, era una buena oportunidad de probar ese documento que llevaba. Pensé en que hubiera sido mejor no haber tirado todo ese fasito tan rico, lo hubiera escondido en mi pantalón, pero en fin, igual era mejor no arriesgarse.&lt;br /&gt;Estaba en Bolivia y la diferencia con Argentina era tan grande que ni hacía falta el cartel. Era otro mundo distinto, mucho más precario, ya la entrada era un mar de productos de contrabando, miles de artículos como DVD o MP3 o boludeces de ese estilo, todas modernas y muy baratas… increíble… yo ni enterado de eso, no tenía guita para andar comprándome nada así que no me preocupé.&lt;br /&gt;Seguí caminando con mi mochila, la guitarra en mano y mi morral carga municiones del ejército colgado en el cuello y lleno de libros y cuadernos… era el clásico turista, caminaba sin saber lo que me esperaba. Entré a la terminal de micros y pregunté el precio del pasaje para ir a Santa Cruz de la Sierra. Me dijeron que no había micros para ir a Santa Cruz, que tenía que tomarme varios, que eran tres días de viaje. ¡Mierda!... pensé. Qué gran cagada. No sabía si me iba a alcanzar la plata. La imaginación lo domina todo y uno ni enterado que depende tanto de ella. Yo en mi cabeza tenía un mapa de Bolivia totalmente distinto… ¡sin siquiera haber analizado un mapa de Bolivia! Claro, yo pensaba que en la punta estaba La Paz y que en la entrada Santa Cruz, pero nada que ver, Santa cruz estaba en otra punta, nada más que al costado. Increíble, la casa de este escultor estaba a tres días de viaje… no supe bien qué hacer. Sí, le habían dicho que yo iba a ir por esos rumbos y había aceptado… claro, mi plan era ir a Santa Cruz, estar allá, vivir un tiempito en Bolivia, pero esto era más lejos de lo planeado…&lt;br /&gt;Yo sabía que había formas más baratas para trasladarse en Bolivia que los micros esos. Caminé más, me alejé un poco y le pregunté a un pibe si no sabía dónde podía conseguir algo más barato para ir a Santa Cruz. El pibe me miró y me dijo que si caminaba para el lado que me señalaba iba a encontrar transporte a Santa Cruz por treinta Bolivianos… Eso tenía que ser mentira si el micro costaba ochenta Bolivianos hasta Potosí capital, muchísimo antes que Santa Cruz . Igual soñé con que fuera verdad. Me dijo que lo espere que tenía que cambiar unos dólares que se había traído de Buenos Aires y que me acompañaba a preguntar. Yo, al principio, pensé en que era un niño bastante solidario y que quizá fuera un estafador, pero no podía ser… yo le había ido a preguntar algo de la nada, no vino él y me quiso vender un buzón, fui yo.&lt;br /&gt;Caminé un poco más y volví a sacar el pasaje, el pibe me había dejado intranquilo. Cuando saqué el pasaje para Potosí me lo crucé, me había ido a buscar a la terminal, bastante insistente era el hijo de puta.&lt;br /&gt;-No mirá, no me jodas que ya saqué pasajes.&lt;br /&gt;-Pero mira que puedes cambiarlos, pués, en serio, no más por allá están más baratitos.&lt;br /&gt;-No creo que me los cambien.&lt;br /&gt;-Sí, sí, no te precupes tú, esto no es Argentina, aquí cambian si pides, es verdad, pués.&lt;br /&gt;Yo ya tenía pasajes para las seis de la tarde y no tenía porque seguir hablando con el bolivianito ese, pero no se me despegaba. Pensé, por una boludez que se me ocurrió, llamar a la casa de Bustitos y preguntar si me convenía hacerle caso al muchacho, no tenía porqué ser tan desconfiado. El pibe insistió.&lt;br /&gt;-Bueno vamos para allá que hay un teléfono, anda, vamos.&lt;br /&gt;-Bueno, pero tranquilo, qué querés pibe si ya te dije yo que saqué los pasajes.&lt;br /&gt;Era un pichón con plumas y ni me daba cuenta.&lt;br /&gt;-Dame el número que yo te marco.-le dicté y pulsó cualquier número menos el que yo le decía.&lt;br /&gt;-Mierda pibe, dame a ver, yo marco.-le arranqué el tubo y marqué, pero no me dio. Corté y cuando me quise separar del pibe un oficial de policía se presentó en escena.&lt;br /&gt;-Qué pasa aquí, qué es esto. Qué andan haciendo un bolivianito y un argentino juntos, no andarán traficando drogas o billetes falsos.&lt;br /&gt;Se corrió el chaleco que le disimulaba una panza muy grande y nos pidió que lo siguiéramos.&lt;br /&gt;-Bien muchachos… yo sé que están traficando billetes argentinos y sé que son falsos porque hoy alguien cambió una fortuna de argentinos en una casa de cambio y la hizo quebrar, pués. Son ustedes.&lt;br /&gt;-No, oficial, yo acabo de cruzar la frontera y sólo tengo unos bolivianos.-el chico estaba mudo.&lt;br /&gt;-A ver, muéstrame tu documento, pués. Tú también, qué está haciendo usted acá con este. Más que sospechoso es esto, eh.&lt;br /&gt;-Mire.-Le decía mientras miraba mi documento, mi documento falso que me generaba una duda terrible.-creo que hay un error acá, yo estoy por ir para Santa Cruz y…&lt;br /&gt;-A ver, contra la pared los dos.&lt;br /&gt;Nos palpó y yo le dije que no podía meterme las manos en los bolsillos, que yo me sacaba todo lo que tenía y se lo mostraba. Saqué mi billetera, unos mapas, papeles…&lt;br /&gt;Miró la billetera, sacó el dinero.&lt;br /&gt;-¡Eso es mio!-le dije sacándoselo de las manos.&lt;br /&gt;-Está bien. Y tú.-se refería al boliviano.-qué es lo que traes.&lt;br /&gt;Lo revisó y le encontró una parva de dólares.&lt;br /&gt;-Qué hace usted con tantos dólares, pués. Aquí hay algo raro, vamos a la comisaría.&lt;br /&gt;Empezó a caminar, nos exigía que lo siguiéramos. Paró de caminar luego de cinco minutos y nos dijo que mejor lo solucionábamos ahí, que hacía mucho calor y que no tenía ganas de caminar tanto. El hombre todavía tenía nuestros documentos.&lt;br /&gt;-Bueno, pués, ya estoy cansado de esto, los voy a dejar ir, pero para que no se les vuelva a revisar préstenme su dinero que lo vamos a poner en este sobre.-Sacó dos sobres iguales y rayados.-Bien, cuando los quieran revisar, muestran que tienen este sobre y ya no les van a molestar, esto quiere decir que ya fueron detenidos y revisados y que su dinero no es falso ni traficado.-Decía eso mientras ponía la plata en cada sobre.&lt;br /&gt;-Me prestas una birome para poner los nombres.&lt;br /&gt;Cuando bajé la cabeza para buscar la birome me di cuenta de que el gordo grandote estaba cambiando los sobres. El que estaba arriba lo puso abajo y así. Me desesperé, me puse blanco, le dije que qué estaba haciendo, que me devolviera el sobre, que era todo mi dinero, que sin él no iba a saber qué hacer, me mostré desesperado y le arrebaté los dos sobres, los abrí y donde creí que estaba mi dinero estaban los dólares del pibe.&lt;br /&gt;El gordo se puso como loco y me agarró muy fuerte de la muñeca. Me dijo que me iba a encerrar por faltarle el respeto al Sargento Huascasa, que estaba podrido de los argentinos que no tenían respeto por nada. Se mostró muy enojado el hombre. El bolivianito nos seguía caminando. Yo le empecé a pedir que por favor no se enojara, que era la primera vez que iba a Bolivia, que no sabía nada de las costumbres del país, que en argentina era distinto. En ese momento se calmó y me dijo que me iba a dar otra oportunidad. Que teníamos que meter la plata en los sobres y que se los diéramos para que les ponga un sello.&lt;br /&gt;-Bueno, no hay problema, deme el sobre que pongo mi dinero y se lo entrego.&lt;br /&gt;Cuando paró la marcha mi cerebro supo qué hacer. Me habían pasado muchas cosas y era todo muy evidente. El hombre este era un estafador y el pibe era su cómplice, eso ya era obvio, unas viejas me miraron horrorizadas desde su negocio y antes una señora que caminaba con un bastón, pero hablo de una señora muy, muy vieja, a la que la gente se refiere diciéndole chola, bueno esa vieja me pegó muy duro con su bastón y no había entendido bien por qué. Era porque estaba con ese pibe que me quería hacer una cama.&lt;br /&gt;Cuando el gordo me soltó y me dio el sobre salí corriendo con todas mis fuerzas y me metí en ese negocio. Las señoras que me habían mirado horrorizadas me preguntaron de dónde era y me dijeron que esos eran ladrones, que si no me faltaba algo, si estaba bien. Me dijeron que en Villazon no había policías de civil, que eran delincuentes, siempre eran peruanos ladrones.&lt;br /&gt;Saqué el dinero, lo conté, no faltaba nada, estaba todo. Respiré hondo y me lo escondí en el pantalón. Saludé a las señoras, les di las gracias y corrí hasta la terminal, me había llevado hasta la parte fea de Villazon el falso Sargento Huascasa.&lt;br /&gt;Ya en la terminal traté de calmarme, no iba a salir de ahí y ahí estaba a salvo, pero igual tenía miedo. Faltaba mucho para salir. Eran las doce y media del mediodía, el micro salía a las seis de la tarde, hacía un calor de morirse y yo leía mi libro con los nervios de punta cuando me doy cuenta de que el sucio peruano se había quedado con mi documento. ¡La gran puta!... pensé, me robó el documento el hijo de puta, mi documento falso y me lo robó el gordo puto este. Me había ido a Bolivia y ahora iba a tener que andar sin documento.&lt;br /&gt;Levanté la cabeza y vi lo que se dice un Gringo hecho y derecho. Blanco y a la vez rojo por el sol, un gorro de gringo, borceguíes y un mapa abierto en la mano, era todo un turista. Me acerqué y le advertí que habían muchos ladrones por el lugar, que me habían robado el documento. Me preguntó de dónde era con un español difícil. Hablamos un buen rato y nos hicimos amigos. Recorrimos juntos el lugar.&lt;br /&gt;Se llamaba David, tenía cuarenta años y era un hombre muy interesante. Era canadiense y el Estado le pagaba setecientos dólares por mes por no trabajar, así que él pintaba casas seis meses al año y otros seis viajaba por el mundo. Qué tipo este, eh. Charlamos un buen rato sentados en una plaza y mientras hablábamos el tipo me dijo que fuéramos a buscar una cerveza y que invitáramos a un muchacho que estaba tirado en un banco bajo el sol con su mochila de mochilero. Aceptó encantado y fuimos los tres a matar el tiempo a un bar. El robo me había sacado las ganas de estar solo y ya éramos tres. El muchacho nuevo se llamaba Franco, tenía casi mi misma edad y era muy simpático. Tomamos cervezas toda la tarde y descubrí que este Franco tenía pasaje en el mismo micro que yo, él iba para Potosí y luego quería tratar de llegar a Oruro. Mi viaje era otro.&lt;br /&gt;Así fue que nos sacamos una foto en Villazón, cuando todo dejó de ser desesperante, saludamos al gringo David y nos subimos al micro, luego de ver que ataban  nuestras mochilas al techo del micro.&lt;br /&gt;Miré por la ventana pensando en mi futuro, yo sabía que podían ser unas lindas vacaciones o una nueva vida en Bolivia, pero ya empezaba a pensar en el pasado y me había prometido no hacerlo.&lt;br /&gt;El micro salió y ahí no más quedó Villazon, mi documento y el día que habíamos bebido con los muchachos. Ya estaba cada vez más cerca de Santa Cruz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333733460363006?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333733460363006/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333733460363006' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333733460363006'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333733460363006'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/entrada.html' title='Entrada'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31366526.post-115333725489173927</id><published>2006-07-19T16:26:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T17:57:13.340-03:00</updated><title type='text'>Bolivia</title><content type='html'>El problema más terrible de Bolivia no es la desnutrición infantil, ni la pobreza, no es la falta de un lider nato que quiera lo mejor para su pueblo… el problema más terrible  es el olor que hay en los micros. Una cosa increíble es ese olor, más aún… cuanto más uno se interna en Bolivia más olor siente en los micros, como si cada vez que uno indagara sobre Bolivia tuviera que hacerlo también sobre sus olores.&lt;br /&gt;El micro se detuvo, ya estábamos en Potosí, claro que de Potosí quería irme lo antes posible por el frío que hacía y por la distribución de los espacios… no tenía mucha plata y la única opción parecía alquilar un cuarto de hotel. Potosí, me puse a mirar todo a mi alrededor, estaba entre las montañas, eso no era nada nuevo… lo nuevo era la altura y la sensación de silencio que tiene un lugar tan alto, como si la gente hablara bajito y se pudieran escuchar cosas que en otras ciudades no. Era extraño, pero sentí un silencio, un vacío en Potosí, mucho frío y mucha altura. Realmente me sentí más solo. La gente que vive en la altura es diferente a la que vive en otras partes, la altura te afecta mucho, te cambia, te somete.&lt;br /&gt;Era raro todo, parecía aburrida la gente, pero después pensé que era sólo una impresión mía. Seguí viaje luego de esperar tres horas a que llegara el micro que me iba a llevar a Sucre, ya había pasado por Tupiza, de ahí fui hasta Potosí y ahora tocaba Sucre, largas horas de micro y de estar compitiendo por el apoya-brazos, es minúsculo ahora, pero en ese momento y con ese grado de aburrimiento uno podría hasta morir por el apoya-brazos, es una cuestión de honor, más si tu acompañante suelta gases por la noche… Un hijo de puta el Boliviano que me tocó, yo lo bauticé Wally, claro que en total secreto.&lt;br /&gt;Wally era un tipo silencioso, un viejo arrugado, aunque tuviera alrededor de cuarenta años era un viejo. Wally lo había vivido todo, mujeres, sexo, alcohol, drogas, rock and roll… en fin. Era un tipo de poco mundo, eso sí, no habría salido de Bolivia en toda su vida, pero lo que estuvo en Bolivia, el tiempo que estuvo en Bolivia no lo perdió, eso si que no. Claro, eso explica cómo este hijo de puta podía tener la caradurez de asomar la cabeza por la ventanilla y con la cabeza afuera soltar un pedo para luego meterla adentro. ¡Pero este tipo era un hijo de puta de novela!... ¡Qué olor a mierda que había!... (No quiero caer en la movida de contar cosas escatológicas, un guarango dirán los lectores, ¡un asqueroso sin remedio este narrador!... ¡Bueno, a la mierda con todo!...)&lt;br /&gt;Este era un hijo de puta que se me tiraba pedos sacando la cabeza por la conchuda ventanilla. Yo le prendía la luz por la noche y leía sólo para molestarlo y él contraatacaba, bueno, ya sabemos con qué. Claro que todo esto lo hacía por la noche, amparado por la oscuridad, como si la oscuridad tapara ese hedor que solo Wally podía generar en su cuerpo. Durante el día había estado comiendo todo tipo de basuras, choclo con queso, chocolatines, pochoclo, mil basuras que te vendían cada vez que el micro se detenía por alguna razón y era rodeado de vendedores ambulantes que gritaban sus productos casi con la desesperación del hambre o de un hombre perdido, por la noche, después de los primeros cuetazos abría una lata de coca y se la tomaba mirándome de reojo. ¡Hijo de puta el Wally! A pesar de este déficit de contención el tipo igual reclamaba un espacio en el apoya-brazos. Pero no, por Dios y la virgen, tendría que haber un cartel que explicite que las personas asquerosas y sucias que se tiran pestos pierden el derecho al apoyabrazos. Sí, claro, eso sería muy razonable, pero no había nadie con el coraje de escribirlo.&lt;br /&gt;Sufrí, sufrí mucho por la impotencia de no poder hacer nada, hasta las ganas de hacer una chanchada de tal calibre se me habían ido… estaba aturdido. No podía ser cierto que cada vez que este guanaco se iba a tirar un flor de pedo sacara antes la cabeza por la ventanilla. Era increíble, primero pensé que era una paranoia mía, no lo fue. Repetidas veces lo hizo.&lt;br /&gt;El micro parecía uno de esos camiones que llevan refugiados, había dos gallinas, un loro, tres perros y veinte refugiados olorosos en los que me incluía como uno más, claro. Fue gracioso cuando quisieron dejar afuera a los animales. Los choferes probaron el amor de los dueños sobre sus mascotas y cuando descubrieron que era verdadero les permitieron conservarlas. Después de todo era divertido convivir con esos animalitos, en un micro la cosa se puede volver aburrida de un pedo a otro.&lt;br /&gt;Así fue que llegamos a Sucre y era de día de nuevo. Despertar en un micro como ese no era algo ideal, claro que no había baños, porque en los micros de Bolivia no hay baños y no solo eso, sino que muchas personas deciden orinarse en los asientos. Sé que parece una historia exageradamente ordinaria, pero no se olviden de que el narrador es un tipo exageradamente ordinario y que la historia es totalmente real.&lt;br /&gt;Ahora, no vaya uno a pensar que Bolivia no es un país glorioso, una joya en bruto… precioso realmente. Y no estoy siendo irónico, lo que pasa es que los micros son así y punto.&lt;br /&gt;Y estaba en Sucre, días hacía que no me bañaba y que sudaba en un micro. Me estaba transformando en algo exagerado, en un vengador, en algo que no quería convertirme. Hice la cuenta y hacía ya cuatro o cinco días que no me bañaba, no tenía medias y mi ropa estaba sucia desde hacía antes, unos siete días… en un micro la gente transpira, más si hace el calor que hacía, más si de un micro uno pasa a otro y de ese otro a otro… El Hombre Sucio.&lt;br /&gt;La gente de Sucre me conoció como El Hombre Sucio, un tipo con el olor de tres vagabundos, y la fuerza de otros tres vagabundos hambrientos. Tenía tanta hambre que elegí comer antes de bañarme, antes de encontrar un cuarto, antes de nada, eso sí, necesitaba mi mochila y listo.&lt;br /&gt;Ya con la mochila en la espalda, el morral en el cuello y la guitarra en la mano me dirigí a un mercado a comer un Segundo… se trataba de un plato gigante con arroz, pollo, ensalada y alguna que otra papa. Eso costaba cinco Bolivianos, casi dos pesos argentinos… muy barato. Me habían dicho que los mercados bolivianos eran los mejores lugares para comer y fue verdad. Escuelas abandonadas, bombardeadas por aviones que nunca pasaron, cárceles repletas de hombres libres y dedicados al comercio de todo tipo de cosas, desde comidas hasta artículos de limpieza, ahí era donde estaba todo. Un lugar que daba en qué pensar, un mar de gente, un mar de desorganización aparente, porque en realidad estaba todo organizado… y bien que mal funcionaba realmente. Ahí podías comer todo lo que quisieras, desayuno, almuerzo y cena, y comprar lo que necesitaras… yo sabía comer salteñas, empanadas de carne muy grandes y jugosas que se comían con cuchara de lo jugosas que eran, con un olor muy rico y una masa agridulce, eran casi mis preferidas… pero cuando tenía hambre comía un abundante Segundo.&lt;br /&gt;Después de comer el Segundo me fui a buscar hospedaje y encontré uno bastante barato. Quería conocer Sucre, sabía que no me iba a instalar ni a buscar algún trabajito para tener más plata, pero igual quería estar unos días ahí.&lt;br /&gt;Antes de entrar en un hospedaje pasé por un locutorio para revisar los mail´s de mi enamorada y la única máquina que había era una que estaba junto a la caja. Me senté y escuché un sonido “tsssshhhh”. Me di vuelta y nada. Estaba revisando los mail´s y seguí… de pronto “tsssshshh”. Era algo que estaba pasando justo en mi espalda. Sigo y me doy vuelta de repente para sorprender al que hacía ese ruido y era el encargado del locutorio que me estaba tirando desodorante de ambiente en la espalda mientras se tapaba la cara con la remera. ¡Já!... qué les parece la cara que puso cuando vio que lo descubrí. Muy tímido me pidió perdón un millón de veces y yo asentí con la cabeza como un tipo realmente duro. Me dio mucha gracia que me hiciera eso, pensé que necesitaba un baño urgente y me encaminé para sacar lo feo de mí.&lt;br /&gt;Una linda ciudad Sucre, lindas plazas, gente tranquila, pero no representaba la realidad de Bolivia, aunque en ese momento la realidad de Bolivia se encontraba si te alejabas un poco del centro. El tema era que Sucre era una ciudad universitaria y la gente rica de Bolivia mandaba a sus hijos a estudiar a Sucre. Muchos policías y poco robo.&lt;br /&gt;Encontré un hospedaje que me venía muy bien, el cuidador tocaba el violín y era un hombre muy simpático, cuando me vio llegar con la guitarra me tiró muchas buenas ondas y nos caímos bien de movida.&lt;br /&gt;Alquilé un cuarto y fui inmediatamente a darme un baño. Me di dos seguidos, porque con uno no me alcanzó, las suelas de las zapatillas se me habían pegado a las plantas de los pies y esas zapatillas que ya no me servían de nada tenían un aroma asfixiante. Cuando terminé era otra persona, saludé al cuidador, encargado, no sé bien qué cargo tenía el hombre, se llamaba Juan. Saludé a Juan y me fui a dar una vuelta por Sucre. Me acuerdo que cuando salí me bombardearon desde una camioneta con bombitas de agua, una ráfaga de cinco bombitas de las cuales me pegaron dos. Todavía no era carnaval, pero patrullaban la ciudad camionetas cargadas de estudiantes hombres y mujeres llenos de bombitas de agua, que ellos llamaban vejigas.&lt;br /&gt;Me compré una bolsa de vejigas e inflé dos para estar armado, pero nadie se apareció y me sentí un poco idiota cargando las vejigas así que las tiré.&lt;br /&gt;Era un lindo lugar este, con buen clima y muchos turistas. Decidí volver al hospedaje y me puse a charlar con Juan. Juan tenía un grupo de música que se llamaba “Los Amores de Domingo” y trabajaba en el hotelito ese casi todo el día, cosa que le permitía tocar el violín. Aparte me dijo que tocaba el charango y la guitarra, yo le dije que estaba interesado en tocar el charango y él se ofreció a enseñarme. Era un tipo muy simpático, muy amable y risueño también. Tocamos la guitarra y él el violín y cuando entramos en confianza me hizo una invitación. Quedamos en ir a la casa de sus primas a tomar Singani y tocar un poco, yo acepté encantado.&lt;br /&gt;Todavía estaba muy sucio así que me volví a bañar, me cambié, conté mi plata, me quedaban sólo trescientos pesos argentinos. No era mucho, pero en Bolivia eso se multiplicaba por dos y medio así que tenía algo más. Compré una botella de Singani y nos fuimos.&lt;br /&gt;Qué raro, cómo pasaban las cosas… igual era lo que yo quería, siempre supe que para conocer bien un lugar no alcanza con caminarlo, no con ir a todos sus museos o bares. No. Lo que hay que lograr es pegar buena onda con algún personaje que viva ahí e infiltrarse en una casa llena de gente del lugar con ganas de divertirse.&lt;br /&gt;Había cervezas por donde uno mirase, tres mujeres, dos hombres, Juan y yo. Nos sentamos y él me presentó a todos como el argentino guitarrero y tocamos una cancioncita que salió completamente horrible. Dejé la guitarra en cuanto pude en manos de un moreno que se llamaba Enrique, tocaba muy bien y con el otro que estaba se pusieron a tocar un tema muy hermoso y las chicas nos sacaron a bailar. Estaba muy cerca el carnaval y la gente empezaba a festejar.&lt;br /&gt;Tomé mucha cerveza y me las vi negras a la hora de bailar, pero lo peor fue cuando seguí tomando y descubrí que faltaba el Singani. No convenía caer muerto con gente desconocida, no convenía dormir en una casa con personas que uno no conocía realmente y menos si estaba en un país que no era el propio, claro. Bueno, tomé siete shot´s de Singani, los mismos siete que todos, y caí muerto.&lt;br /&gt;La noche había sido divertidísima, una chica, una joven muy linda me miró mucho toda la noche… pero tuve que morir, no fue decisión propia. Igualmente me desperté a las diez de la mañana en el piso pero tapado con una frazada. Estaba en la casa de las primas de Juan y me atendieron con un te de coca y dos tostadas. Me dijeron que pronto se me pasaría el dolor de cabeza si tomaba y comía eso. Era la chica que me miraba, se llamaba Silvia y era moderadamente linda, en la noche me había parecido hermosa, pero solo había sido efecto del alcohol.&lt;br /&gt;Me agarró un ataque de timidez y después de tomar el desayuno y de charlar un poco con Silvia me fui al hotelito. Me encontré con Juan y charlamos un buen rato. Le confesé que todavía me dolía la cabeza y casi me obligó a tomarme una cerveza con él. Era cierto que eso era lo único que me iba a sacar el dolor de cabeza, lo que era cierto también era que me iba a despertar todo lo ebrio que había estado por la noche.&lt;br /&gt;Nos quedamos tomando cervezas y charlando de su prima Silvia. El hombre estaba ansioso con que la invitara a salir, me decía que era una mujer formidable, que era una chica muy codiciada en el lugar. A decir verdad yo en mi cabeza sólo tenía a mi querida morocha de Purmamarca, pero no creía que una Silvia me hiciera algo de daño, así que le dije a Juan que la iba a invitar a salir.&lt;br /&gt;Nos quedamos bebiendo un buen rato, ya eran las tres de la tarde y seguíamos bebiendo y gastando parte de mi fortuna en el alcohol. El tipo era un gran músico y yo, tocando mis tanguitos no sólo me sentía más lejos de casa, sino que me daba la sensación de ser una especie de evangelista que le quería vender sus verdades a los demás. Me cansó eso y le pedí a Juan que me enseñara a tocar canciones de Bolivia esas que se escuchaban ahí, que las cantaba todo el mundo. Me enseñó algunas medio facilongas y ya era veinte porciento más boliviano. Eran lindas canciones y también nos unieron mucho más porque ahora realmente podíamos tocar juntos. La gente que entraba y salía del hotel se nos quedaba mirando y nos escuchaba unos minutos. Eso era alentador. Nos pasamos todo el día tocando y tomando y vi que el trabajo que tenía Juan era ideal.&lt;br /&gt;Estuve mucho con Juan, tocando y tomando, yendo a la casa de sus primas, así que finalmente me enseñó a tocar el charango. No era difícil ya sabiendo algo de guitarra. Toqué y toqué y después me ofreció cambiarme la guitarra que tenía por un charango del mismo precio. Acepté. La guitarra que tenía yo era más bien de poco valor económico y sentimental, así que fuimos juntos a comprar un charango de cuatrocientos bolivianos, ese era más o menos lo que me había salido la guitarra pero en argentina.&lt;br /&gt;Así fue que a la hora de despedirnos, nos abrazamos, nos dimos unas buenas palmadas en la espalda y seguí mi viaje, ahora con una mochila en la espalda, un morral en el cuello y un charango en la mano, con su funda y un cuaderno con canciones bolivianas que Juan me regaló junto con un cd de su banda “Los amores de Domingo”. Seguí viaje para Santa Cruz, ya era hora de conocer al famoso escultor Bustitos, Juan Bustitos.&lt;br /&gt;Llegué a la terminal, cargué mi mochila al micro después de sacar pasaje para Santa Cruz y me subí al último micro de larga distancia por un buen tiempo, ese micro me iba a dejar en el lugar donde tenía que conseguirme algún trabajo para sobrevivir un buen tiempo, ya estaba muy cansado de viajar a decir verdad, había pasado todo el norte argentino, esa parte de Bolivia, pero lo peor es que ya había empezado a viajar, desde antes, mi viaje se remontaba al día en que… al jueves en que yo… pero no, me había prometido dejar el pasado en el pasado y seguir adelante y eso iba a hacer.&lt;br /&gt;Bien terrible fue subir al micro y encontrarme con que otra vez la buena suerte con forma de un olor no tan horrible no me había acompañado. Contuve el aliento y emprendí mi viaje ya resignado a lo asqueroso de esos sucios micros. El viaje duró lo que tenía que durar, el paisaje que vi a lo largo del camino fue realmente hermoso, me dirigía al trópico desde el altiplano y el cambio era notable, en el clima, en la vegetación y hasta en la contextura física de las personas. Estaba entrando en la tierra de los Cambas. En Bolivia hay un odio fervoroso entre dos sectores de su pueblo, los del este, Cambas, con gas, petroleo y mucho dinero… pero sin ser la capital del país; y el oeste… los Coyas, indígenas pobres pero trabajadores, sin gas, sin petroleo, sin trópico y con la altura fría por las noches… se odiaban y se odian y se van a odiar hasta que se termine el mundo.&lt;br /&gt;Al llegar a la terminal me puse a caminar para la casa del escultor y me di cuenta de que era demasiado lejos y de que hacer “dedo” no era lo más seguro por el momento. Me tomé un taxi y me bajé en la casa del escultor… El Buho Blanco se llamaba y era un buho blanco gigante con dos grandes ojos negros su casa. Toqué timbre y me atendieron dos perros con sus buenos ladridos y detrás de ellos apareció un hombre con cara amable, bajito, pero robusto, fuerte y con rulos negros en la cabeza. Juan Bustitos. Me saludó y me invitó a pasar… la situación era muy rara. No nos conocíamos, yo estaba en su casa con mis cosas y a él parecía no importarle mi intensión de usarlo como un bastón para sobrevivir en Bolivia hasta encontrar trabajo.&lt;br /&gt;Nos sentamos en la mesa y me comentó que era un gran amigo de Margot y de mi hermana, que yo tenía un gran parecido a mi hermana y que no cabía duda que también sería parecido en lo personal. Era un tipo muy simpático y había nacido en la selva de los Iungas, según me había contado Margot, un lugar totalmente alejado de toda civilización abitado por indígenas y con el camino más peligroso del mundo, un camino de cornisa terrible, conectándolos con la civilización. Ese pasado lo convertía en una especie de Shaman, un tipo totalmente misterioso y sabio. Igualmente podía ser tomado por eso con solo darle una mirada a su casa. Todo estaba esculpido, desde la escalera, con ramas de árboles barnizadas y talladas, hasta la alacena de madera que tenía insectos gigantes tallados y caras o caretas indias también talladas. En el jardín que tendría unos trescientos metros cuadrados estaban sus últimas esculturas en exposición. Se trataba de dos caballos de metal fundido, hechos con piezas de autos y camiones y un toro muy grande partido a la mitad, con un espacio de veinte centímetros entre las dos mitades, también hecho de acero con fierros, tuercas y ese tipo de cosas. Había otras cosas en el jardín pero esas eran las más llamativas.&lt;br /&gt;Charlamos largo y tendido y sin preguntarme nada me pidió que lo acompañara y después de salir de su casa y de caminar unas cuadras me invitó a comer a un lugar delicioso que quedaba ahí cerca. Tomamos unas sopas de pollo muy sabrosas y comimos unas Salteñas muy, pero muy ricas. Al terminar se levantó y pagó todo él, sin preguntar, sin nada. Yo le dije que lo menos que podía hacer era invitarlo y me puse pesado para que aceptara mi invitación, pero fue inútil.&lt;br /&gt;Por la noche tomamos Singani y recibimos visitas de unos guitarreros. Cantamos y tocamos y yo, por fin, pude demostrar mis pobres, pero seguras habilidades con el charango. Nos reímos toda la noche… eran personajes muy cómicos y alegres. No dejaban de tomar ni de comer. Después de tomar unos shot´s de Singani Juan sirvió pan con unos tomates, como si fueran tomates o morrones. Agarró un pan, lo cortó en dos, tomó un pimiento, se lo puso y se lo comió de un bocado. Yo quise imitarlo, tenía mucha hambre, al llevármelo a la boca vi que los tres me estaban mirando… tarde me di cuenta de que me estaba comiendo un picante terrible, totalmente terrible y picante, me dejó la cara roja, me lloraban los ojos y la lengua dormida. Se morían de risa por mi desesperación.&lt;br /&gt;-Toma más Singani que se te va a pasar el picor, pués.-me dijo Juan. Me tomé dos shot´s seguidos y encima de no sentir ese gusto a perfume me agarró un disturbio general en la panza. Como si fuera a vomitar pero no tanto, como un pinchazo agudo y un burbujeo que podría asustar a cualquier glotón panza con panza de hierro como yo.&lt;br /&gt;Me hicieron recostar y se me fue pasando todo. En cinco minutos volví a la acción.&lt;br /&gt;-Qué susto amigo, eh. Ya pensaba que te nos ibas, y en tu primer día de visita, pués.&lt;br /&gt;-No se preocupe Juan que vengo entrenando en las artes del Singani, lo que pasa es que en las artes de lo picante soy medio nuevo.&lt;br /&gt;-Jajaja, ya lo creo que eras nuevo, pero no te preocupes.&lt;br /&gt;-Sí.-agregó uno de los guitarreros.-Ahorita, después de haber soportado todo eso verás que puedes comer cualquier picante que te ofrezcan y ya verás qué ricos son, pués.&lt;br /&gt;Dicho y hecho, los días siguientes me la pasé comiendo picantes y ninguno me causó más que un placer absoluto. Me habían dado el peor picante de Bolivia y crudo… lo que venía después de eso era nada. Ya era un macho en los picantes y en el Singani.&lt;br /&gt;La noche terminó y yo me pude despedir de todo el mundo. Estaban algo asombrados, a decir verdad ellos esperaban verme tirado en el piso, todo borracho y vomitado. No fue así, estaba quebrado, sí, como ellos… pero no había perdido el juicio.&lt;br /&gt;Cuando se fueron nos quedamos con Juan tomando más y ya si que no puedo contar qué mierda pasó porque caí muerto al instante y Juan se quedó cantando unas canciones solo. Cuando me levanté lo vi a Juan trabajando y resulta que se había levantado a las siete. No me había mentido Margot con lo de Juan, si que era un laburador el tipo este.&lt;br /&gt;Ya ese día le pregunté por algún lugar donde pudiera yo trabajar, al menos por uno o dos meses, le dije que no importaba si se cobraba poco, yo quería trabajar. Me enseñó a usar la sierra y nos fuimos en camioneta a cortar árboles y cargarlos en la parte de atrás. Él usaba esos troncos gigantes para hacer sus esculturas. Trabajaba de forma independiente y por encargo… era muy conocido y una figura excesivamente respetada por la zona en la que estaba su casa. Todas las semanas invitaba a muchas, pero muchas personas a ver películas en la tele gigante que tenía… o para que fueran a ver sus obras y preparaba comida como para un regimiento. Era un hombre muy especial este Bustitos y no de esos que les interesa parecer buenos. Más bien lo hacía porque tenía en la cabeza un barrio sin robos, donde todos se llevaran bien y donde la gente estuviera más que nada sonriente por una cuestión de humor personal. Quería que los chicos aprendieran cosas de arte para que la comunidad artística se expandiera y todo eso lo tenía en la cabeza como una heroína, como algo perfecto que podía hacerse.&lt;br /&gt;Bien, pasaron algunas semanas y la convivencia se demostró como natural y buena. Yo me mostraba muy respetuoso y él lo sabía apreciar, era una buena persona para convivir. Yo ya lo había puesto al día de todo, es decir de toda mi vida, sí, rompí el acuerdo que había hecho conmigo mismo y le conté lo que me había llevado a viajar y cómo es que sentía que ya había empezado a viajar desde hacía rato. Sí que se lo conté todo, todito y no pudo haber sido mejor oyente ni mejor persona para contarle eso.&lt;br /&gt;-Sancho: ¿usted fue a la selva, la conoce?&lt;br /&gt;-No Juan, nunca fui a ninguna selva, yo soy bicho de ciudad.&lt;br /&gt;-Pero cómo nunca, yo lo voy a llevar, pués y le va a parecer lo que le parezca pero vamos a hacer el rito para que podamos hablar con el médico de la selva.&lt;br /&gt;-¿El médico de la selva?- me imaginaba que se trataba de una especie de Shaman o algo así. Pero el rito y de qué se iba a tratar no tenía ni idea.&lt;br /&gt;-No creo que sirva para recordar, pero a veces hay personas muy influyentes, quizá por su forma de decir las cosas… podría ayudarte… a mí siempre me ha ayudado.&lt;br /&gt;-Bueno y de qué se trata el rito.&lt;br /&gt;-Eso se verá en su momento, ahora hay que sacar el Singani y las cartas y el que pierde lava los platitos, pués, espero que te toque la misma suerte de anoche.-Se río sólo para burlarse de mi incapacidad de ganar a las cartas. En general nunca le ganaba a nadie.&lt;br /&gt;Así que el tipo este me decía que íbamos a ir a la selva a hacer no se qué mierda y ver a un médico de la selva… no lo podía creer, simplemente pensaba que estaba por despertar todo el tiempo… mi vida había dado un giro tan grande y estaba tan lejos que no podía ni pensar en eso… pero por otro lado estaba como totalmente adaptado a la vida cotidiana del momento y con el trabajito ese no tenía tanto tiempo para pensar, ni para extrañar… pero cuando llegaba la noche y estaba por tomarme unos Singanis me acordaba de todo, de mi casa, de mis amigos de las mujeres, en especial de mi enamorada a la que le escribía de vez en cuando cartas de un enamorado.&lt;br /&gt;Pasaron unos días y el fin de semana llegó, claro, eso para nosotros no significaba nada porque trabajábamos todo el tiempo, pero teníamos que ir el sábado para poder encontrar a este personaje, yo todavía me mostraba un poco desconfiado, no creía mucho en lo que decía, Juan era muy de hacer bromas y no me parecía raro el hecho de sí, ir a la selva pero encontrarme con un médico de guardapolvo blanco y un termómetro en la mano.&lt;br /&gt;Salimos el sábado a la mañana y nos llevó casi medio día llegar a la selva, no se realmente por donde fuimos ni por donde entramos, sé que era la selva de los Iungas, (tampoco sé realmente si se escribe así). La selva en donde había nacido Juan.&lt;br /&gt;Estuve todo el tiempo pensando, pero abstraído, como pensando todo a la vez, sin mover mi cuerpo ni tener conciencia de no estarlo moviendo, de estar en una especie de transe por un plazo de tiempo que no pude registrar. Fue un viaje que duró no sé cuanto porque estuve así. Juan dijo que debíamos haber viajado más o menos medio día, pero a decir verdad él también estuvo así. No sé porque habrá sido, pero él también se quedó como tildado. Yo no sé realmente qué nos pasó, pero eso fue una preparación mental que hicimos. Naturalmente nos preparamos, yo no había ido nunca a la selva pero claro que sí a otros lugares y me imaginaba muy bien cómo debía ser este lugar. También me tenía preocupado dónde íbamos a dormir, porque imaginaba también que no sería en una casa. Quizá todos estos temas son los que me hicieron pensar tanto y descolgarme durante el viaje. No lo sé todavía.&lt;br /&gt;Bueno, en fin, la cosa es que llegamos y todo se fue haciendo más jodido y alejado de la civilización, no fue cruzar una pared de vegetación y decir… “uy…llegamos a la selva”. No… fue más bien ir con la camioneta hasta un lugar en el que era casi demasiado probable chocar y morir, un camino terrible en el que estuve a punto de vomitar y perder la razón… seguir y seguir más y detenerse a mirar la vista hermosa y exótica que nos había proporcionado el camino más peligroso del mundo.&lt;br /&gt;Llegamos a un lugar medio incierto y ya estaba por oscurecer. Yo lo seguía a Juan que caminaba taciturno y algo misterioso. Ya no sabía bien quién era él, ni quién era yo ni cuál era mi objetivo, este era sin duda un pico del viaje en el que las cosas habían llegado a un claro de locura y rareza…&lt;br /&gt;Ya era de noche, Juan se dio vuelta, estaba muy serio, parecía preocupado, nunca lo había visto preocupado. Estábamos buscando una casa o una choza o un lugar que él conocía, pero al que no iba hacía ya ocho años. Todo podría haber pasado, caminábamos por entre una vegetación muy espesa, muy molesta, Juan estaba cansado y algo abrumado, no encontraba el lugar y estaba seguro de que había dejado de existir. La camioneta se había quedado en un lugar ya lejano y todo se mostraba desesperanzador. Llegamos a una pampita, un espacio abierto en la vegetación, como un jardín natural… casi corro para entrar, pero Juan me detuvo y me dijo que en esos espacios siempre estaban listos los predadores para atacar a sus presas y era pura verdad. Al instante recordé que, por ejemplo, el puma caza en las partes alejadas, pero abiertas del monte, lo había leído en un letrero de un parque nacional. En fin, estaba con el seño fruncido en un lugar donde había que preocuparse por que no te comiera un puma o peor, una pantera, claro, “qué lindas las hijas de puta, pero que no se me aparezca una acá por que me cago encima”, pensaba desconsolado.&lt;br /&gt;Lo único consolador era que todavía y por más angosto que se había tornado, el sendero seguía. Eso era lo único que se salvaba de la locura. Dábamos vueltas, aparecíamos en lugares altos de los que se veía el sol ya desaparecido, pero con el cielo visible y claro, y nada a lo lejos, nada, ninguna casa ningún nada por muchos kilómetros. Al estar ahí Juan se ubicó y fuimos para otra dirección, caminamos unos quince minutos y llegamos a una cueva. Sí, una puta cueva… “qué carajo, a quién vamos a ver”… pensaba en la cueva y en qué clase de submundo habría al entrar, y claro, en quién mierda tiene el moño tan chiflado como para vivir en una cueva.&lt;br /&gt;La cuestión es que la luz era escasa pero se veía una silueta humana y unos ojos blancos, también una sonrisa de dientes grandes se dejaba ver. Nos sentamos sin hablar y el médico nos ofreció una vasija a Juan y una a mí con un líquido muy amargo y algo espeso, tibio y con pedazos grandes de cosas flotando, pero todas naturales. Muy raro. Ya me lo había venido venir. Lo tomé callado porque claro que Juan también lo hizo y vomité todo al instante, fue casi como un acto reflejo. Devolví todo, me arrastré y empecé a ver las cosas muy, pero muy raras.&lt;br /&gt;Primero me volví algo loco, pero después de unos momentos me calmé… no sé si será correcta la palabra, digamos que me ubiqué en un lugar sin estar tan desesperado. Lo segundo que hice fue entender algo, y de esto no me voy a olvidar nunca porque de una forma muy parecida lo sigo creyendo… las cosas estaban vivas y tenían otros valores. Es cierto, entendí en un segundo algo: no era lo único que estaba vivo ni lo único que podía emitir algo, no, todo lo demás también tenía una energía que se sentía, realmente. Hasta el río que habíamos cruzado se reveló como un animal gigante y totalmente nuevo y exótico para mí, nunca había visto a un río como un animal, pero claro, estaba clarísimo, era un animal, sí que lo era. No tenía ojos ni pies y si los tenía yo no se los podía ver, pero estaba claro que era como yo y como los demás animales, tenía vida… peces dentro y moscas y bichos por sobre él, por otro lado nunca iba a dejar de andar, como todos los vivos, no se detienen nunca, el tiempo pasa a través de todos y también se manifiesta en todos … lo mismo el río, pensaba, es el tiempo.&lt;br /&gt;En tercer lugar me vi como uno más, era un animal salvaje como los que me rodeaban, porque en cuarto lugar, estaba en cuclillas y podía ver a todos lo animales que me rodeaban y no eran pocos ni todos eran amigables. Resulta entonces que podía ver a muchos animales sueltos y hasta comunicarme con algunos.&lt;br /&gt;Pero volviendo al tercer punto, sí, me sentía un animal, parte de algo, como un árbol, o una ardilla. Y esa conexión era muy fuerte.&lt;br /&gt;Me atemoricé un montón cuando vi que mi salida al exterior no estaba por llegar, sino que ya estaba en el medio de la selva y ni mierda estaba ubicado. Lo mejor: no sentía necesario estar ubicado, no me parecía importante… caminaba con el torso inclinado como si estuviera por cazar algo cuando me crucé con otra persona y me quedé duro. Estaba en cuero por lo que se veía… era morocho y bajito, pero se mostraba como alguien seguro de sí y muy fuerte. Decidí no atacarlo, lo miré fijo para que no pensara que yo tenía miedo, pero la verdad me estaba atemorizando. Sonó un ruido proveniente de un árbol y cuando miré para arriba y volví a mirarlo ya no estaba. Se había ido en un segundo. En ese momento tuve la impresión de que me estaban vigilando, alguien me seguía y me vigilaba. Me puse alerta y seguí mi caminata.&lt;br /&gt;De pronto oscureció realmente y la luz de la luna mostraba poco al principio, pero después mostró todo, y de otro color… una verdad algo estúpida pero en ese momento absoluta: las cosas eran diferentes por la noche, de otro color… claro que no eran de ningún color, pero en ese momento pensé que el día y la noche ponían al mundo de otro valor, como si fueran momentos de ver las cosas de otra forma y manejarse de otra forma, claro.&lt;br /&gt;Fue como volver a nacer, pero no como ser chico de nuevo, sino como entender una máxima y empezar los razonamientos que la sostienen. Muy loco, muy experimental iba caminando y oliendo todo, porque las cosas olían a sus nombres. Es una locura contar estas cosas, parece que el relato se volvió muy básico y obvio, pero realmente yo reparaba en el olor de las cosas, porque me había vuelto muy básico, como ir caminando por la calle y oler las cosas para informarse. Olí una meada de algo que me puso en guardia y después volví a olerla y retrocedí y cambié mi rumbo… y eso me llamó tanto la atención… era como si ya no pensara, por otro lugar, era como actuar sin reflexionar en nada. Todo esto lo pude hacer después, cuando me caían imágenes de la mente y yo las unía con lo que me había pasado y por los lugares en los que había estado.&lt;br /&gt;No recuerdo mucho más, pero el médico me habló un momento y yo asentí con la cabeza. Me dijo que a nadie le iba a poder decir lo que él me iba a contar, que era sólo para mí. Después me dijo con una voz que cambiaba de intensidad un montón de cosas y emitió un montón de sonidos que no voy a repetir, claro, y después no sé.&lt;br /&gt;Me ví caminando de día y descubrí o tuve fe en que era la mañana siguiente, el sol era de mañana al menos, pero no sé si de la mañana siguiente. Bueno la cuestión era que caminaba con un palo en la mano con el que me ayudaba a abrirme camino, los bichos que antes me acosaban ya no me molestaban más y con Juan estábamos como unidos por el silencio, no sé como explicarlo, hay muchas, quizá casi todo lo que me pasó ahí no puedo explicarlo, al menos como lo viví, pero hay algo que es seguro, fue muy fuerte.&lt;br /&gt;Volvimos a la casa de Juan y nos pusimos a trabajar, yo cortaba con la sierra troncos de la forma que Juan me indicaba y compraba cosas. Escribía en mis ratos libres. La verdad es que era como ser algo y no estar sufriendo… tampoco sé muy bien cómo explicar esto… Se dirá que este narrador es un pesado, que se volvió un místico… No sé qué mierdas se dirán pero tampoco importa. El tiempo y lo que hacía ya no estaba respaldado por una angustia que iba y venía, como cuando vivía en la ciudad. Era más pacífico y con otro sentido, como si no hubiera tiempo ya para andar pensando en ciertas cosas o como si esas cosas ya no tuvieran valor.&lt;br /&gt;Después de unos meses, quizá cuatro, de estar viviendo en Bolivia con Juan me agarraron las ganas de ir de visita a Buenos Aires. Yo me escribía con mis amigos de vez en cuando, ellos sabían de mi existencia y yo de la de ellos. Hablé con Juan ese tema de la visita a Buenos Aires y le pareció buena idea.&lt;br /&gt;Yo sabía lo que tenía que hacer, teníamos que volver a hacer este viaje pero con Alex, los dos estar ahí un mes con Juan y después seguir solos, no como yo. Tenía que convencerlo a él, los demás no iban a querer arrancar, no iban a animarse o no les iba a interesar, pero a Alex sí, sólo tenía que convencerlo.&lt;br /&gt;En eso de viajar hay algo un tanto terrible. Es que cuanto uno más viaja y más conoce más deja de lado su nido y más aprende a vivir sin él. Es cierto que se aprende a valorar lo que uno dejó en su lugar, pero también es cierto que al abandonar todo lo que uno fue construyendo se empieza a sentir algo vacío y triste… por las noches, cuando había un silencio hasta en los bichos… yo salía al jardín y pensaba en la cantidad de micros, olores y kilómetros que me separaban de Buenos Aires, pensaba que no existía lugar que se le comparase y pensaba en volver.&lt;br /&gt;Armé mi pequeño bolso, agarré mi morral y mi charango y le di un gran abrazo a Juan, le dije que iba a volver, que le tenía que presentar a un amigo y que después iba a seguir viaje con él y no nos íbamos a ver en mucho, pero mucho tiempo. Me fui a buscar un taxi rápido, porque esos regresos se hacen rápido y en el momento de más ganas por volver, sino se dilatan mucho.&lt;br /&gt;Me vi cargado de nuevo y me pareció ayer el día en el que recorría el norte argentino y buscaba amistades para no estar tan solo, me acordé de la chica de Purmamarca y quise verla, me agarró la gran nostalgia del viajero que vuelve después de mucho tiempo y quise llorar de la emoción.&lt;br /&gt; Pensaba en que mi amigo Maro tenía que ver todo lo que vi yo, pensaba en que teníamos que hacer el viaje y la historia del médico juntos, pensaba en que tenía que venir y pensaba en la morocha de Purmamarca, aunque ni me imaginaba de lo que iba a pasar entre nosotros dos.&lt;br /&gt;Estaba ya muy cansado de viajar, era de noche y se podían ver miles de estrellas en el cielo, y el camino abajo que las recibía siempre, blanco por la luna y yo en el medio de todo eso… Una calma en forma de sueño me fue arrastrando,  fui cayendo de a poco  y de a poco fui escuchando que algo latía en el aire. Me quedaba quieto y callado y aparecía, no era mi cuerpo, estaba por fuera. Y cada vez más, y más, como un reloj que marcaba el tiempo… como un tambor, sí, como un tambor que se escuchaba desde las montañas que íbamos pasando, desde adentro de la selva… y ahí estaba, sonando como una despedida. Ya me veía en el micro o haciendo dedo, casi sin dinero dirigiéndome a Bolivia, a Perú… al centro de Sur América, al corazón de Sur América. Y era eso lo que escuchaba latir, el corazón de América. Nos estaba esperando, me estaba marcando el tiempo de regreso… y de pronto y sin recordarlo… caí en el sueño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31366526-115333725489173927?l=franciscogiarcov.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/feeds/115333725489173927/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=31366526&amp;postID=115333725489173927' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333725489173927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/31366526/posts/default/115333725489173927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://franciscogiarcov.blogspot.com/2006/07/bolivia.html' title='Bolivia'/><author><name>Franco Giraldes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07709732845305100861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry></feed>
